18 noviembre 2007

Malas compañías

Dos veces Benazir Bhutto ha sido elegida primera ministra de Pakistán. Y dos veces fue expulsada del cargo acusada de corrupción. Ahora, no hay dos sin tres, quiere volver al poder y ¿quién sabe? igual hasta lo consigue.

Si uno atiende de pasada a las noticias, parece que en Pakistán hay un gobernante autoritario que está axfisiando a su población y una valiente líder opositora que ha regresado de su exilio para derrocar al tirano y restaurar la democracia en el país. Las cosas no son tan sencillas.

La primera parte de esta suposición es bastante acertada. En 1999 Musharraf dio un golpe de Estado y comenzó a poner firme al país. Tras el 11 S, se convirtió en un valioso aliado para las potencias occidentales y, especialmente, para Estados Unidos. Era el único país de la zona con el que se podía contar. Franklin Delano Roosvelt dijo de Somoza (otra perla): "Puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Pues eso.


Musharraf nunca ha sido muy demócrata, los derechos humanos y civiles eran leyendas urbanas; prometió aliviar la pobreza de los ciudadanos, pero sólo consiguió agudizar la crisis económica y elevar la inflación; prometió acabar con la corrupción, pero su administración es igual o más corrupta que las anteriores (según una encuesta realizada a ciudadanos del país).

Quizá lo único que ha hecho “bien” es intentar desterrar el fundamentalismo islámico, algo que le ha valido el apoyo de la administración Bush durante demasiado tiempo. Pero no se lucha contra el fanatismo con armas de fuego, sino con educación, mejoras económicas y paciencia, mucha paciencia. El pasado julio fuimos testigos de una masacre en la Mezquita Roja: murieron alrededor de 300 personas, la mayor parte estudiantes. ¿Qué consiguió? Una oleada de atentados que no tiene pintas de detenerse.

En cuanto a la “valiente líder opositora”, no me da ninguna garantía. Antes de volver a pisar Pakistán arregló un acuerdo con Musharraf por el cual ella le apoyaba si levantaba todos los cargos de corrupción. Musharraf accedió, un poco de legitimidad interacional no le vendría mal.

Hay otro líder opositor que también ha intentado volver al país, el ex primer ministro Nawaz Sharif, pero sólo pisó tierra pakistaní durante dos horas y media. En el aeropuerto le esperaban todo tipo de fuerzas de seguridad y tras una negociación entre sus abogados y los enviados gubernamentales subió de nuevo al avión. El Tibunal de Cuentas lo acusaba de corrupción y malversación; antes de volver a la cárcel, despegó hacia Arabia Saudí. Imagino que Nawaz Sharif no quiso firmar el pacto que Bhutto había firmado.


Ahora la ex primer ministra es presentada como una heroína: pronuncia discursos ante las cámaras internacionales, firma artículos que aparecen en periódicos europeos (El País), y, para colmo, ha sido varias veces puesta bajo arresto domiciliario para que no dirija las manifestaciones de repulsa a Musharraf.

Pero otra forma de ver el asunto es que Bhutto ha aprovechado la crisis de Musharraf para tomar el poder, que los arrestos domiciliarios estánpreparados, y, sobre todo, que el pacto con el presidente hace un mes anula toda su credibilidad. ¿Qué ha cambiado desde entonces para oponerse ahora a Musharraf? Que éste ha caído en desgracia. Y como un ave carroñera, ahora pide la vez para comerse sus despojos.

Ahora el general Musharraf tiene a todo el mundo en su contra: la comunidad internacional, Estados Unidos, Benazir Bhutto, los ciudadanos, incluso Al Qaeda le ha declarado la guerra. No pinta nada bien la cosa, no hay una solución fácil.

La vuelta de Bhutto al poder sólo puede traer caos (los extremistas le dieron la bienvenida con 140 muertos) y corrupción (¿alguien cree que se ha enmendado?).

La continuación de Musharraf en el poder es inviable.

Una intervención de Estados Unidos sería una medida que yo aplaudiría: ¿no dicen que invaden países para instaurar la democracia? que lo hagan por una vez.

Un nuevo Afganistán es posible, pero nada deseable. Un Pakistán gobernado por talibanes de seguda generación, hijos de los que asolaron Afganistán, que ya saben cuál es la actitud de Estados Unidos y cómo se le puede herir.

Al fin y al cabo, recordemos que Pakistán tiene la bomba atómica (ese pique tonto que se lleva con su vecina India). Según Bush, si Irán cosigue la bomba, se puee producir la Tercera Guerra Mundial. En mi opinión, si Al Qaeda se hace con Pakistán y decide pulsar el famoso botón rojo, entonces sí que comenzará la Tercera Guerra Mundial.

Ironías de la Historia: tras década de guerra entre las grandes potencias, el mundo puede depender de un país que ni siquiera sabemos ubicar bien en el mapa.

Y todo por defender a un hijo de puta.

2 comentarios:

Apostillas literarias dijo...

Además, hay algo que no se ya ni que me da: si risa o furia. Risa para no caer en un gran enojo que no lograría nada, y furia porque es increible el cinismo: Dice Bush, que si Irán cosigue la bomba se puede producir la Tercera Guerra Mundial. O sea: sólo EEUU puede tener la bomba y todo lo que le de la gana, como no hacer caso a liberar a Cuba del embargo a pesar de los 186 votos a favor, lo que se diga en la ONU le vale un comino, entre otras cosas que igual le importan: nada (como contaminar, como... decenas de etc.). El desea llevar esa democracia muy a su particular estilo, a cualquier país que tenga petroleo o que sea un país que le sirva para llegar a otro que tenga petroleo. Que bello él.

Anónimo dijo...

vos ¿no contestás? se decí 'gracias' por el coment.