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10 marzo 2010

Joan Baez: autobombo

La primera vez que escuché una canción de Joan Baez fue en 1996. Por entonces Antena 3 emitía un show llamado Lluvia de estrellas, en el que ciudadanos de a pie interpretaban temas de sus cantantes favoritos. No era, ni mucho menos, un programa de mi agrado, pero por entonces no existía Internet y uno se tragaba lo que había.

En aquella ocasión, una chica joven interpretó El preso número 9. Yo me quedé fascinado y pregunté a mi madre de quién era aquella canción. Su nombre, como a tantos otros, me dejó confuso: ¿Joan era una chica? Creo recordar que la concursante llegó a la final y repitió la canción. Era bellísima (aunque hoy suena muy políticamente incorrecta).



Poco tiempo después, tuve la oportunidad de escuchar a la propia Joan Baez en una de sus míticas interpretaciones. Por entonces asistía a clases de inglés en una academia y la profesora nos hacía escuchar canciones de cuando en cuando. Nos daba un papel con fragmentos de la letra y teníamos que completarla.

Aquella canción era Blowin' in the wind.



Pedí prestada la cinta -algo que no estaba muy permitido, pero me la pasaron a condición de que no dijera nada a mis compañeros- y la escuché en el salón de mi casa una y otra vez. Por entonces pensaba que era un tema propio, y el nombre de Bob Dylan me era totalmente desconocido. En ocasiones me parece increíble que algunos compañeros de viaje -en términos de cultura- no hayan estado siempre ahí; y al mismo tiempo me resulta entrañable recordar cómo los descubrí.

Aquel año, por mi cumpleaños, pedí un disco suyo. Me lo regaló una amiga de mi madre, y fue un fracaso absoluto. La chica que cantaba en Lluvia de estrellas era rubia y la mujer que aparecía en la portada tenía el pelo oscuro. Ante la asombrada dependienta de El Corte Inglés, lo devolví diciendo: "Ésta no es Joan Baez".

El orden de los siguientes discos es confuso. Sé que, de tanto escucharla, destrocé una cinta de cassette de un concierto de 1980. Sé que un amigo me prestó un recopilatorio; lo grabé y acumuló polvo hasta que descubrí que merecía la pena. Sé que la madre de una amiga me grabó una cinta con show en Italia y otro en Japón (escuchar Blowin' in the wind en japonés es bastante curioso). Sé que me compré un doble recopilatorio donde mezclaban temas en estudio y en directo, que leí el folleto hasta casi aprendérmelo de memoria, que aprendí mucho inglés a base de escuchar las canciones y transcribirlas, que gracias a ellas descubrí quiénes eran Sacco y Vanzetti y vislumbré el horror de Camboya...

Aquel verano fui a Inglaterra. Durante 3 semanas residí en un pueblito de Cornualles, en casa de una pareja de abuelos con el acento más cerrado del país. Un día me llevaron a Portsmouth, una ciudad cercana. Allí tuve la oportunidad de comprar un álbum grabado en directo en Bilbao. Sigue siendo uno de mis discos preferidos.

Pasan los años y crecen los discos en mi estantería. Los originales, los comprados en Amazon, los piratas bajados de internet, los DVD's. Pero en un momento dado, el folk y los cantautores dejan paso al jazz y a eso que llaman rock-pop alternativo (que va desde Sigur Ros a Walkabouts o Wilco). Joan Baez es un recuerdo de tiempos pasados. No escucho sus nuevos discos, no sigo su web, y los CD's de mi estantería van mudando de lugar, hasta acabar en los rincones más invisibles.

Pero a finales de 2009, en un repaso casual a las webs de algunos artistas, descubro que Joan Baez da un concierto en Barcelona. Sin pensarlo, compro 2 de las entradas más baratas: segundo piso, visibilidad nula (las de platea cuestan 70 euros, si no recuerdo mal)

Una confusión en las fechas impide ir a al concierto a un amigo que vive en Barcelona (un cantante lírico a quien he torturado tanto con sus canciones, que ha llegado a gustarle) y convenzo a @cristinapg para que me acompañe. La chica no ha escuchado a Joan Baez en su vida, pero se anima a la aventura. AVE, paseo, café en el Palau de la Música (precioso lugar, por cierto) y, por fin, empieza el concierto.

Aunque ver a Joan Baez, la vi poco.

Me explico. Estoy acostumbrado a comprar las entradas más baratas y, gracias a la inexistencia de ascensores o lugares reservados para sillas de ruedas, ponerme en asientos de calidad. Me ha ocurrido en Zaragoza, Madrid, Londres... Pero el Palau tiene ascensor para subir hasta mi butaca (insisto, de visibilidad nula).

Durante una hora, pude escuchar la la maravillosa voz de Joan Baez. Una voz envejecida, más grave, más cálida. La mujer tiene 69 años pero sigue con fuerzas para cantar un tema a capella, mientras pasea por el escenario. Logré convencer a uno de los acomodadores para ponerme de pie un par de filas más abajo y así ver algo. El final del concierto fue muy emocionante. Gracias a la vida, Blowin' in thewind, Here's to you... El mismo final de aquella gira de 1980. Un final perfecto.

A la salida, como no podía ser de otra forma, tocaba esperar a que saliera. Rodeado de un puñado de frikis nostálgicos, y bajo la atenta mirada de mi compañera (cansada después de un día agotador), mantenía la esperanza de conseguir una fotografía.

La lluvia y el reloj me hicieron desistir, a pesar de que un miembro de su banda me había asegurado que la cantante iba a salir por la puerta donde estaba apostado. Pero el azar se puso de mi lado: la cooperativa de taxis adaptados estaba cerrada. Y justo cuando, resignados, íbamos a volver a casa a pie, encontramos un taxista que prometió venir a buscarnos al cabo de media hora.

¿Y qué mejor forma de esperar que en la salida de artistas del Palau?

Al volver, los frikis se arremolinaban ante Joan Baez. Muy sonriente, repetía Thank you a cada minuto. Estrechó manos, dio abrazos y posó para las fotografías.

Raul Baez

Ya podía dormir tranquilo.

Por cierto, si alguien quiere escuchar algo de ella, aquí puede hacerlo.

10 enero 2010

La lengua de Hitler (y de Goethe)

Recupero aquí un post escrito en 2007. Porque me apetece. Porque llevo días escuchando canciones en alemán y quiero que otros disfruten de ellas.

Camino de su muerte en un campo de concentración, un personaje de Vida y destino piensa, “La lengua de Goethe sonaba horrible en medio de la noche en las estaciones rusas”.

Durante varios años estudié alemán, un idioma que adoro. Para mí es mucho más interesante que el inglés y, aquí viene las discusiones, suena mejor que el inmerecidamente afamado francés. Es más interesante que la lingua franca actual por el sencillo motivo de que el alemán es un idioma más complejo en su sintaxis y preciso en su léxico; si bien cuesta más aprenderlo, la satisfacción al pronunciar una frase o leer un texto es mayor que hacerlo en inglés.

La razón de que a mí me suene mejor que el francés es una simple cuestión de gustos (o de genes). Hay una teoría que viene a decir que, en temas de idiomas, hay gente “del sur” y gente “del norte” (seguramente existirán términos más científicos). Es decir, que hay quienes prefieren el francés, italiano o catalán (y tienen facilidad para aprenderlos), y quienes se decantan por el inglés y el alemán (y a veces el ruso). Esto es muy fácil de comprobar en cualquier escuela de idiomas. Yo soy “del norte”.

Existe la impresión de que el alemán es un idioma feo y rudo. Los comentarios usuales son del tipo “parece que están insultando”, “las palabras son como gritos y órdenes”. Siempre he pensado que la culpa de esta impresión, para mí errónea, la tiene el nazismo (y, en menor medida, Hollywood). A un nivel superficial, la asociación “alemán” y “Hitler” es inmediata; pocos piensan que es la lengua de Goethe, de Günter Grass, de Wagner o Beethoven. La secuencia ilógica es: el alemán era la lengua que hablaban los nazis; los nazis insultaban y daban órdenes; el alemán sirve, primordialmente para insultar y dar órdenes; y a eso suena.

Por supuesto, pocas personas han escuchado hablar a un nazi de verdad, si acaso algún breve fragmento de un discurso de Hitler. La mayoría escuchamos hablar alemán por primera vez en una película sobre la II Guerra Mundial producida en Estados Unidos. Así, parte de la culpa de este germanofobia debe recaer en Hollywood.

En 1939 había dos países fascistas, pero nadie recuerda a Italia, y el italiano es un idioma “musical”. ¿La razón? El menor número de películas en que los “malos” eran los italianos (incluso en una película sobre el fascimo en Italia, La vida es bella, los “malos” siguen siendo los alemanes).

Invito aquí a escuchar varios vídeos en alemán. El primero es un fragmento de El triunfo de la voluntad, la película en la que que Leni Riefenstahl glorifica al partido nazi.



El segundo vídeo lleva por título Wozu sind Kriege da; en español, “Para qué sirven las guerras” (da una idea de su mensaje).



Los mismos que quisieron glorificar a Alemania destruyeron la reputación de su lengua.

27 noviembre 2009

Concierto de Sabina: elige tu versión

¿Está Joaquín Sabina en su mejor momento creativo? No.
¿Es Vinagre y rosas un buen álbum? Tampoco.
¿Su banda suena igual de sólida que siempre? Ni hablar.
¿Y qué hay de su voz? Duele al oído.

Y sin embargo...


Opción A

Cantar y bailar Princesa o 19 días y 500 noches resucitan a un muerto. El público está absolutamente entregado y la banda, con García de Diego y Pancho Varona al frente suena estupenda. Las nuevas canciones suenan mejor en directo. La versión del poema Lo peor del amor, titulada aquí Agua pasada, no envidia nada a las canciones de desamor de los 90.

En escena, Sabina sigue tan sarcástico como siempre y la edad no afecta demasiado a la voz; cuando susurra, la piel se eriza, cuando grita a todo pulmón, la sala vibra con los saltos del público.

Algo más de dos horas de novedades y joyas de siempre, y a casa con una sonrisa en los labios.



Opción B


Y sin embargo, nada. Por mucho que nos empeñemos, el de ayer fue un concierto estándar. Nada que ver con su gira del 19 días o la de los pájaros.

Sabina saca disco -porque se lo pedía el corazón, no la discográfica, dijo ayer- y tiene que sacarlo a pasear. Pero es consciente de que no vale el plástico en el que está envuelto, y que el público paga 50 euros por escuchar Ruido, no canciones sobre viudas y partes meteorológicos.

Así que se ve obligado a intercalar canciones “de toda la vida”. Pero lo que se hace por obligación no suele salir bien. Excepto Calle melancolía, el resto suena igual que siempre. No es necesario que se transforme en Bob Dylan -que desfigura sus canciones en el escenario- pero sería de agradecer algo de imaginación. Sabina canta, el público corea, luego aplaude (la ovación tras Y sin embargo duró 3 minutos) y todos felices.

O no tanto.

A la salida se podía oír un comentario repetido: ha estado bien, pero. Ha estado bien, pero faltaba Olga Roman. Ha estado bien, pero el sonido estaba saturado y cuando a veces no se entendía. Ha estado bien, pero nada nuevo. Ha estado bien, pero el final...

Ay, el final. Lo suyo hubiera sido una tanda de bises. Volver a escena y cantar Ruido o La canción del pirata o...

Pero, como me confesó un técnico de sonido. Eso depende del día. Y ayer no estaba de humor



Repertorio
  • "Tiramisú de Limón"
  • "Viudita de Clicquot"
  • "Parte meteorológico"
  • "Medias negras"
  • "Aves de paso".
  • "Que se llama soledad"
  • "Agua pasada"
  • "Siete crisantemos"
  • "Por el bulevar de los sueños rotos"
  • "Llueve sobre mojado" (con Jaime Arsua)
  • "Donde habita el olvido" (Pancho Varona)
  • "Como un dolor de muelas" Mara)
  • "Y Sin Embargo"
  • "Cristales de Bohemia"
  • "Una canción para la Magdalena"
  • "Peces de ciudad",
  • "Cerrado por derribo"
  • "Embustera"
  • "Calle melancolía"
  • "19 días y 500 noches”
  • "Princesa".
  • "Amor se llama el juego" (Antonio García de Diego)
  • "Vinagre y rosas"
  • "Noche de bodas / Y nos dieron las 10"

18 noviembre 2009

Loquillo: 30 años

Loquillo es uno de los pocos artistas que me han acompañado a lo largo de los años. Comencé a escucharlo en 1994, con su disco La vida por delante. Por entonces apenas sabía que existía y si le di una oportunidad fue porque interpretaba poemas. Primero me grabé el disco en cassette, con el tiempo me lo compré. Es una rareza en su discografía, pero me sigue pareciendo su mejor álbum.

Me enganché gracias a esta canción, Cantores.



Todavía me arrepiento de no acudir a su concierto de la gira compañeros de viaje. Hubiera sido uno de los primeros conciertos a los que asistía, y preferí salir de marcha -eran fiestas de Pilar. Con el tiempo he enmendado el error. Lo he visto en teatros, tiendas de discos, pabellones de deporte. En algún sitio tengo una foto con él, y cuando lo escuché en el Auditorio de Zaragoza me reconoció y saludó (aunque no es difícil recordarme).

Ahora cumple 30 años en la música y saca una caja recopilatoria. Incluye sus discos de poesía que, por lo visto, no fueron muy bien aceptados en su momento. Ya los tengo, no me la compraré.

Tampoco podré ir a la FNAC el viernes, aunque me gustaría.

A cambio, esta semana escucho sus canciones camino al trabajo y vuelta. Y la gente me mira de forma rara cuando me ven desgañitarme mientras canto aquello de:
Es sencillo cantar por cantar, y cantar
escondiendo sonrisas a medias.
Es muy fácil cantar sin mancharse y triunfar
como un simple muñeco de cuerda.

Están comprando conciencias como mineral:
combustible de tumbas abiertas.
Es más fácil obedecer a un general
que saber a qué pueblo condena

Larga vida al Loco.

26 septiembre 2009

Vuelve Pedro Guerra

Hace un rato, escuchando Spotify, me ha saltado uno de esos molestos anuncios con que bombardean a los que no pagamos por el programa. Para mi sorpresa, no ha sido de Bacardi, ni de una compañía telefónica ni de alguna película para adolescente hormonados.

Era Pedro Guerra. Él mismo anunciaba su nuevo álbum, Alma mía, volumen 1. Inmediatamente he pinchado en el banner y he descubierto que Pedro Guerra no está acabado. Después de 2 discos prescindibles y un disco en directo mal enfocado, ha decidido sentarse a solas con su guitarra y grabar las canciones que escuchó en su infancia. Boleros, zambas y coplas. Como dos extraños, La bien pagá, Ella. La música de nuestros padres y abuelos. La que nunca pasa de moda.

Sin embargo, parece que a la gente no le ha gustado mucho el anuncio... (ampliar fotografías)

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A mí, en cambio, me ha alegrado la mañana. Aquellos "nuevos cantautores" surgidos a mediados de los 90 no están del todo muertos. Ismael Serrano, Rosana, Javier Álvarez y el propio Pedro Guerra se convirtieron (casi) en iconos para una breve generación. Su éxito fue fugaz, su magnetismo se desvaneció, sus consignas -sobre todo las de Ismael Serrano- estaban ya caducas.

1999 fue un año crucial en este movimiento. Javier Álvarez publicó Tres, su disco de ruptura. El mensaje antibelicista había dado paso a canciones que fueron censuradas en las radios más comerciales. Una de ellas, Padre, comenzaba con un contundente verso -Soy pajillero, maricón y drogadicto- y terminaba gritando a los 4 vientos que su autor no creía en Dios.

Pedro Guerra giró hacia dentro de sí mismo y publicó Raíz. Los conciertos con guitarra quedaron atrás; era el tiempo de melodías y letras más complejas. Con Ofrenda, su paso adelante fue aún mayor. Quizá por mala conciencia, grabó dos discos muy parecidos a Golosinas; pero ya no había magia, ni novedad.

De Rosana poco puedo hablar. Me quedé en Lunas rotas. Pero Si tú no estás sigue siendo una de las canciones de amor más bonitas de los últimos tiempos.

Ismael Serrano me recuerda a uno de aquellos veteranos de la guerra del Vietnam que sufren estrés postraumático y ven Charlies por todas partes. Nació en el pasado, de alli no se ha movido. Una lástima. A pesar de todo, aún no soy capaz de escuchar su primer disco, Atrapados en azul. Demasiados recuerdos.

Quedan -a mi juicio- pocos cantantes interesantes en el panorama español. La vieja guardia -Aute, Serrat, Sabina- vive de homenajes y rentas. Aquellos grupos de la movida parecen más viejos que los Rolling Stones. Los nuevos no aportan nada interesante; el más joven es Nacho Vegas: tiene 35 años y lleva 20 en la música. La generación intermedia, con Loquillo y Bunbury a la cabeza, sí aporta canciones y discos interesantes de cuando en cuando.

En este contexto, el retorno digno de Pedro Guerra siempre bienvenido.

El 26 de octubre estará en la FNAC de Zaragoza. Supongo que tendré que trabajar. Esperaré a la gira oficial.

16 septiembre 2009

Leonard Cohen: autobombo

La primera vez que escuché a Leonard Cohen fue en una película, El tiempo de la felicidad. Una de las hijas estaba obsesionada con una canción suya, Bird on the wire, y no se soltaba de uno de sus LPs, Songs of Love and Hate.

Esto fue en verano de 1997; en septiembre me compré un recopilatorio suyo. Allí estaban incluidas todas las grandes canciones de su primera etapa: Suzanne, Sisters of Mercy, So longMarianne, Who by fire?... Durante meses recorrí una y otra vez la tienda de discos Linacero para compar aquel álbum de la película. Pero allí no aparecía la canción. Encontré otros recopilatorios, más centrados en sus últimos años. Por fin, un día me compré un disco en directo. Me costó 3.000 pesetas, una barbaridad para mi economía de aquel tiempo. Es de los pocos discos de mi adolescencia que todavía me acompañan.

Con el paso del tiempo, descubrí que sus discos de 1988 y 1993 eran soberbios, a pesar de haber cambiado la guitarra por el sintetizador. Antes de tener una conexión decente a internet ya paseaba con frecuencia por Leonard Cohen files, la web más completa sobre el artista. Allí descubrí con horror que había actuado en Zaragoza años atrás, y que no tenía planes de volver a la carretera. Internet me proporcionó también la posibilidad de descargarme directos suyos en diferentes momentos de su carrera. El fondo es perfecto: sigo sin entender por qué no los han editado de forma apropiada.

En 2001 publicó un nuevo álbum. Las fotografías mostraban a un Leonard Cohen delgado y canoso; también con una mirada llena de paz. Era un hombre de vuelta de todo, en el mejor sentido de la expresión. Ten new songs es un mal disco. Apenas un par de canciones soportan varias escuchan. Eran simplemente, diez canciones nuevas.

Un nefasto 23 de abril, la página web me dio una alegría. Había un disco y una gira en el horizonte. Lo tuve claro: si actuaba en Europa, iría a uno de sus conciertos.

Dear Heather resultó ser un álbum muy sólido. La voz era más grave que nunca y los arreglos no parecían música de feria.

En cuanto a la gira, tuve la oportunidad de verlo en Benicássim. Lo conté aquí hace algo más de un año.

Ayer vino a Zaragoza. Gracias a mi trabajo y a la generosidad de mis compañero y jefes (cambios de turno, cobertura de temas en los que no trabajo...) pude entrevistar a su guitarrista. Se llama Javier Más, y es de Zaragoza. El tipo tiene unos cincuenta años y lleva toda la vida tocando para otros: Labordeta, La Bullonera, María del Mar Bonet...

En 2006 dirigió un disco tributo a Leonard Cohen. Poco después recibía una llamada suya, invitándole a acompañarle en su gira. Desde hace 18 meses toca la bandurria en su banda.

Aunque parezca increíble, es el principal instrumento. Las introducciones a las canciones son soberbias y arrancan los aplausos del público. En Europa y Estados Unidos se le ve como un exótico que se ha colado en la banda y su nombre aparece en todas las críticas que se escriben. Al principio del concierto, Cohen se arrodilla ate él; los medios de comunicació sólopueden grabar el primer tema, así que su fotografía aparece en numerosas ocasiones.

Después de entrevistarle, llegó el esperado momento. 3 horas y cuarto de bellas canciones, arreglos precisos y creativos y una banda que suena a la perfección, sin una mala nota o una entrada a destiempo.

Pero el problema de ser tan fan (y de tener el Live in London que grabó en esta misma gira) es que conocía a la perfección el orden de canciones. La sorpresa quedaba descartada. Aun así, fue un concierto inolvidable.

Pero quizá lo mejor -y, supongo, el fin de esta historia- ha llegado esta mañana.

A las 11 de la mañana he entrado en el hotel Palafox y he tenido la siguiente conversación con la recepcionista:
-Buenos días, mi nombre es Raúl y querría hacerme una fotografía con Leonard Cohen. ¿Ha abandonado ya el hotel?

-No, saldrá en una media hora. Pero no puede esperar aquí.

-Gracias, esperaré fuera.

Treinta minutos de nervios, frío y sudores después ha aparecido Javier Más. Nos hemos saludado, he elogiado su trabajo en el concierto y me ha preguntado por la pieza que ayer grabó Aragón TV. Salió en el informativo al tiempo que él comenzaba tocar los primeros acordes.

Su cara lo decía todo. He prometido enviársela por correo electrónico. Después, le he dicho que hoy venía como fan y que me gustaría hacerme una fotografía con Leonard Cohen.
-Tengo que comprar unas cosas. Cuando vuelva lo intento.
Al poco ha salido el artista. Hablando en inglés -y controlando mis nervios a flor de piel-, le he expresado mi deseo. Se ha mostrado muy amble y complaciente. De nuevo, he elogiado su trabajo y su "golden voice"; se ha reído y me ha dado las gracias muchas veces. Tiene razón Javier Más: Cohen es una persona cálida y humilde.

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El encuentro ha durado lo justo para hacernos la foto y despedirnos. Él ha subido al autobús, y yo he esperado al guitarrista, para que me diese su email. Cohen, al ver que el autobús estaba vacío, ha vuelto a bajar, se me ha acercado y ha iniciado una conversación casual. Hemos hablado de mi inglés, de mi trabajo, de su gira, de Javier Más... Repito: un hombre amable. Tiene una voz calmada y profunda, cuesta imaginarle gritando o nervioso.

Entonces ha aparecido la mánager del hotel y Cohen ha hecho lo propio con ella. Ha firmado un par de discos (el mío incluido, el directo que compré el siglo pasado) y se ha quedado con mi nombre. Cuando ha vuelto Javier Más, le ha pedido que se hiciera una foto conmigo, pero él le ha cortado.
-Ya conozo a Raúl.
La cara del guitarrista era digna de ver.

Nos hemos deseado suerte y nos hemos despedido. Él ha partido hacia otra ciudad, yo he recorrido la mía con una sonrisa que no cabía en la acera.

12 marzo 2009

El León ruge de nuevo

Todos los medios hablan del último disco de U2. Hay elogios, críticas, entrevistas, reportajes, datos de ventas, anuncios de gira... Todo por una banda que ha perpetrado su peor disco en años.

Mientras, otro irlandés, Van Morrison, ha grabado su cuarto disco en directo. Una diamante en bruto. Pero casi nadie le hace caso. Hasta hoy.

Leo con alegría en Elpais.com una entrevista con el León de Belfast en la que se despacha a gusto, como viene siendo habitual, con la industria musical. Al final, compruebo el origen: Village Voice. Claro, no podía ser de otra forma. ¿Qué haría el diario El País sin sus traductores? Por cierto, nadie sabe quién ha traducido esta entrevista...

En cualquier caso, aquí está. Esto es un músico, un artista. Y lo demás son zarandajas, tonterías y mentiras para vender más.

Astral weeks está considerado como uno de los mejores discos de la historia del pop. Un monumento a los arreglos grandes y las historias pequeñas, se grabó en régimen de comuna jazzística durante dos días de 1968, bajo la dirección y con las composiciones, extensas, inagotables, de Van Morrison (Belfast, 1945).

El músico irlandés nunca tocó aquel material en directo. Hasta noviembre pasado, cuando interpretó (y registró) en dos conciertos en Los Ángeles las ocho canciones en el mismo orden en que se publicaron. Estos meses, 41 años después, Morrison viaja con aquel material por el mundo (el 18 y 19 de abril, en Londres).

Pregunta. ¿Por qué ha elegido este momento para salir de gira?
Respuesta. Hay muchas razones. No he tocado con ninguno de aquellos músicos desde entonces. En esa época nadie me daba dinero para hacerlo. El público llevaba décadas pidiéndolo. Y a mí en realidad me basta con eso.
P. ¿Qué recuerda de las sesiones de grabación?
R. No hubo muchas tomas. Se grabó como un disco de jazz, que es como a mí me gusta hacerlo. Lo más importante era la espontaneidad de lo que estaba sucediendo.
P. Sé que todavía hoy le gusta grabar así, sin sobreproducirlas.
R. Provengo del jazz. Eso es todo.



P. A lo largo de su carrera ha ido consiguiendo control sobre lo que hace. Con esta grabación inaugura un nuevo sello discográfico, Listen to the Lion.
R. Acabo de abandonar Universal porque no hacían más que aprovecharse de mí. EMI distribuirá mi sello.
P. ¿La forma en que escribe ha cambiado en estos 40 años?
R. Es como lo que Jung decía sobre el proceso creativo, que es hacer que lo inconsciente se vuelva consciente. Astral Weeks venía del subconsciente. Mis últimas canciones proceden más bien de la reflexión. Sobre ellas hay más revisión.
P. ¿Sigue siendo una guerra tratar con los ejecutivos de los sellos, como insinúa en algunas de sus canciones, por ejemplo, Showbusiness y Drumshanbo Hustle?
R. Los negocios sólo son negocios y, a fin de cuentas, son despiadados. Esas personas no son amigos míos. No las conozco. No es como en los viejos tiempos, cuando había productores y sellos discográficos de verdad; gente que realmente sabía algo de música. El principio del fin fue cuando muchos de esos tipos vendieron sus sellos. Probablemente hayamos dejado atrás el final de la historia de la verdadera industria discográfica...
P. Que está paralizada por el pánico...
R. Dicen que la industria está acabada, pero yo he vendido más de dos millones de copias el año pasado. Es como si pensasen con el culo. Hay mucha hipocresía. Yo no voy a meterme en el negocio de las descargas porque no soy un artista de descargas. Puede que algunos lo sean y, ya sabe, es el futuro; pero yo prefiero algo que pueda sostener.



P. Al parecer, en el reproductor de iTunes, su música se clasifica como algo distinto cada vez. Como pop, como rock, como músicas del mundo...
R. Yo la definiría como soul.
P. Pero luego es capaz de hacer un disco de jazz o de skiffle o de country...
R. A ver, si fuera un río tendría afluentes. Todo tipo de afluentes. Pero todo está conectado con mi origen.
P. Hay una especie de cliché entre los artistas, que siempre están intentando escapar de su pasado o de reinventarse. Pero usted vuelve a él constantemente.
R. Es de donde saqué la palabra. Y tuve la suerte de conocer a gente como John Lee Hooker, que fue muy buen amigo mío durante años, y conectar con lo que quiera que eso sea, no sé, algún tipo de energía.



P. ¿Tiene pensado sacar algo de su material inédito?
R. Depende, porque la situación con las discográficas se está convirtiendo en algo así como darse cabezazos contra una pared. No tienen ni idea de adónde se dirigen. Coges un periódico y siempre están con lo mismo. Sólo transmiten pesimismo. Así que, ¿por qué diablos ibas a querer firmar con alguien que te dice que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina? La gente como yo debería andarse con cuidado.



P. ¿Se mantiene informado sobre pop actual?
R. Nunca me ha interesado realmente la música pop. Me aburría y me sigue aburriendo.
P. Teniendo en cuenta todo eso de que el final está cerca... ¿Le parece irónico haber sacado el disco que ha llegado más alto en las listas en toda su carrera precisamente ahora?
R. Sí, pero ellos ni siquiera se dieron cuenta. Pasaron de él. No hubo nada, ni promoción, ni seguimiento.
P. Pero aun así, se le ve muy entusiasmado.
R. La mitología fue inventada, supongo, por gente como Bill Graham, él es uno de ellos. Él inventó el gran espectáculo del rock. Ésa fue probablemente la última mitología, aunque quizá ha habido más desde entonces. Y antes de eso estaba el mito de The Beatles. Y antes de eso, no sé, el mito de Elvis Presley. Siempre ha habido mitologías, y la gente siempre ha encontrado la manera de aprovecharse de ello. Supongo que es esto de los grandes espectáculos de rock y de abarrotarlos de gente, que está basado principalmente en la codicia pura y dura.
P. Pero sigue motivándole...
R. Lo único que me encanta es la música. El resto es pura mierda. El tipo de mierda que la fama atrae es muy oscura. Es muy oscura. Me gusta la música, eso es todo.

27 enero 2009

Ilustre rockero

Elliott Murphy ha actuado más veces en Zaragoza que en Los Ángeles. Lo dijo anoche, durante su concierto en el Teatro del Mercado. Una frase que sintetiza la trayectoria de este rockero ilustre. Nació hace 60 años en Nueva York, su música se mueve en una zona intermedia entre Bob Dylan, Bruce Springsteen y Lou Reed, ha grabado una treintena de discos, ha escrito 5 libros... Y no lo conoce ni dios.

Viene cada año por España, pero no actúa en el Nou Camp, sin en teatros pequeños y salas de concierto alternativas. Cuando el Boss actúa en París, sube al escenario a tocar un par de temas con él; pero desde hacía más de una década no cantaba en Estados Unidos. Elliott Murphy es un secreto. Una joya escondida.

Ayer, una vez más, se enfrentó al público con la única ayuda de su compañero Olivier Durand. 2 guitarras perfectamente coordinadas que en ocasiones logran reproducir el sonido de una E Street Band. Tampoco hay nadie tras las bambalinas. Olivier coloca el papel con la lista de canciones, Elliott Murphy trae su propia botella de agua y ellos afinan las guitarras y colocan los micrófonos y altavoces. Hace dos años, Durand rompió una cuerda de su guitarra; mientras él mismo la arreglaba, Elliott Murphy cantó Like a Rolling Stone. Y no se le cayeron los anillos.

Pero para ser un buen músico no es suficiente con ser humilde. También hay que saber escribir canciones e interpretarlas con sentimiento y credibilidad. Por supuesto, el señor Murphy lo hace.



Después de dar una lección de rock durante 2 horas, los poco más de 200 asistentes se resistían a dejarles ir. En lugar de terminar con una canción cañera, como es lo habitual, se sentaron en los altavoces, desenchufaron los micrófonos y, con las luces medio encendidas, interpretaron una balada en acústico.

Un par de valientes.

13 enero 2009

50 años de gloria

1.-

En el otoño de 2001 me encontraba con un amigo en Inglaterra. Ávido de nuevas musicas, entramos una tarde en una tiendecita de Londres. Era el paraíso de todo amante del jazz. Preguntamos al dependiente, "No sabemos absolutamente nada de jazz, ¿qué nos recomienda para iniciarnos?" El tipo -quizá por desidia, quizá por pura maldad contra los extranjeros ignorantes- nos recomendó un disco de un tal Ben Webster. De vuelta en nuestro pueblo, lo escuchamos;o nos gustó nada. Si eso era jazz, ¿por qué la gente andaba loca por él?

Lo que el encargado de la tienda debió haber dicho es, "Tomad este disco. Se llama Kind of Blue, y es el mejor álbum de jazz de la historia".

2.-

Pasaron un par de años y un conocido me prestó el disco en cuestión. Por entonces estaba obsesinonado con Sigur Ros y Keith Jarret. Kind of Blue permaneció varios días en la estantería de discos prestados, esperando que le hiciera caso. Era diciembre y cogí la gripe. Pasé una tarde en la cama, a oscuras. Para no aburrirme -y como atajo hacia el sueño que necesitaba- puse el disco en el equipo. Lo escuché una y otra vez durante la tarde. No conseguí dormir, hipnotizado por una música hasta entonces desconocida. Era única, magnéntica, mágica. Todo un mundo por explorar.

3.-

Miles Davis revolucionó la música contemporánea con Kind of Blue. Lo haría algunas veces más. Su Bitches Brew o Silent Way son hitos que han abierto camino a muchos otros artistas. Es muy reveladora esta anécdota, que apareció en El País Semanal hace 2 semanas.

Ocurrió en 1987. El presidente Reagan entregaba un reconocimiento oficial por toda su carrera a Ray Charles y convocó a ilustres afroamericanos. En la Casa Blanca se presentó Miles Davis, ajeno a toda etiqueta: pantalones negros de cuero, un chaleco encima de otro, chaqueta de esmoquin con una serpiente roja en la espalda. Cualquier otro sexagenario habría sido arrestado por hortera; él estaba por encima de semejantes consideraciones.

No todos los invitados eran conscientes de sus prerrogativas. Una incordiante dama de la buena sociedad de Washington se encaró con el trompetista y le preguntó malévolamente qué méritos tenía para estar allí. Miles fue a la yugular: "Bueno, he cambiado el rumbo de la música cinco o seis veces. Ahora, dígame: ¿qué ha hecho usted de importancia, aparte de ser blanca?".
Todo un genio.


22 diciembre 2008

Salvadores de lenguas

Los nazis mancillaron el alemán. Los islamistas han logrado que el árabe, el urdu, el persa, todos suenen a lo mismo: a atentados suicidas. ETA está consiguiendo que muchos asocien el euskera con las bombas y las pistolas. Aquellos que se erigen en defensores de un lugar, una religión o una idea terminan por destruir la lengua que hablan.

Por suerte siempre quedan artistas que nos recuerdan que la lengua no es propiedad de nadie, que un mismo idioma sirve para cantar o amenazar. La prueba más reciente es Etxea, el último disco de Kepa Junkera. Un puñado de cantantes no vascoparlantes interpretando canciones tradicionales en euskera. Una joya.

01 diciembre 2008

Laboa

Ha muerto Mikel Laboa, uno de los históricos de la canción en euskera. Mucha gente conoce su canción Txoria txori, versionada en múltiples ocasiones.

Para demasiada gente, el euskera es una lengua fea, tosca y desagradable. Me temo que está asociada a terrorismo, dolor y muerte (del mismo modo que muchos asocian el alemán con el nazismo). Mikel Laboa nos recuerda que todas las lenguas sirven para insultar o cantar bellas cancions.

Uno de sus últimos discos, Xoriek - 17, incluye temas como Ne me quitte pas o una version musicada del pema de Bertolt Brecht, Preguntas de un obrero ante un libro. Una pequeña joya.


22 julio 2008

Nuestro hombre

Leonard Cohen ha dejado el tabaco, las mujeres y la droga. Es vegetariano y desde su estancia en un monasterio zen en los años 90 vive en armonía consigo mismo. El canadiense imaginaba una vejez tranquila, lejos de las discográficas, de las giras, de la prensa, del público. Pero el destino es traicionero y un día Cohen descubrió que su ex manager le había robado 5 millones de dólares. Así que ya no era un venerable poeta, sino un viejo cantante arruinado y olvidado del sexo.

Para ganar dinero hay que trabajar. Eso está claro. Leonard sacó un par de discos (uno, Ten new songs, bastante flojo; otro Dear Heather, muy decente), pero no dieron los resultados económicos esperados; la crisis discográfica afecta a todos, ahora los artistas ganan dinero con los conciertos. Fue entonces cuando su página web anunció una gira mundial.

Cohen saluda

Varios meses, dudas, cancelaciones y recuperaciones después, Cohen llega a Benicasssim. Dos horas antes del concierto no hay nadie en la explanada del escenario verde. Una hora antes aparece algún periodista y unos pocos vips; en el escenario, los pipas preparan los instrumentos. Cuarenta minutos antes, sale Leonard Cohen y su banda. Ningún aplauso los recibe, no van a actuar, sino a la prueba de sonido. Durante un rato, una treintena de personas tenemos el lujo de disfutar de un "concierto privado". Vemos al verdadero Cohen. Está tranquilo, habla con su gente, da instrucciones y bromea con el guitarrista. Tocan 4 canciones, casi la mitad de las que tocará en el concierto propiamente dicho. Después de cada una de ellas, sonríe y saluda a los asistentes. Viste de negro y lleva sombrero. El sol le cae en la cara; maldice el tiempo de España y se coloca unas gafas de sol de los años 80, acaso las mismas que llevaba en I'm your man. Corta una canción poco antes de acabar y se despide con un Hasta luego.

Cohen arrodillado

Entonces abren las vallas del festival y cientos de personas corren para colocarse en primera fila. Luego irán llegando más. Al inicio del concierto, ya son varios miles. Fuera del recinto, la gente se instala en una colina cercana para ver al maestro.

Es una ocasión única. Todos lo sabemos. Leonard Cohen lleva sin tocar 15 años y ésta es su única parada en España. El sitio no es el más apropiado, y el show será más corto de lo que acostumbra -3 horas- pero no importa: hay que verlo.

Cohen y Javier Mas 2

No defraudó. Leonard Cohen salió puntual al escenario y fue recibido, esta vez sí, por una sonora ovación. Tocó diez temas, durante una hora exacta. Fue breve pero intenso. Las canciones, elegidas a conciencia. Suzanne, The Future, Bird on the wire... y para terminar, So long, Mariane. El momento mágico de la noche coincidió con Hallelujah. Gracias quizá a las múltiples versiones de este tema -desde John Cale a Rufus Winwright-, todos los asistentes corearon el estribillo.

Una grata sorpresa fue el buen estado de Leonard Cohen. Algunos pensábamos que el cantante se mantendría hierático detrás del micrófono, y que su ronca voz se escudaría en los coros que le acompañaban. Para nada. Su voz suena mas potente que en sus discos y que en la última gira. Cantar para él no es un mero trámite. Cohen se arrodilla, se levanta, agarra el micrófono con fuerza y mira al cielo para gritar su oración.

Cohen canta 4

Ahora sólo queda esperar que vuelva a España en su gira de otoño. Mientras, podemos dar gracias a su manager.

24 junio 2008

Con Dios a nuestro lado

Dylan es Dios. Así de sencillo. Como Él, sus designios son inescrutables; sus caprichos impredecibles; sus enfados terribles; sus palabras imposibles de entender, excepto para aquellos que están entrenados; sus mensajes, breves y espaciados, acaso también enigmáticos; sus logros, por supuesto, inconmensurables.

Este es el Dylan que ayer se presentó en Zaragoza. El mismo que lleva tocando 20 años de forma ininterrumpida por ciudades de todo el mundo occidental. Un abuelo al que los fieles adoran y temen por igual. Un tipo que ha sido capaz de escribir una cincuentena de obras maestras de la canción pero ya no puede cantarlas. Lo que Dylan hace reconozcámoslo, no es cantar. La voz nunca ha sido lo suyo -no es Frank Sinatra-, pero ahora se parece más a Manuel Fraga que a Tom Waits.

¿Qué espera alguien que va a ver a Bob Dylan? Se puede responder con otra pregunta. ¿Qué espera quien acude un domingo a la Iglesia? Hay quien busca consuelo en las palabras que nacen del púlpito; hay quien va porque hay que ir; hay quien en su interior discute cada una de las palabras que escucha; hay quien sale cada vez más descreído; hay quien renueva su fe.

Yo encontré a un viejo músico cansado físicamente, pero con el espírtu intacto. Un tipo que retuerce los versos que él mismo escribió el siglo pasado hasta volverlos irrecnocibles; un cantante que ya ni siquiera recita, sólo murmura o balbucea; un poeta que se obliga a subir a un escenario cada noche; un caprichoso que se dio el capricho de satisfacer al público y tocar el llamado himno de la expo; un viejo fumador que cuando grita hace vibrar el suelo; una estrella inaccesible del rock que regaló un “Thank you friends”, un saludo perfectamente vocalizado y entendible. Como el católico que se obliga a dudar y se enfada cuando escucha al predicador hablar del amor de Jesucristo y de la bondades del mundo, así salí del concierto. Creo en Dylan, pero me gustaría tener una seria conversación con Él.

Del resto, del recinto, de las entradas, del público, mejor no hablar. Otros ya lo han hecho.


Bob Dylan en 1976



Bob Dylan en 2008. Sí, es la misma canción.

16 junio 2008

Malas noticias desde Suecia

Ha muerto Esbjörn Svensson, el pianista y líder de Esbjörn Svensson Trio (abreviado, EST). Era el pianista de uno de los últimos grandes grupos de jazz.

Surgió a mediados de los 90; en 15 años estos 3 tipos han logrado lo que no todos consiguen a lo largo de toda una carrera: un sonido inconfundible.

Con los mismos instrumentos que usó Bill Evans y ahora utiliza Brad Mehldau, consiguieron un sonido radicalmente diferente y, en el buen sentido de la palabra, moderno. Un soplo de aire fresco.

Su muerte es una mala noticia para el Jazz. Es triste que se vayan grandes figuras; pero más duro es que lo haga gente joven con muchas teclas por tocar.

12 mayo 2008

Canción para un funeral

And now, the end is near;
And so I face the final curtain.
My friend, I'll say it clear,
I'll state my case, of which I'm certain.

I've lived a life that's full.
I've traveled each and evry highway;
And more, much more than this,
I did it my way.

Regrets, I've had a few;
But then again, too few to mention.
I did what I had to do
And saw it through without exemption.

I planned each charted course;
Each careful step along the byway,
But more, much more than this,
I did it my way.

Yes, there were times, I'm sure you knew
When I bit off more than I could chew.
But through it all, when there was doubt,
I ate it up and spit it out.
I faced it all and I stood tall;
And did it my way.

I've loved, I've laughed and cried.
I've had my fill; my share of losing.
And now, as tears subside,
I find it all so amusing.

To think I did all that;
And may I say - not in a shy way,
No, oh no not me,
I did it my way.

For what is a man, what has he got?
If not himself, then he has naught.
To say the things he truly feels;
And not the words of one who kneels.
The record shows I took the blows -
And did it my way!

27 noviembre 2007

Hasta que el cuerpo aguante

Bruce Springsteen está mayor: es un hecho. Pero aún más lo están los miembros de la E Street Band. Es una pena. La que fuera la máquina más precisa y potente del rock empieza a convertirse en leyenda. Atrás quedan los conciertos de 3 horas, los saltos en el escenario, las bromas, el fervor del público ondeando los brazos al son de Born to run. Ahora –pero no es poco– la banda consigue mantenerse en pie durante dos horas y cuarto; apenas se hacen gestos entre ellos, no los necesitan; y han cambiado fuerza por perfección.

Esta era la gira de presentación de Magic, el último album de la banda, elogiado hasta el hastío. Y elogiado en exceso, porque si en una primera escucha parece que el Boss ha resucitado de sus cenizas y olvidado sus veleidades folk (por otra parte muy notables, ahí está We shall overcome para probarlo), regalando una buena dosis de rock and roll, con el tiempo se descubre que éste quizá sea su peor disco desde Human touch. Por lo general, las canciones de Springsteen suenan mejor en directo que en estudio; no es el caso en Magic. Así, los momentos más flojos del especáculo fueron aquellos en los que la banda interpretaba temas de este nuevo disco (a pesar de la buena recepción del público).

Boss

Porque las 15 mil personas que llenaban el Palacio de los Deportes de Madrid, eso sí, estaban encantadas. Desde los primeros acordes no pararon de saltar, cantar y gritar. Y consiguieron, pancarta mediante, que sonase uno de los himnos de Springsteen, Thunder road, poco frecuente en esta gira (de hecho, la noche siguiente no la tocó en Bilbao).

Lo mejor de concierto, sin duda alguna, fueron los temas “oscuros”, como Candy's room (en la que la batería era una verdadera metralleta), Darkness on the edge of town (quizá la canción donde la voz de Springsteen estuvo más inspirada), Reason to believe (reconvertida en un magnífico blues distorsionado) y, por supuesto, la eterna Badlands (momento que el público eligió para entregarse al cien por cien). En cambio, canciones que en el año 2003 sonaban con fuerza como The rising o Lonesome day (recuerdo la vibración del suelo del Palau Sant Jordi) aquí estaban simplemente correctas, sin energía.

Lo mismo sucedió en los bises. Springsteen y su banda interpretaron 3 de la joyas de la corona (faltó Born in the USA, pero hace ya 4 años que no la toca) y el público lo agradeció cantando cada verso y moviendo los brazos como siempre ha hecho, pero no era lo mismo. El final del concierto de Barcelona en octubre de 2002 o el de Gijón en 2003 fueron mucho más emotivos que el del domingo.

Boss 2

La causa no puede recaer sólo en el Boss, pues en la gira anterior demostró una energía y una imaginación difíciles de igualar después de 35 años en la carretera. Pero entonces le acompañaban otros músicos, la Seeger Sessions Band, bastante más jóvenes. Por mucho cariño que tengamos a Clarence Clemmons o Steve van Zandt, lo cierto es que su mejor momento ya pasó (sobre todo para Clarence, visiblemente desmejorado). Los únicos que aún mantienen el tipo son Max Weinberg, batería, y Roy Bittan, piano.

De todas formas, hay que recordar que la primera parte de la gira siempre es más floja. Springsteen está más pendiente de vender las nuevas canciones que de disfrutar de la música. Seguro que el concierto del Nou Camp el próximo 19 de julio será muy distinto.

13 junio 2007

Dylan

La primera vez que escuché a Bob Dylan no sabía que estaba escuchando a Bob Dylan. La canción no podía ser otra, Blowing in the wind.



No sabía que la había escrito Dylan porque la cantaba con su magnífica voz Joan Baez. Cuando conseguí una cinta de su autor, por supuesto, no me gustó nada. ¿Qué era aquello? Un tipo con una voz desagradable, desganado, que apenas rasguea la guitarra. ¿Y a la gente le gustaba? Vale, las letras eran buenas, por entonces comenzaba a entender algo de inglés, pero esa voz....

Volví a mi amiga Joan, que interpretaba sus canciones mucho mejor que él.

La espinita sin embargo, continuaba, y de cuando en cuando escuchaba algo de Dylan. Quería que me gustase. Existen autores –cineastas, escritores, músicos– que, lo sabes, te van a gustar: es cuestión de darles, y darte, tiempo. Dylan es uno de ellos.

A la vuelta de un verano, me agencié un album titulado Live at Budokan. Las cancionnes eran las de toda la vida, y la voz, si bien no de barítono, era inteligible. Casi podía uno seguir la letra sin forzar la imaginación.

El resto, discos y más discos. Oficiales y piratas. Y en el cajón de los arrepentimientos un concierto en Zaragoza en el que Andrés Calamaro oficiaba de telonero; concierto al que no asistí porque, por aquella época, Dylan era “la leyenda ésa que no sabe cantar”.

En fin, el Premio Príncipe de Asturias, estoy seguro, supone una alegría para muchos de sus seguidores en España. Quizá con la excusa dé algunos conciertos en nuestro país, del que se ha olvidado en la última gira.