01 diciembre 2007

Otro muerto

ETA ha vuelto a matar. Poco hay que decir. Los políticos pronuncian discursos de condena, los medios de comunicación abren con la noticia, habrá quienes se manifiesten en contra de la violencia y algún dirigente asistirá incomodo al entierro. Lo de siempre.

Se me ocurren dos reflexiones.

Una.

Este asesinato es la respuesta a las detenciones de ayer. Digan lo que digan el Partido Popular, Francisco Alcaraz y medios de comunicación afines, el gobierno no ha cedido ante ETA. Si así fuera, Raúl Centeno estaría vivo. Las fuerzas de seguridad no han bajado la guardia. Este es el primer atentado consumado desde el final de la tregua, pero no será porque no lo hayan intentado. Los dirigentes del Partido Popular lamentan hoy el atentado; mañana comenzarán los reproches al Gobierno.


Dos.

La manifestación es inútil. En las manifestaciones “nomales”, contra el gobierno, los ciudadanos piden al Ejecutivo una acción concreta, que haga o no haga algo, que suba los salarios o que no recorte los subsidios. Existe siempre la esperanza de que su voz sea atendida. El gobierno, al fin y al cabo, se debe a sus ciudadanos (pero si incluso de esa obligación se olvidase, siempre le será conveniente pensar en las próximas elecciones). ETA no se debe a nadie. Nuca escuchará la voz de los españoles (si acaso la de los vascos, y no mucho). Reconozcámoslo: nos manifestamos para sentirnos mejor con nosotros mismos, para reafirmaros en nuestro sentimiento democrático (aunque no todos los que se manifiestan lo tienen; ahí están Aznar, Fraga y Acebes para demostrarlo, manifestación de la AVT tras manifestación de la AVT), para diferenciarnos de “ellos”. No sirve de mucho más.

No hay comentarios: