14 diciembre 2007

Ceder a la tentación

Más de sesenta años ha tardado en ver la luz El ardor de la sangre. Irène Némirovsky (Kiev, 1903 – Auschwitz, 1942) escribió esta novela un año antes de su muerte, y pidió a su editor que la guardase. Tan bien cumplió su cometido que sólo gracias a las investigaciones de los biógrafos de la escritora podemos ahora disfrutar de su lectura.

En una región francesa donde nunca sucede nada, en la que el tiempo parece haberse detenido y sus habitantes sólo buscan vivir en calma, una tragedia desenterrará secretos del pasado. Con este sencillo y manido argumento Némirovsky crea en apenas 160 páginas –epílogo incluido– una novela en la que el amor, la soledad o los impulsos de la carne son tratados con elegancia y delicadeza.

Némirovsky

El protagonista es Silvio, un viejo que vive recluido en su casa y disfruta de la soledad, una soledad según él merecida. En su juventud huyó de su tierra y su gente, viajó, amó y disfrutó de la vida. “Hay gente que es tremendamente sensata a los veinte años –dice–. Pero yo prefiero toda mi locura osada a su sabiduría”. El "ardor de la sangre", expresión repetida a lo largo de la novela, le llevó a quebrar algunas reglas; pero también fue lo mejor que le pasó en la vida. Lo mismo puede decirse del resto de personajes; sus vidas sólo cobran sentido al ceder a los impulsos.

Antes de redactar la novela, Némirovsky temía no definir bien a los personajes. Se equivocaba. No sólo ellos aparecen cercanos, sino también el campo francés, un lugar en el que “la gente vive metida en casa, encerrada en su propiedad, desconfía del vecino, recoge su trigo, cuenta su dinero y no se ocupa de nada más”. Una vez que el lector entra en este mundo, comprende y perdona todos los errores que el ardor de la sangre hace cometer a los personajes.

(Reseña aparecida en el suplemento Artes y Letras el 12 de diciembre de 2007)

1 comentario:

Apostillas literarias dijo...

Que joven murió esta escritora ucraniana. Auschwitz y su origen judío, para qué decir más. El mismo camino siguió su esposo, aunque ella ya no se enteró de fuee arrestado y enviado a Auschwitz, y después asesinado en la cámara de gas. Puedo imaginar a sus dos hijas escondiéndose y con el dolor de haber perdido a sus padres. Que terrible.

Siempre me pregunto cómo harían, y hacen, tantas personas cuando viven una guerra...