24 febrero 2010

Mulholland Drive, el placer de las imágenes

Durante muchos años, he intentado ver una película de David Lynch. Era un tipo raro, un director que rodaba películas misteriosas, difíciles de comprender. tanto, que nunca conseguí terminar una. A los 15 minutos comprobaba que, en efecto, aquello no tenía ni pies ni cabeza (influyó también que por entonces existía un formato llamado VHS; cada vez que alguien veía la cinta en cuestión en el reproductor, ésta perdía calidad: ver algo de David Lynch con mala calidad es una odisea).

Este verano logré ver The straight story (Una historia verdadera) y me encantó. Pero claro, es una excepción en su filmografía. Animado por las buenas críticas de Cahiers du Cinéma, hoy he visto Mulholland Drive. De nuevo, he salido fascinado.

Y digo "he salido" porque cuando la película acaba realmente abandono el particular mundo de este tipo. Un hombre que quizá debería estar en un psiquiátrico o atiborrado de pastillas frente al televisor. Pero los espectadores hemos tenido suerte y le han dejado colocarse tras una cámara.

Dicen que es difícil (por no decir imposible) entender Mulholland Drive, que hubo gente que pidió que le devolvieran el dinero a la salida del cine. Para facilitar la visión de la película, el propio director escribió unas "pistas". Son innecesarias.

En puridad, Mulholland Drive cuenta la historia una inocente chica que quiere ir a Hollywood para convertirse en actriz. Como en muchos casos, su aventura resultará un fracaso. Si se quiere, ésto es lo que intenta decir el señor Lynch.

Pero si no se quiere, también se puede ver la película como si fuera un cuadro o una pieza de música instrumental. Si no hubiera buscado por internet, no podría haber escrito el párrafo anterior: pero la película me habría gustado de todas formas. Las imágenes son poderosas, la música hipnotiza y las escenas más extravagantes se asumen como algo normal a medida que pasan los minutos. Toda la película sume al espectador en un mundo tan bello y irreal que resulta hostil. y, en ocasiones, aterrador.



¿Por qué hemos de buscarle un sentido, un argumento inteligible? ¿Acaso tiene sentido un cuadro de Miró? Sí, el que el crítico de turno quera darle. ¿Y ciertas novelas de Juan Goytisolo? Lo mismo. Susan Sontag tenía razón: "Al reducir la obra de arte a su contenido para luego interpretarlo, domesticamos la obra de arte."

Quizá también, como sostiene Peter Greenaway:
“Scorsese está pasado de moda y hace las mismas películas que D.W. Griffith a principios del siglo XX. Y El Señor de los Anillos y Harry Potter no son películas, sino libros ilustrados. El cine se basa en la novela del siglo XIX. Todavía estamos ilustrando a Jane Austen, ¡qué desperdicio de tiempo! (....) Hay que acabar con una idea fosilizada: que el cine es, obligatoriamente, narrativo. Una barbaridad similar a decir que un libro sólo puede ser novela, o un cuadro sólo realista”.

En este sentido, quizá David Lynch estaría haciendo nuevo cine.


PD: Muchos sólo saben de Mulholland Drive que hay una escena lésbica entre las dos protagonistas. En efecto, está muy bien hecha y cumple su objetivo. Pero es lo de menos.

2 comentarios:

Tiresias dijo...

Pienso, desde mi absoluta ignorancia, que lo importante en el arte (si el cine es arte o no sería algo de lo que discutir) no es ya el significado o el sentido de la obra, sino su intencionalidad.

Si bien estoy deacuerdo en que hay obras que no tienen sentido, creo que todas están echas con alguna intención.

Un cuadro de Miró puede no significar, no representar nada... sin embargo Miró lo hizo por y para algo.

Claro que significado e intención parecen estar tan íntimamente ligados que llegamos a no concebir el uno sin el otro. ¿Es capaz el ser humano de hacer algo intencionadamente carente de sentido?

He aquí una pregunta más interesante que la del cine aunque, plagiando en cierto sentido a Nietzsche, ¿no sería el sentido de una obra precisamente el no tener sentido?

Jaime dijo...

Obra maestra, sin duda. Pero no dejes de ver Carretera Perdida. Puede que sea incluso mas interante e inquietante, raulito...