07 octubre 2009

Si lo piensas dos veces, te llamarán Bertolt Brecht

Todos hemos sufrido los efectos de la educación. Desde los 4 años, la escuela nos inyecta un sistema de pensamiento, unos modos de vida, una jerarquía de valores. A medida que avanzamos cursos memorizamos datos, fechas y nombres. Aprendemos historia, literatura, geografía. Los colegios públicos educan -se supone- en valores laicos y los privados en los fundamentos de la religión. A los 18 años somos clones. Lo aprendido en la niñez y adolescencia -y no me refiero sólo a la lista de los Austrias o la tabla de los elementos- ha calado en nuestra mente.

Como escribió José Agustín Goytisolo,
Trabaja niño, no te pienses
que sin dinero vivirás.
Junta el esfuerzo y el ahorro
ábrete paso, ya verás,
como la vida te depara
buenos momentos, te alzarás
sobre los pobres y mezquinos
que no han sabido descollar.
No es posible implantar la igualdad entre hombre y mujer si de pequeños cantábamos aquello de:
Lunes antes de almorzar,
una niña fue a jugar
pero no pudo jugar
porque tenía que lavar
Así lavaba, así, así,
Una vez terminada la educación oficial viene la deseducación. El que la quiera, por supuesto.

Y quizá descubramos que los moros no eran tan malos como decían,;que estuvieron 800 años en esto que ahora se llama España y no fue para tanto; aún más, que aportaron muchas cosas a la cultura y la ciencia, a la civilización. ¿Fue entonces positiva la Reconquista? Ay, asalta la primera duda.

Isabel la Católica expulsó a los judíos, dicen en la escuela. Claro, no eran españoles, piensa el alumno. Pero poco enseñan que este destierro acabó con la clase media y, a la larga, llevó al proverbial atraso de España y, si nos ponemos, a la Guerra Civil. Y su cruz sigue siendo el mayor honor que alguien puede recibir. Y Hitler era muy malo, pero Isabel muy buena...

La Guerra de la Independencia, ¿fue beneficiosa? Cada año celebramos sus batallas, y recordamos a los "héroes". ¿Pero no sucede ahora algo parecido en Irak? Ojo del escolar que se atreva a comparar a Palafox con Al Sader...

España fue un imperio, en sus territorios no se ponía el Sol. ¿Y nos debemos enorgullecer por ello?

La historia, lo sabemos, la escriben los vencedores. Pero la repiten como papagayos los maestros de escuela.

Cuesta trabajo deseducarse, liberar la mente de los corsés impuestos como verdades absolutas, repetidos a lo largo de los años por los medios de comunicación, la familia, el cine, la iglesia.

Yo intento deseducarme poco a poco: libro a libro, canción a canción, persona a persona. Lo que en un principio te parece de extremistas desfasados tiene sentido al poco tiempo, las revoluciones no lo son tanto y lo obvio es cada vez más dudoso.

Durante los últimos meses he leído libros que me han mostrado un mundo diferente al que nos venden; he visto películas que revelaban lo que no quieren que sepamos; he escuchado canciones que vuelven a apelar a la extinta solidaridad. Y los radicales son los que van a la raíz del problema.
Desinformación, de Pasual Serrano
Espejos, de Eduardo Galeano
Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano
La doctrina del
shock, de Naomi Klein

La corporación, de Mark Achbar
De igual a Igual, de León Gieco
Pequeñas aportaciones para ser más libre. Yo lo intento. Poco a poco. Me falta mucho. Pero ya estoy mejor.

3 comentarios:

Javier López Clemente dijo...

Suena bien eso de educar para deseducar, muy de Penelope.

Salu2 Córneos.

Gafasdepasta dijo...

Ay, pequeño... es que Galeano es muy grande. Y es tan importante tan relevante y tan necesario que... ¿Qué repercusión tuvo su presencia en España hace un par de semanas? Una entrevistita en Público(muy floja, la verdad. Para qué más, si es de los que piensan? No sea que diga algo y nos despertemos...

Bs,
C.

Tiresias dijo...

Pero si es muy fácil deseducarse!!

Sólo hace falta pensar un poco.

Está bien, no es tan fácil.