22 enero 2009

32 horas menos

Ya lo decían los clásicos, "Mens sana in corpore sano" (aunque su significado original no sea a que solemos utilizar). No hay nada mejor que una extraccción de la muela del juicio para abotargar la mente un par de días.

Ayer pasé una hora infernal en el dentista. Anestesiado, no sentí mucho dolor y pude conversar y bromear con el tipo que me iba a cobrar 200 euros por practicarme una "intervención".

Desde que abandoné la consulta, dejé de ser yo. Era un cuerpo dolorido, apático. Estas últimas 32 horas he dormido demasiado, he visto demasiadas series. Hasta hace poco no tenía fuerzas para leer ni escribir. Tampoco para hablar por teléfono.

He perdido algo más de un día de vida. Enough is enough.

Esta tarde he leído 80 páginas de este libro. Durante una hora he olvidado la muela que ya no tengo, los puntos, el mal sabor de boca y los problemas al tragar, hablar, comer o fumar. Para que luego hablen de las virtudes de los libros de evasión (tema para otro post).

Temino con otro clásico. "Nunca conocí ningún sufrimiento que una hora de lectura no aliviara". Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu.

Aquí una foto de mi boca, por si a alguien le interesa.

19 enero 2009

Fósforo blanco

Ehud Olmert -primer ministro de Israel y, esperemos, futuro condenado por crímenes de guerra- dice que lamenta la matanza de civiles que él mismo ha ordenado. La hermana de este chico murió en un bombardeo israelí con fósforo blanco.

¿Qué lamenta Olmert, realmente? ¿Las muertes y las mutilaciones o las imágenes que revelan al mundo el sadismo del país de gobierna?

Imagen 1

Vídeo de diario británico The Guardian que muestra las heridas producidas por fósforo blanco.

17 enero 2009

Las bombas no saben distinguir

La muerte en directo. Un médico palestino con amigos en Israel llora la muerte de sus hijas en televisión.



Boicot a Israel, ya

El británico The Guardian publica hoy un manifiesto de condena a la masacre de Gaza. Está firmado por algunos de los más destacados miembros del mundo académico británico (entre ellos Eric Hobsbawm, Etienne Balibar, Simon Critchley, Ilan Pappé, Avi Shlaim o Slavoj Zizek).

No sólo Inglaterra, como piden los autores del texto, debe romper relaciones con Israel. La Unión Europea también está obligada a ello. No sólo sería una demostración de poder, también un gesto de honor y dignidad.

Traducido por el autor de En este mundo:
Las matanzas de Gaza son la última fase de una guerra que Israel ha estado librando contra el pueblo palestino durante más de sesenta años. El objetivo de esta guerra no ha cambiado nunca: utilizar un aplastante poderío militar para erradicar a los palestinos como fuerza política, una fuerza política capaz de resistir la continua apropiación de sus tierras y recursos por parte de Israel . La guerra de Israel contra los palestinos ha convertido Gaza y Cisjordania en dos prisiones políticas gigantes. No hay ninguna simetría en esta guerra en cuanto a sus principios, tácticas y consecuencias. Israel es el responsable de desencadenarla, intensificarla y poner fin al último cese temporal de las hostilidades.

Israel debe perder. No basta con pedir otro alto el fuego o más ayuda humanitaria. No basta con instar a que se reanude el diálogo y se reconozcan las preocupaciones y el sufrimiento de ambos bandos. Si creemos en el principio de autodeterminación democrática, si defendemos el derecho a resistir frente a la agresión militar y la ocupación colonial, estamos obligados a tomar partido: contra Israel y con el pueblo de Gaza y Cisjordania.

Debemos hacer cuanto podamos para evitar que Israel gane esta guerra. Israel debe aceptar que su seguridad depende de la justicia y la coexistencia pacífica con sus vecinos y no del uso criminal de la fuerza.

Creemos que Israel debe poner fin, inmediata e incondicionalmente, a su ataque contra Gaza y a la ocupación de Cisjordania, así como abandonar toda reivindicación de posesión o control de cualquier territorio que se encuentre fuera de sus fronteras de 1967. Hacemos un llamamiento al Gobierno y al pueblo británico para que tomen todas las medidas posibles para obligar a Israel a cumplir estas exigencias, empezando por un programa de boicot, retirada de inversiones y sanciones.

13 enero 2009

50 años de gloria

1.-

En el otoño de 2001 me encontraba con un amigo en Inglaterra. Ávido de nuevas musicas, entramos una tarde en una tiendecita de Londres. Era el paraíso de todo amante del jazz. Preguntamos al dependiente, "No sabemos absolutamente nada de jazz, ¿qué nos recomienda para iniciarnos?" El tipo -quizá por desidia, quizá por pura maldad contra los extranjeros ignorantes- nos recomendó un disco de un tal Ben Webster. De vuelta en nuestro pueblo, lo escuchamos;o nos gustó nada. Si eso era jazz, ¿por qué la gente andaba loca por él?

Lo que el encargado de la tienda debió haber dicho es, "Tomad este disco. Se llama Kind of Blue, y es el mejor álbum de jazz de la historia".

2.-

Pasaron un par de años y un conocido me prestó el disco en cuestión. Por entonces estaba obsesinonado con Sigur Ros y Keith Jarret. Kind of Blue permaneció varios días en la estantería de discos prestados, esperando que le hiciera caso. Era diciembre y cogí la gripe. Pasé una tarde en la cama, a oscuras. Para no aburrirme -y como atajo hacia el sueño que necesitaba- puse el disco en el equipo. Lo escuché una y otra vez durante la tarde. No conseguí dormir, hipnotizado por una música hasta entonces desconocida. Era única, magnéntica, mágica. Todo un mundo por explorar.

3.-

Miles Davis revolucionó la música contemporánea con Kind of Blue. Lo haría algunas veces más. Su Bitches Brew o Silent Way son hitos que han abierto camino a muchos otros artistas. Es muy reveladora esta anécdota, que apareció en El País Semanal hace 2 semanas.

Ocurrió en 1987. El presidente Reagan entregaba un reconocimiento oficial por toda su carrera a Ray Charles y convocó a ilustres afroamericanos. En la Casa Blanca se presentó Miles Davis, ajeno a toda etiqueta: pantalones negros de cuero, un chaleco encima de otro, chaqueta de esmoquin con una serpiente roja en la espalda. Cualquier otro sexagenario habría sido arrestado por hortera; él estaba por encima de semejantes consideraciones.

No todos los invitados eran conscientes de sus prerrogativas. Una incordiante dama de la buena sociedad de Washington se encaró con el trompetista y le preguntó malévolamente qué méritos tenía para estar allí. Miles fue a la yugular: "Bueno, he cambiado el rumbo de la música cinco o seis veces. Ahora, dígame: ¿qué ha hecho usted de importancia, aparte de ser blanca?".
Todo un genio.