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22 marzo 2010

Away we go, la vena optimista de Sam Mendes

Away we go es la peor película de Sam Mendes. Lo que no significa que sea una mala película, ni mucho menos. Pero sus anteriores trabajos -American Beauty, Revolutionary Road, Road to Perdition- eran redondos, soberbios, duros. Aquí ha aflojado el nivel de pesimismo y humor negro; hasta el punto de que si tras ver su anterior trabajo los solteros nos alegrábamos de no tener pareja, ahora el matrimonio puede llegar a parecer una situación positiva.

Sam Mendes nos cuenta la historia de una pareja de treintañeros que tratan de convertirse en una familia normal al descubrir que van a ser padres. Para eso, lo primero es tener una casa propia y abandonar la caravana en la que viven. Ante la imposibilidad de residir en la casa de los padres de él (que deciden mudarse a Europa y alquilar la vivienda a unos desconocidos), comienzan un viaje por diferentes ciudades de Estados Unidos y Canadá, en busca de "el mejor lugar del mundo" tal y como han traducido en España con muy poco acierto. Mucho mejor la traducción literal, Allá vamos.



En su recorrido paran en casa de amigos de la infancia, antiguos compañeros de trabajo y familiares. Todo les animan a vivir en sus ciudades y, en definitiva, comportarse como ellos. En estas visitas se producen los mejores momentos de lapelícula. Ninguna de estas familias son ideales, pero creen serlo. Está la mujer sin tapujos que sólo piensa en sexo, en un patético intento por recuperar la belleza perdida, la pareja estilo new age que duerme en la misma cama con los niños...



El final de Away we go podría ser el inicio de la relación entre la Kate Winslet y el Leoardo di Caprio de Revolutionary road. Pero espero que no terminen igual...

15 marzo 2010

Causas y azares: primer cortometraje

Dije en verano y repetí hace dos meses que éste iba a ser un año enfocado al cine. He visto muchas películas, he leído un puñado de guiones y de manuales sobre escritura para cine y estoy cursando un máster que, se supone, me va ayudar en mi camino. Sólo me faltaba la práctica, y este fin de semana me he puesto a ello.

Con la inestimable ayuda de varios compañeros de mi trabajo, he grabado mi primer corto. Se llama Sed. Y cómo no, tiene una historia detrás.

Hace varios meses, comenté a Miguel Cortiñas, uno de los socios de la productora zaragozana Pixel y Gretel, que quería rodar un videominuto para un concurso de la Universidad de Zaragoza. Me dijo que le diese un guión y lo montábamos juntos. Le enseñé varios microrrelatos que escribí hace unos 4 años para un taller de literatura online y eligió el más sencillo de grabar (el que no requería volar un avión o quemar un teatro). Era éste.

Tanilo Guyo era un hombre con una rara enfermedad: sed permanente. Cada mañana, Tanilo salía de casa con una botella de dos litros de agua para el camino; durante la jornada laboral, acababa otras tres.

El día de la huelga general, Tanilo fue a trabajar. En la puerta, varios piquetes le impedían el paso.

Camino a casa, volvió la sed.

Buscó un bar por los alrededores, pero estaban todos cerrados; lo intentó en bancos, comercios; llamó a los timbres. Nadie quiso abrirle.

Tanilo Guyo fue la única víctima de la huelga general; murió delante del Ministerio del Interior, donde sólo pretendía que le dieran un poco de agua.


Lo reconvertí en guión en una tarde y escribí la secuencia de planos el día de Nochebuena. Para ello me leí un manual básico de narrativa audiovisual y, pese a mi inexperiencia en la materia, le gustó. Excepto algún plano añadido para poder jugar en montaje, ése ha sido el guión que hemos utilizado.

Supongo que en las producciones grandes los integrantes del equipo se reparten las tareas. Aquí buena parte del curro se lo ha llevado Cortiñas. Alquiler y manejo del equipo, selección del actor, reclutamiento de personal, montaje... Se lo agradezco de todo corazón. He aprendido mucho de él y del resto de compañeros: Rubén Sanbruno, David Calvo y Julián Flordelís, que empezó en la historia prestando su coche y se convirtió en imprescindible a la hora de organizar a la gente en la Calle Alfonso e impedir que nadie resultase herido.

Tanilo Guyo es interpretado por Jesús Llanos, un actor de teatro al que yo no conocía y que ha conseguido clavar la imagen que yo tenía del personaje (además de ser un tipo estupendo)

Si algo he aprendido con la grabación del corto es la diferencia entre la literatura y el cine (por más que conociera la teoría). Escribí el relato solo en pocos minutos, pero para plasmarlo en imágenes es necesaria la colaboración de más de una decena de personas.

Y no me olvido de los extras, de la actriz secundaria, de la compañera que me cambió el turno para permitirme grabar, de la amiga que locuta el único texto que aparece en el corto, de los amigos que me prestaron la casa para grabar, de la vecina que tuvo que aguantar ruidos a las 4 de la mañana, de la persona que me dio a conocer la existencia del concurso, de los que me han animado.... Espero no dejarme a nadie.

Es imposible nombrar a todos en los títulos de crédito. De ahí este post.

Muchas gracias.

Espero que éste sea el inicio de una larga y satisfactoria carrera. El tiempo lo dirá.

26 febrero 2010

Un profeta, agradable excepción

Estamos acostumbrados a ver un cine francés muy estereotipado. Quizá sea culpa de las distribuidoras, pero aquí llegan dramas sociales, familiares, comedias y algunas películas difíciles de clasificar que se podrían englobarse en la vaga categoría de "otra película francesa": ambientación natural, predominancia del dialogo sobre la acción, temáticas "elevadas", finales desconcertantes... Pienso en François Ozon, en Claude Chabrol, en Dominik Moll, en Laurent Cantet, en André Techiné.... La herencia de la Nouvelle vague es poderosa y pesada.

Por eso se agradecen películas como Un profeta, dirigida por Jacques Audiard. Un cinta que comparte muchos rasgos con Celda 211. Ambas son extravagancias en sus panoramas nacionales; ambas se inscriben en el subgénero de "drama carcelario" sin limitarse a él; las dos priman la acción sobre los diálogos; en las dos hay escenas relativamente duras; y, gracias a su excepcionalidad, las dos han arrasado en los premios de sus respectivos países (los César aún no se han celebrado pero Un profeta parte con 13 candidaturas).

La película cuenta la meteórica ascensión de un árabe iletrado que es encarcelado por un delito menor a capo de la mafia. En este sentido se asemeja mucho -quizá demasiado- a los mejores ejemplos estadounidenses del género: Uno de los nuestros, Scarface, Una historia del Bronx y, cómo no, El Padrino (la secuencia final de Un profeta es, mutatis mutandis, calcada a la secuencia final de la obra maestra de Coppola).



La historia principal funciona como un tiro. El joven ingenuo y temeroso de convierte en un inteligente y despiadado mafioso. Su cambio es también físico: viste elegante, camina recto, habla con propiedad y su mirada es fría como el metal que usa para matar. En contraposición, su maestro y protector -líder de la mafia corsa- acaba por ser un simple viejo que se sienta en un banco del patio de la cárcel a esperar a la muerte.

El trasfondo de la película muestra la lucha entre árabes y corsos y, en última instancia, el debate entre las distintas nacionalidades de los franceses (¿cuál es la esencia de Francia? preguntó hace unos meses Nicolás Sarkozy a sus "súbditos"). Este asunto puede ser de interés para los franceses pero a mí no me ha aportado mucho (al igual que la crítica hacia los presos de ETA en Celda 211 dirá poco o nada a espectadores de otros países). Aquí es donde Un profeta flaquea. Si se hubiera ceñido a la historia, habría ganado muchos puntos (y, de paso, podría haber recortado su excesiva duración)

Un profeta está nominada al Oscar como mejor película extranjera. Dudo que lo consiga. Este es el año de Haneke.

24 febrero 2010

Mulholland Drive, el placer de las imágenes

Durante muchos años, he intentado ver una película de David Lynch. Era un tipo raro, un director que rodaba películas misteriosas, difíciles de comprender. tanto, que nunca conseguí terminar una. A los 15 minutos comprobaba que, en efecto, aquello no tenía ni pies ni cabeza (influyó también que por entonces existía un formato llamado VHS; cada vez que alguien veía la cinta en cuestión en el reproductor, ésta perdía calidad: ver algo de David Lynch con mala calidad es una odisea).

Este verano logré ver The straight story (Una historia verdadera) y me encantó. Pero claro, es una excepción en su filmografía. Animado por las buenas críticas de Cahiers du Cinéma, hoy he visto Mulholland Drive. De nuevo, he salido fascinado.

Y digo "he salido" porque cuando la película acaba realmente abandono el particular mundo de este tipo. Un hombre que quizá debería estar en un psiquiátrico o atiborrado de pastillas frente al televisor. Pero los espectadores hemos tenido suerte y le han dejado colocarse tras una cámara.

Dicen que es difícil (por no decir imposible) entender Mulholland Drive, que hubo gente que pidió que le devolvieran el dinero a la salida del cine. Para facilitar la visión de la película, el propio director escribió unas "pistas". Son innecesarias.

En puridad, Mulholland Drive cuenta la historia una inocente chica que quiere ir a Hollywood para convertirse en actriz. Como en muchos casos, su aventura resultará un fracaso. Si se quiere, ésto es lo que intenta decir el señor Lynch.

Pero si no se quiere, también se puede ver la película como si fuera un cuadro o una pieza de música instrumental. Si no hubiera buscado por internet, no podría haber escrito el párrafo anterior: pero la película me habría gustado de todas formas. Las imágenes son poderosas, la música hipnotiza y las escenas más extravagantes se asumen como algo normal a medida que pasan los minutos. Toda la película sume al espectador en un mundo tan bello y irreal que resulta hostil. y, en ocasiones, aterrador.



¿Por qué hemos de buscarle un sentido, un argumento inteligible? ¿Acaso tiene sentido un cuadro de Miró? Sí, el que el crítico de turno quera darle. ¿Y ciertas novelas de Juan Goytisolo? Lo mismo. Susan Sontag tenía razón: "Al reducir la obra de arte a su contenido para luego interpretarlo, domesticamos la obra de arte."

Quizá también, como sostiene Peter Greenaway:
“Scorsese está pasado de moda y hace las mismas películas que D.W. Griffith a principios del siglo XX. Y El Señor de los Anillos y Harry Potter no son películas, sino libros ilustrados. El cine se basa en la novela del siglo XIX. Todavía estamos ilustrando a Jane Austen, ¡qué desperdicio de tiempo! (....) Hay que acabar con una idea fosilizada: que el cine es, obligatoriamente, narrativo. Una barbaridad similar a decir que un libro sólo puede ser novela, o un cuadro sólo realista”.

En este sentido, quizá David Lynch estaría haciendo nuevo cine.


PD: Muchos sólo saben de Mulholland Drive que hay una escena lésbica entre las dos protagonistas. En efecto, está muy bien hecha y cumple su objetivo. Pero es lo de menos.

19 febrero 2010

25 kilates de buen cine negro

En España se hace poco cine negro, y el que se hace no siempre se hace bien. Entre comedias, recuerdos y ficciones de la Guerra Civil y eso que llaman Transición, dramas sociales y amores malditos, hay poco espacio para los mafiosos, las pistolas y los diálogos afilados.

Algunos directores sí han logrado llevar el (segundo) género estadounidense por antonomasia a ambientes de Madrid, Bilbao o Marbella. Gente como Enrique Urbizu, Daniel Calpasoro o Imanol Uribe (el Imanol Uribe de Días contados, se entiende). Pocos más.


Por eso se agradece 25 kilates, la opera prima del guionista Patxi Amezcua. Un tipo inteligente que ha sabido dibujar una trama de policías corruptos, timadores de poca monta y sicarios a sueldo sin caer en estereotipos baratos, violencia gratuita, tacos ni sexo.

Los protagonistas son un treintañero que se define como "un cobrador el frac pero sin frac" y una joven que se dedica a robar coches con un curioso método y que hará todo lo que pueda para salvar a su padre de las balas de los policías.



Como en buena parte del cine negro, los malos son mejores personas que los que defienden la ley. Pero el director tiene el acierto de no convertirlos en héroes maniqueos. Son tipos que les ha tocado vivir en el lado salvaje de la vida: no alardean de ello pero tampoco se quejan, no se compadecen de sí mismos ni intentar salir de ese mundo y buscar un trabajo de 9 a 5.

Lo desconcertante (o no tanto) es que esta película haya pasado desapercibida. Quizá el boom de Celda 211 ha oscurecido su valía. De haberse estrenado el año pasado, quizá la hubieran visto más espectadores.

Cosas que pasan

14 febrero 2010

Mis favoritos para los Goya

Pues esta noche es, ejem, la gran noche del cine. Yo intentaré ver la gala vía online. Más que gana por disfrutar de Buenafuente. De todas formas, espero que ganen los siguientes (ya sé que esto no interesa a nadie más que al que rellena la quiniela, pero es divertido):

  • Mejor película: Celda 211
  • Mejor director: Daniel Monzón, por Celda 211
  • Mejor actor: Luis Tosar, por Celda 211
  • Mejor actriz: Penélope Cruz, por Los abrazos rotos
  • Mejor actor de reparto: Raúl Arévalo, por Gordos
  • Mejor actriz de reparto: Verónica Sánchez, por Gordos
  • Mejor actor revelación: Gorka Otxoa, por Pagafantas (como se lo den al de Yo también, me cabrearé mucho)
  • Mejor actriz revelación: Leticia Herrero, por Gordos
  • Mejor guión original: Daniel Sánchez Arévalo, por Gordos
  • Mejor guión adaptado: Daniel Monzón y Jorge Guerricaechevarria, por Celda 211
  • Mejor dirección novel: Borja Cobeaga, por Pagafantas
  • Mejor película hispanoamericana: El secreto de sus ojos (creo que sólo debería competir en esta categoría; ¿acaso no es argentina?)

12 febrero 2010

El discreto encanto de Luis Buñuel

Una de mis malas costumbres es descubrir mediterráneos. Por norma digo que no a cualquier sugerencia cultural, a cualquier propuesta de actividad novedosa, a cualquier cambio. Un tipo de costumbres, vamos. Luego el azar me lleva a escuchar ese grupo del que me hablaron, a leer ese libro que desprecié, a subir a ese caballo que tanto miedo me daba. Y, claro, me gusta. Pero, uno que es maniático, debe descubrirlo por mí mismo.

Mi penúltimo hallazgo ha sido Luis Buñuel, un cineasta por el que siempre he sentido un profundo rechazo. Por clásico, por surrealista y por aragonés.

Los clásicos me dan pereza -como a la mayoría, supongo- pero luego me fascinan. El surrealismo me interesó en mis años de estudiante , y terminé por despreciarlo, como he hecho con todas las vanguardias y corrientes artísticas (culpa en parte del sistema educativo, que transmite la idea de que la historia avanza a mejor y, por tanto, toda expresión cultural pasada es simplista y parte de bases erróneas). Del trío Dalí-Lorca-Buñuel, éste último era el que menos me interesaba, los otros eran más "vistosos": hoy me sucede lo contrario.

Por último, siempre he minusvalorado lo cercano: lo aragonés o español (¿será ésta una característica extendida por estos lares?). Por tanto, cuando tuve la oportunidad de asistir a las clases de Agustín Sánchez Vidal, el mayor experto en Buñuel, la tiré por la borda. Me dormía en una de sus clases y pensaba que era otro profesorzuelo que eligió a Buñuel por su origen, como tantos otros que se dedican a estudiar lo local como única forma de medrar en una universidad ya de por sí paleta. Por supuesto, me equivocaba.

Así que, después de ver 4 películas y leer sus memorias, entono un mea culpa y proclamo que es uno de mis directores favoritos. ¿Un genio? Bueno, no nos pongamos tan solemnes.



Ayer vi El discreto encanto de la burguesía y aún sigo asombrado. El argumento es simple, casi pueril; una de esas historias que inventamos en la soledad del insomnio o contamos a un amigo con la quinta cerveza en la mano. Un grupo de personas de mediana edad y de clase alta (el concepto burguesía no debe de ser el mismo en Francia que aquí) intentan comer y cenar juntos sin lograrlo; por una u otra razón -a cada cual más disparatada- deben levantarse de la mesa antes de haber llegado al segundo plato. Y Buñuel utiliza esta historia para dar rienda suelta a todas sus obsesiones, filias y fobias; para atacar a la Iglesia y hablar de la corrupción política; para contar anécdotas sucedidas en la realidad y para narrar extraños sueños.

Embajadores que trafican con cocaína, terroristas de pacotilla, coroneles acomodados, repúblicas bananeras, brutalidad policial, venganzas con décadas de retraso, mansiones habitadas por snobs, mujeres que se emborrachan a la primera copa, infidelidades, violencia sexual, vacío existencial... Todo esto aparece en la película. y, aunque parezca increíble, lo hace con fluidez, sin estridencias.


Uno de los aspectos más curiosos es el modo en que Buñuel introduce la corrupción política sorteando la censura. Cuando los personajes hablan de tráfico de drogas o un ministro obliga a un policía a saltarse la ley vemos sus bocas moverse, pero las palabras quedan sepultadas por el ruido de un avión o el tableteo de una máquina de escribir. (Aun así, los censores franquistas suprimieron una escena).

La imagen final, repetida varias veces a lo largo de la película, muestra a los 5 personajes -trajeados, seguros de sí mismos- caminando por una carretera vacía. ¿Hacia dónde? Hacia ningún sitio: sus vidas son vacías, sin sentido.

Lo dicho. Habrá que seguir la trayectoria de este tal Buñuel, de quien tanto se habla.

11 febrero 2010

The road: mejor la novela

Hace 3 años escribí un post sobre The Road. En él decía que era la mejor novela del siglo XXI. Hoy sigo pensando lo mismo. Es un libro poderoso, aterrador; la mejor obra de Cormac McCarthy. Recuerdo que tenía que detener la lectura cada pocas páginas; así de intensa es.

La película es bien diferente.

Para empezar, no me creo a ninguno de los protagonistas. Viggo Mortensen hace un esfuerzo físico tremendo, pero le falta algo: espiritualidad, quizás. El niño no da el pego, así de sencillo.

La fotografía está a cargo de Javier Aguirresarobe, un maestro en lo suyo. Aquí falla como una escopeta de feria. Pretende engrisecer toda la película, y lo consigue. Pero se pasa de frenada y por momentos todo parece demasiado irreal.


Si hay algo que no soporto es un cámara "nerviosa". The road -la novela- está contada desde la distancia, casi la indiferencia. Los hechos duelen porque son salvajes, porque la ley de la selva es cruel. No es necesario acercar la cámara, ni moverla de un lado a otro.



En cuanto a la historia en sí, me falta frío, hambre, nieve, sangre y canibalismo. Y echo en falta la tristeza infinita con la que salí del libro. Tiene su lógica. Cormac McCarthy puede escribir "asaban a un bebé", pero pocos espectadores soportarían la imagen de un crío de 5 meses ensartado como un pollo a l'ast mientras alguien lo hace girar encima de un fuego.

Pero quizá escribo todo esto porque el proyector el cine ha fallado, porque mi butaca estaba mal situada y porque hablaban en español y no en el idioma original. Quien pueda, que lea el libro. No se arrepentirá. Quien no quiera sufrir demasiado, que vea la película. En el fondo, merece la pena.

01 febrero 2010

¡Glorificado sea el dolor!

No quise verla cuando la estrenaron en cines y me he encontrado con ella por casualidad. A priori, Camino no me interesa lo mas mínimo. Las películas que "tratan temas" corren el peligro de deslizarse hacia el dogmatismo, la falsificación de datos y el maniqueísmo. Es el caso de ciertas películas de Ken loach, de Costa Gavras o Fernando León.

Esto no ocurre en Camino.

Javier Fesser -autor de El milagro de P.Tinto, una de las mejores comedias españolas de los últimos tiempos- no ha escrito una película sobre el Opus Dei, sino sobre la gestión del dolor y la muerte.

Camino es una niña preciosa y vital que sufre cáncer. No tiene ninguna posibilidad de vivir. En este sentido, no puede acusarse a los padres o a la Obra de matarla. De lo que sí se les debe acusar es de no ahorrarle sufrimiento, de regocijarse con su dolor y de impedirle disfrutar de sus últimos meses de vida. En esta entrevista, Fesser aporta más datos sobre esta tortura.



En ciertas escenas es imposible no odiar a la fanática madre -será difícil ver a Carmen Elías en otro papel- o sublevarse por las venenosas palabras de quienes la asesoran. Pero el director va más allá y crea personajes admirables, como el padre -que, después de presenciar la destrucción de su familia sin hacer nada por evitarlo, en el último momento comienza a rebelarse contra su esposa- o la amiga.

Ye-, la hermana, es la única nota de esperanza en la película. Una chica que cambió la vida real por las paredes de una casa del Opus Dei. Gracias a ella somos testigo del perverso funcionamiento de estas cárceles. Alienación, desprendimiento de la familia de sangre, secretismo, pasillos vacíos, cuartos austeros, silencio absoluto, obediencia, sumisión al hombre. Al final, el espectador se queda con la impresión de que la chica saldrá algún día de la secta. Ya ha dado los primeros pasos: tocar la guitarra de su adolescencia y fijarse en un bonito vestido.

En este sentido, Camino sirve para mostrar la dinámica del Opus Dei, unos comportamientos cuyos miembros se empeñan en ocultar. Si tanta vergüenza les da decir quienes son y cómo viven, por algo será.

Pero, por encima de todo, es una muy buena película.

29 enero 2010

Sin pies ni cabeza

Teniente corrupto, el remake dirigido por Werner Herzog, es una de las peores películas que he visto en los últimos meses. Se supone que es una revisión muy libre de otra llamada igual y dirigida por Abel Ferrara. No he visto la original, pero estoy seguro de que es muy superior.

En ésta un policía -interpretado por un Nicolas Cage más patético e incongruente que nunca- trata de revolver varios asesinatos cometido por un narcotraficante. Para conseguirlo, miente, roba, intimida y tortura. Mientras, trafica con todo tipo de drogas -le duele la espalda y, al parecer, el Vicodin o es suficiente-, extorsiona a jugadores de fútbol americano, engaña a jóvenes que disfrutan del sábado por la noche -y consigue sexo gratis de paso- defiende a su novia a golpes -una prostituta adicta a la cocaína- se enfrenta con su padre y con la novia de éste y pierde 15 mil dólares en apuestas deportivas.

¿Qué tiene que ver todo esto con el argumento de la película? Nada.




Dos escenas definen muy bien la sinrazón de la película. en una vemos trabajar a los policías a través de los ojos de una iguana que, nadie sabe cómo, ha ido a parar a un piso franco de la comisaría. En otra, un gángster dispara al cadáver de otro para que su espíritu, ejem, deje de bailar.

La mayor decepción llega al final. como s se tratara de una mala sitcom, en 2 minutos diversos personajes se acercan al protagonista y le dicen que todos los problemas -el crimen, las apestas, las amenazas- están solucionados.

Casi dos horas de aburrimiento para terminar así.

Al parecer, Herzog es famoso por sus excentricidades -grabó un vídeo en el que se comía su propio zapato- y ataques de ira -estuvo a punto de matar a Klaus Kinski, su actor fetiche. Pero un buen director debe hacer buenas películas. Y ésta no lo es. Me pregunto cómo serán las demás.

27 enero 2010

El séptimo sello y don Quijote

Siempre ocurre con los clásicos. Los presentan como insignes artistas cuya obra es sólo accesible a unos pocos. Películas y libros de obligado cumplimiento, pero de difícil comprensión. Puro elitismo en muchos casos.

Ayer me atreví a ver una película de Ingmar Bergman, El séptimo sello. Había sido durante años el símbolo del cine de calidad, del arte críptico, el maestro sueco en es esplendor. Una película realizada en banco y negro (cuando ya era posible realizarla en color) que trata de una partida de ajedrez entre un caballero medieval y la muerte. Uff.

En efecto, los 5 primeros minutos son densos. Playas desiertas, música religiosa, la muerte, la partida definitiva... Todo ese aura de intelectualidad metafísica se diluye en el preciso momento en que el escudero comienza a cantar una canción en favor de la vida terrenal. Desde entonces, la película se convierte en una feroz sátira contra la fe mal entendida y el fanatismo. Al final todos vamos a morir, pero lo importante es cómo vivimos.




A lo largo de 90 minutos hay escenas de humor negro ("¿Vais a quemar de noche a la bruja? Sí, pagan doble"), de humor machista, de farsa... Por momentos recuerda al Quijote y por momentos a Hamlet (en el buen sentido del recuerdo). La risa no está reñida con la calidad.

Pero claro, si los críticos no hubieran escrito sobre ella todo lo que han escrito, ¿estaría igual considerada?

26 enero 2010

Metamorfosis

Este 2010 va a ser un año de transición. Lo tengo bastante claro.

Cada cierto tiempo necesito cambiar de hobbies, de vicios, de ocupación. Durante unos año mi vida giró en torno a la literatura. Desde el verano de 2007 he vivido pendiente de la actualidad. Ahora sólo me interesa el cine.

Con un poco de suerte, es un decir, lograré escribir una película antes de fin de año. Con mucha suerte, quizá le interese a alguien y me pague por ella.

Mientras, pienso dedicar todo mi tiempo a ver películas, leer guiones y escribir. Eso significa que la actualidad queda relegada a un segundo plano.

La razón es simple: los políticos, sus decisiones y sus desidias me dan cada vez más asco. Son predecibles, y fariseos. Tampoco el comportamiento de la mayoría de los medios me anima.

Hasta ahora la sección más importante de este blog era la dedicada a Mundo. También Literatura era un apartado frecuente. A partir de ahora, escribiré más sobre cine.

Intentaré redactar unos párrafos de cada película que veo. Sólo por el puro placer de hablar de ellas. Quizá pierda lectores, quizá gane. Ahora mismo, es la única forma de seguir con este blog.

Sólo me surge una duda: ¿me convertiré en mariposa o en cucaracha? ¿O seguiré siendo una oruga con ínfulas? Ya se verá.

17 enero 2010

La cinta blanca no habla del nazismo

Dicen que la nueva película de Michael Haneke habla de los orígenes del nazismo. Falso. Dicen que deja el estómago y la mente encogidos. No es para tanto, mas dura es Funny games. Dicen que es su mejor película. Cierto.

La cinta blanca muestra la vida de un pueblo muy concreto en una fecha muy concreta. Un rincón de Alemania en 1913. En ella, Haneke, como los grandes artistas, profundiza en lo particular para hablar de lo general. Porque -no nos engañen con publicidad, por favor- lo que ocurría en ese lugar era moneda común en Europa. Y no sólo en 1913. el noble manda, el cura maneja las mentes, el médico maltrata y el maestro sobrevive.



Palizas, torturas, incesto, insultos, humillaciones, suicidio... Nada nuevo. Es cierto que los niños de la película, la crecer, serán nazis. Pero ¿y los niños franceses, españoles, ingleses?

La película es un retrato certero de los peligros de la incultura, la necedad, la opresión y el fanatismo. Michael Haneke ha sabido unir sus temas de siempre con unas bellas imágenes un montaje que sugiere en lugar de mostrar. En efecto, su mejor película.

16 enero 2010

Sherlock Holmes (para adolescentes)

Hay películas de aventuras para niños y películas de aventuras para adultos. En las primeras los personajes parecen complejos a primera vista -y así nos los quieren vender- pero son planos; la trama se enrevesa hasta que el espectador se pierde y necesita una explicación; los golpes, efectos especiales, peleas y batallas son un fin en sí mismo; los espectadores salen del cine diciendo "es entretenida" y "hay algo que no he entendido".

Las películas de aventuras para adultos son todo lo opuesto. Los personajes ganan fuerza y presencia a cada minuto; la trama es simple, pero recia, como un hilo de seda; los momentos de acción están justificados y se entiende quién pelea contra quién (y quién gana); l espectador sale del cine con la sensación de haber visto algo más que una película de aventuras.




Sherlock Holmes habla de un detective borracho, vago, sucio, mujeriego y cocainómano. A su lado tiene a un médico nada fiable y juntos deben enfrentarse a un asesino que ha vuelto de la tumba. Es una película de aventuras para niños.

UP (por ejemplo) es una película de animación en la que un entrañable anciano al que le van a quitar la casa vuela con ella (acompañado de un boy scout, un perro y un pájaro) hasta la otra punta del mundo para encontrar a su antiguo ídolo, el último gran explorador. Es una película de aventura para adultos.

Es muy difícil que me canse de ver en pantalla a dos actorazos como Robert Downey Jr. y Jude Law. Ayer lo hice.

28 diciembre 2009

Fuegos artificiales

Llevo varios días queriendo escribir sobre Avatar. La película más cara de la historia es un bodrio y, gracias a un corte de luz, pude salirme del cine a la mitad. La historia es predecible y los personajes dan risa. Su único interés es la tecnología 3D. Pero las gafas son muy pesadas y parece que lleves gafas de sol. Tanto color para nada.

Como digo, quería extenderme sobre el tema pero Jonás Trueba se me ha adelantado y ha expuesto estas mismas ideas en su blog. Mejor leerle a él.

Un amigo me dijo que teníamos que ver 'Avatar' tal y como James Cameron la había concebido, en tres dimensiones. Yo siempre he sido reticente al 3D, pero pensé que mi amigo tenía razón. Así que compramos nuestras entradas e hicimos la cola de rigor. Al llegar a la puerta de la sala, los acomodadores repartían gafas a cada uno de los espectadores. También un sobrecito con una toallita desinfectante para limpiarlas. Me senté en mi butaca y me dediqué a sacarles brillo mientras pasaba la publicidad. Descubrí a los príncipes de Asturias acomodándose al otro lado del pasillo, discretamente, cerca de la puerta de salida. Me gustó verles en el cine como una pareja normal, pero recordé que no íbamos a ver una película normal, sino algo fuera de lo común, 'una nueva cultura visual, y una nueva estética cinematográfica en 3D' en palabras del propio James Cameron, 'la película que marcará un antes y un después en la historia del cine'.

Recuerdo lo mucho que disfruté en su día películas como 'Titanic', 'Terminator (1 y 2)', 'Aliens, el regreso' y hasta 'Mentiras arriesgadas'. Pienso que James Cameron es un gran director de cine, que conoce los mecanismos del espectáculo, la tensión y el entretenimiento como pocos. Me gusta su lado artesano y científico, que le lleva a desarrollar e inventar nuevas cámaras estereoscópicas, en formatos de alta definición más portables; me gusta su apuesta por un cine de acción sin perder de vista la emoción, la belleza y las historias bien contadas. Lo que me parece contradictorio es ese discurso suyo a favor del progreso, la ciencia y la capacidad del ser humano para superarse, y esta película que parece pedir a gritos el regreso a los tiempos del hombre en taparrabos.


Cualquiera puede compartir una parte del mensaje ecologista que impregna toda la película, pero me resulta más complicado aplaudir la moraleja final, según la cual el hombre sólo parece tener un destino, que es volver a vivir en las ramas de los árboles. Así lo comprende un ex marine estadounidense que perdió las dos piernas en la selva de Venezuela (sic), y que gracias a la tecnología científica puede resucitar mentalmente en el cuerpo de un avatar que toma la forma de un Navi, uno de esos seres alienígenas que habitan Pandora. Los Navis tienen mucho de hombres primitivos, y algo de Hare Krishnas. Todo su mundo parece sacado de una película de Walt Disney, y sospecho que muchos niños y adolescentes van a disfrutar con estos seres azules fosforitos.

En el futuro que ha imaginado James Cameron, los humanos hemos agotado todos los recursos naturales de la Tierra, así que nos lanzamos a la conquista de un nuevo planeta llamado Pandora. Allí, una empresa estadounidense, secundada por la fuerza militar de un gigantesco ejército de mercenarios, se dedica a expoliar los recursos del planeta virgen. No es difícil ver un paralelismo entre el saqueo de Pandora y las últimas incursiones de Estados Unidos en Irak y Afganistán. Aquí también se invoca la guerra preventiva para tapar intereses más espurios, pero ninguno de esos paralelismos con nuestro presente hacen que la película sea más interesante; si acaso más simple.

Me sorprendió la falta de tensión y de ambigüedad en un director como Cameron, y ese mensaje maniqueo y pueril que subyace por debajo de toda la narración. Es verdad que 'Titanic' ya apuntaba maneras con esos camarotes de primera y de tercera pero, además de ser un espectáculo fabuloso, había una querencia por recrear unos hechos ocurridos, y sabía conducirnos con maestría hacía el más previsible de los finales. En 'Avatar' parece que el talento y la imaginación se hubieran agotado en la invención de Pandora. La técnica del croma y el 'e-motion capture' nunca estuvo más conseguida; y toda esa explosión de colores, flores, cielos, ríos, montañas.... parece un trabajo descomunal. Sin embargo, todo lo que articula este paisaje resulta previsible desde el principio; y según avanza la película, las peores previsiones se confirman.

Lo imprevisible es lo que sucede entre las secuencias, entre un plano y otro, en lo que se intuye o se adivina de las imágenes, quizá de un sólo gesto. En este sentido, películas como 'Singularidades de una chica rubia', de Manoel de Oliveira, o 'Mal día para pescar' de Álvaro Brechner, resultan mucho menos previsibles que 'Avatar'; y quizá debería estar escribiendo aquí de ellas en lugar de perder el tiempo con una película que no lo necesita.

15 noviembre 2009

Celdas

Ayer vi Celda 211 (una película de acción, pero también de denuncia) y hoy leo esta entrevista publicada hace ya un tiempo en La Vanguardia.

Las dos son muy recomendables.


24 septiembre 2009

Propuesta para Ignasi Guardans

No tengo muy claro si quiero escribir este post. No me considero un quejica ni un "luchador por los derechos de los minusválidos" (a partir de ahora, retrones). Pero ayer surgió un interesante debate en el blog del Guionista Hastiado y me apetece contar aquí mi opinión. Además, la actualidad internacional me da sopor y no he leído ningún buen libro últimamente.

La cosa va de la ley del cine. Por lo visto, a su presidente se le ha ocurrido la brillante idea de introducir la discriminación positiva a la hora de repartir ayudas. En igualdad de condiciones, calidad y presupuesto, las películas con "responsable o directora" mujer tendrán "un plus" en la concesión de hasta un 50% más.

Es decir, Juan y Luisa quieren dinero para rodar una película. Las dos son igual de buenas -o malas-, las dos tienen presupuesto parecido y las dos son igual de fácil -o difícil- de rodar. La pasta va para la película de Luisa.

El debate ya está en la red. ¿Es necesaria la discriminación positiva hacia la mujer? Hay opiniones para todos los gustos, pero yo creo que en el ámbito del cine esta medida es prescindible (hay otros aspectos donde la desigualdad de la mujer es más patente, y su solución más urgente).

Pero no me voy a meter en este berenjenal. Prefiero proponer -si es que de algo vale proponerlo aquí- la discriminación positiva para los retrones.

Para acceder a la Universidad, el gobierno nos reserva un porcentaje de plazas; también lo hace en ciertas oposiciones. Creo que es una medida adecuada y, hoy por hoy, necesaria. Después de -literalmente- siglos en la oscuridad, viene bien un empujón para salir a la luz pública. Con un poco de suerte, dentro de 30 años podrán eliminarse estas medidas (igual que se lo están planteando en EE.UU. con los negros).

¿Cuantos retrones hay en el mundo del cine? Pocos, muy pocos. (Y el Langui no cuenta; si te interpretas a ti mismo, no actúas. El Goya no fue por su trabajo, sino por el hecho de ser retrón. ¿Se lo darán este año a Pablo Pineda?)

Este año voy a cursar un máster de guión de cine; lo imparte la UAB y es online. Antes de verano solicité las ayudas a estudios artísticos que otorga la Diputacón Provincial de Zaragoza.

A la vuelta descubrí que mi solicitud había sido rechazada porque no era presencial. Me acerqué a protestar y la respuesta que me dieron me dejó estupefacto. Mi curso era online y, por tanto, no tenía cabida. Les expliqué que, debido a mi minusvalía, no podía trasladarme fuera de Zaragoza; también señalé que las bases no especificaban que los estudios tuvieran que ser presenciales. Después de mucho insistir, admitieron que nunca se había presentado un caso similar y, por tanto, no estaba contemplado.

En resumen: hasta ahora ningún retrón había solicitado una beca para cursar estudios artísticos, y para uno que se presenta, lo rechazan porque va a estudiar de la única forma posible en este país en el que escasean las escuelas de cine.

Por tanto, creo que el Ministerio deberá plantearse dar un plus a los cineastas retrones. Ya va siendo hora de que alguien recoja un Goya en silla de ruedas (y será divertido ver al tipo que entrega el premio ayudarle a subir las escaleras).

Lo peor de todo -lo más significativo- es que ni se les ha pasado por la cabeza la posibilidad.

Así no avanzamos.

(Y ya vale de hablar de mí, que ya van dos
posts seguidos. En el próximo voy a subirme al carro de PRISA y criticaré al gobierno de Zapatero...)

04 septiembre 2009

Coixet y el síndrome de La Moncloa

El José María Aznar que gobernó entre 1996 y 2000 no es el mismo José María Aznar que desgobernó hasta 2004. El primer Aznar entró casi de puntillas a La Moncloa, cuidando las miradas y comentarios. Hizo su trabajo como mejor creyó, y muchos ciudadanos se sintieron satisfechos con él. Una vez logró la mayoría absoluta, se soltó la melena, dejó de fingir que le importaba lo que decían de él, e hizo lo que realmente quería hacer. Se tomó a sí mismo demasiado en serio; se creyó su papel. Se le subió la fama y el poder a la cabeza.

Cambiemos el mundo de la política por el mundo del cine, cambiemos a José María por Isabel Coixet y tendremos un cuadro preciso de la trayectoria de a cineasta y de las razones por las que su última película es un pretenciosa, aburrida y, En última instancia, vacía.

Isabel Coixet es una cineasta muy personal: en cada una de sus películas podemos encontrar detalles, planos músicas y gestos escogidos por el puro placer de incluirlo en la película. No es algo exclusivo de ella: la obra entera de Tarantino es una excusa para hablar de las películas y canciones que le gustan; Almodóvar cuida mucho lo que lee, ve o escucha sus protagonista.

Pero una película es más que la suma de detalles personales, de guiños al público fiel. Los detalles son detalles, momentos puntuales que relajan al espectador de la trama para que sonría al recordar una música, un gesto, una imagen ya vista anteriormente. Mapa de los sonidos de Tokio no es tanto una película como una suma de detalles.



Coixet se ha creído su papel de artista cool y personalísima, ha olvidado que los espectadoras no fueron a ver La vida secreta de las palabras por la música de Antony and the Johnsons sino por la historia de amor que allí se contaba. En Mapa de los sonidos de Tokio (por cierto, está bien que los títulos sean bonitos, pero hay un límite) prima la música sobre la narración.

¿Qué cuenta, realmente la película? Intenta narrar -no lo logra- la historia de amor entre una asesina a sueldo y el hombre al que debe matar. Es una buena premisa (aunque el final esté claro demasiado pronto). Pero este argumento se ve difuminado y oscurecido por un anciano que, de cuando en cuando, habla en off y da su opinión sobe la chica y su aventura. Un anciano que se dedica a grabar los sonidos de Tokio. Un personaje sin ningún interés y, más aún, innecesario. ¿Quién es? ¿De dónde sale?

Un estorbo más.

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Como lo es Tokio en sí. Isabel Coixet se ha enamorado de la ciudad y quiere que sus espectadores también lo hagan. Para eso salpica -mancha- la película con planos, sonidos y escenas completas sobre el modo de vida japonés (el WC, el modo de comer ramen), sus extrañas costumbres (día del beso, día de la ira) o sus no-lugares (hoteles del amor, karaokes). Como si fuera las notas a pie de página de un ensayo. El protagonista dice en un momento dado que no hay diferencia entre los japoneses y los occidentales. Si no la hay ¿por qué mostrarla en pantalla?

Uno puede viajar a Japón a descubrir los nexos de unión entre las culturas, a comprobar que, efectivamente, la alegría y el llanto son iguales en Osaka que en Zaragoza; o puede ir con el dedo en alto señalando las diferencias y las "rarezas" de sus habitantes. Volverá a casa igual de vacío y lleno de prejuicios que se fue, y cuando hable de su viaje no incitará a sus amigos a ir a Japón. Es lo que sucede con Mapa de los sonidos de Tokio. Se esfuerza tanto en enseñarnos las "peculiaridades" del país que uno sale del cine sin ganas de visitarlo.

Otro estorbo, quizá el mayor, es la imagen. Hay películas maravillosas con planos sencillos y directos (Gran Torino), hay películas soberbias con planos complejos (las últimas de Almodóvar) y hay películas en las que el cineasta llena la pantalla de imágenes tan bonitas que acaban por empalagar. Es el caso de Mapa de los sonidos de Tokio. Está claro que Isabel Coixet sabe grabar planos bonitos, sabe dirigir a su fotógrafo y su cámara; sabe utilizar la música adecuada en el momento preciso. Pero ¿tiene que demostrarlo a cada segundo de la película? No. Definitivamente, no es necesario.

En la Historia de la Literatura existe un movimiento llamado Modernismo. Buscaba la perfección formal, la musicalidad, lo temas exóticos y la sensualidad. Fue un movimiento interesante en sus primeros años, pero terminó siendo un fin en sí mismo. Los modernistas buscaban la perfección y la belleza sólo por el placer de encontrarla. De tan bellos que eran sus poemas, eran insoportables.

Isabel Coixet podría haber caído en la misma trampa.



Su mejor película sigue siendo Cosas que nunca te dije. Una historia de amor con poco presupuesto, actores casi desconocidos y sin pretensiones. Lo demás son añadidos, ruido.

01 septiembre 2009

El dolor hecho arte

Hay ocasiones en las que sales del cine sin saber si la película te ha gustado o no. Durante el visionado andas más perdido que un pato en un garaje, debatiendo entre la estupefacción y la carcajada. Al terminar -una vez vistos los títulos de crédito:es imposible levantarte de la butaca-, llega la inevitable pregunta: ¿Qué diablos he visto? Sólo pasadas unas horas eres capaz de juzgarla con cierta serenidad y decidir, por fin, si es buena o no.

Me sucedió con El hijo, de los hermanos
Dardenne, o La pianista, de Michael Haneke. Y también con Ánticristo la última creación de Lars von Trier.


Todos hemos oído hablar de ella, y en general, para mal. Pero (don)
Lars se merece una oportunidad. Hay que entrar al cine libre de prejuicios, y dejar que las poderosas imágenes llenen nuestra cabeza de belleza, amor, odio, violencia y horror.

Con todo esto está construida Anticristo. La belleza del prólogo, uno de los inicios más bellos del c
ine reciente; el amor de la mujer hacia su hijo muerto; el odio entre la pareja; la violencia salvaje que practican sin poder evitarlo; y el horror, el horror de saber que la locura no hace excepciones.


Hay que olvidar todo la simbología barata que se ha escrito sobre la película. Pasar por alto también la simbología -no barata, sino innecesaria: un juego del director- que plaga la película. Tampoco el argumento o los diálogos son importantes. Anticristo es arte, la obra de arte de un genio que intenta salir de su locura.

Y el arte se siente, no se analiza. Llega a las entrañas y no deja indiferente.

14 mayo 2009

El poder de la masa

Hace unos años, en un concierto de U2, pensé, “Si ahora Bono dice: Matad a ese de la camisa azul, lo matan”. Tal era el poder que ejercía el cantante sobre los que asistían al concierto. 80 mil personas de diferentes países, lenguas, tendencias políticas... Su único rasgo en común era la música de U2. y sin embargo, durante 2 horas actuaron como una sola persona.

Esto, pensé, es el fascismo.

Mi habitual miedo hacia la masa se volvió pánico y decidí no asistir a ninguna manifestación y, en la medida de lo posible, conservar mi “individualidad” en acontecimientos multitudinarios. Ya apenas canto en los conciertos: disfruto del espectáculo y observo el comportamiento de la gente. Cuando por obligación social he de ver un partido de fútbol por televisión, intento comprender los motivos de sus gritos, de sus movimientos, sus alegría y tristezas. Hace unas semanas vi un Madrid-Barcelona en la televisión de un bar: pasé miedo.

Todo esto viene a raíz de la película La Ola, Die Welle. Un interesante trabajo que intenta dar respuesta a una sencilla pregunta: ¿es posible una nueva dictadura en Alemania? La respuesta, por supuesto, es sí. De hecho, es posible en cualquier país. El autoritarismo no entiende de fronteras.



Un profesor de instituto quiere demostrar esta teoría sus alumnos y les propone un juego. Durante una semana, crearán un grupo según los rasgos del autoritarismo: nombre, líder, uniforme, ideología... Como era previsible (aquí está el mayor fallo de la película; una vez establecida la premisa el espectador podría salir del cine, y resumir sin problemas todo el argumento), el proyecto se desborda y la Ola crece: de ser un puñado de estudiantes con las habituales rencillas entre sí, sus amores, filias y fobias, pasan a formar parte de una organización compacta y rechazan a quienes no forma parte de ella.

La misión del profesor, será entonces, destruir su propia creación (todas las películas nacen de un mito: esta puede venir de Frankenstein). No revelaré el final, aunque es fácil de imaginar.

Pese a esta previsibilidad, Die Welle es una buena película. Necesaria en un país con un pasado dictatorial. Al principio, un estudiante dice “Otra vez con Hitler, qué pesadez”. Si ese es el sentimiento generalizado, esta película es de obligado visionado en los institutos. Hay que estar alerta y recordar los rasgos del lobo, no sea que vuelva y nos coja desprevenidos.

La pregunta obligada es: ¿qué ocurriría de preguntar lo mismo a chavales de 17 años en España? ¿Sería también necesario un proyecto similar para ahuyentar toda tentación autoritaria?

Pensándolo bien, Die Welle debería formar parte del programa de Educación para la ciudadanía.