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19 junio 2009

Vicente Ferrer

obituario2

Hay hombres que luchan un día y son buenos;
hay otros que luchan un año y son mejores;
hay los que luchan muchos años y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida:
esos son imprescindibles.


Bertolt Bercht

22 mayo 2009

El fútbol es así

Me piden en la Universidad que escriba un texto sobre un tema que no conozca. Es decir, si no he visitado un museo, lo hago y escribo sobre la exposición, por ejemplo. Decido escribir sobre el Madrid-Barça de hace unas semanas. Es el primer partido de fútbol que veo completo en un bar. Y no por propia voluntad.

Me ha parecido divertido. Lo copio y pego aquí. (Esta semana ha sido interesante y no he tenido mucho tiempo para el blog; a ver si la que viene...)


Si la guerra es la continuación de la política por otros medios, el fútbol es la teatralización de esta guerra. Los espectadores de un partido de fútbol dejan de ser conciudadanos: son acérrimos seguidores de los 11 soldados que, sobre un campo verde, luchan por su honor. Los amigos ya no lo son tanto, la pareja es secundaria y quien no está interesado es un extraterrestre. El fútbol es la guerra y durante la guerra sólo importa una cosa: vencer.

El 2 de mayo San Carlos de la Rápita es un pueblo tomado por el fútbol. Hace calor, pero la playa está desierta. Como si fuera una desorganizada columna, cientos de personas marchan en orden por las calles. Van en busca de un refugio, un lugar donde ver un partido de fútbol. “El partido del año”, según un todavía alegre aficionado madridista.

Ocho amigos caminan a paso ligero por la costa. Hay un aficionado al Real Madrid y seis al Barça. La última persona es atea y, por primera vez en su vida, va a ver un partido de fútbol en un bar. Sólo hay un tema de conversación: las bromas y chisten giran en torno al partido, que una de ellos ya escucha a través de su móvil. Son amigos, pero las humoradas no sientan tan bien como por la mañana.

El primer bar que encuentran está ocupado por una boda. Hay una treintena de personas disfrazadas: traje, peinado, puros, banderas pintadas en la cara, pulseras del color de su equipo, camisetas blaugranas. Los hombres mayores mandan callar a sus mujeres, que beben refrescos con cara de hastío. Los hombres jóvenes comparten la ilusión con sus novias y gritan y gesticulan al unísono. Por fin, un par de preadolescentes mira el partido e imita los movimientos de sus mayores. Siempre a su vera, una chica trata de integrarse con frases escuchadas en boca de otros.

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En el grupo de amigos, la conversación se detiene durante el partido. Las únicas palabras que se oyen son referentes a los jugadores y al árbitro. Los culés sonríen y disfrutan del partido. El merengue se esconde al fondo del bar y fuma un cigarro tras otro. El ateo juega con su móvil y navega por la red. Las portadas de los periódicos son todas iguales y nadie le han mandado ningún correo.

Los invitados a la boda también sudan la camiseta. No corren pero sus piernas aporrean el suelo inquietas. Cada pocos minutos se levantan como un resorte de sus sillas, se llevan las manos a la cabeza y gritan el segundo lema oficial del deporte: “Uyyyy”. Sus caras se contraen y enrojecen, sus venas se hinchan; al terminar el juego estarán más despeinados que antes.

Llega la pausa y aprovechan para bailar una canción. Dentro, la novia los mira con cara de pocos amigos.

El primer lema de fútbol es una palabra de tres letras cuya pronunciación puede alargarse hasta el infinito. Durante el partido se marcan ocho goles, pero en San Carlos de la Rápita sólo se oyen seis. En cada ocasión el estruendo es unánime. Decenas de personas saltan de sus sillas y fuerzan sus pulmones y gargantas, agitan los brazos y se abrazan. Después de un breve respiro, comienzan los cánticos. El himno del equipo es el más escuchado, pero hay otros. El ateo comienza a sentir miedo cuando escucha por tercera vez “Madrid, cabrón, saluda al campeón”.

El final del partido agranda el silencio en el grupo de amigos. Los culés no contienen su alegría y se burlan del madridista. Los móviles escupen un mensaje tras otro. La mayoría son para el perdedor, que teclea furiosas respuestas.

El pueblo vuelve a la normalidad, las hordas regresan victoriosas a sus casas. Están cansados, pero felices. La guerra ha acabado y ellos han ganado.

En un restaurante del puerto, frente a una lubina a la sal, el merengue habla de la crisis con el ateo.

02 abril 2009

Final del extraño interludio

Se podría decir que ya estoy de vuelta. Después de 2 semanas out -una de ellas en el país de las maravillas-, vuelvo al mundo real.

De aquí a un par de semanas se podrá ver el fruto de este viaje. Espero no defraudar expectativas.

El mundo ha seguido girando, pero no ha cambiado. Acusaciones de corrupción, sucesos nauseabundos, rencillas periodísticas, anuncios vacíos... Lo de siempre. Por lo visto estos días hay una reunión importante en Londres. Toda Internet está pendiente. Yo no.

No me interesa lo que digan. No sé si es bueno o malo.

En el horizonte, nuevos libros, un buen concierto a medio plazo, un gran concierto a largo plazo, nuevas curiosidades, páginas por estudiar.

Lo malo de creerse a pie juntillas el poema de Kavafis es que, demasiadas veces, se cumple.

22 enero 2009

32 horas menos

Ya lo decían los clásicos, "Mens sana in corpore sano" (aunque su significado original no sea a que solemos utilizar). No hay nada mejor que una extraccción de la muela del juicio para abotargar la mente un par de días.

Ayer pasé una hora infernal en el dentista. Anestesiado, no sentí mucho dolor y pude conversar y bromear con el tipo que me iba a cobrar 200 euros por practicarme una "intervención".

Desde que abandoné la consulta, dejé de ser yo. Era un cuerpo dolorido, apático. Estas últimas 32 horas he dormido demasiado, he visto demasiadas series. Hasta hace poco no tenía fuerzas para leer ni escribir. Tampoco para hablar por teléfono.

He perdido algo más de un día de vida. Enough is enough.

Esta tarde he leído 80 páginas de este libro. Durante una hora he olvidado la muela que ya no tengo, los puntos, el mal sabor de boca y los problemas al tragar, hablar, comer o fumar. Para que luego hablen de las virtudes de los libros de evasión (tema para otro post).

Temino con otro clásico. "Nunca conocí ningún sufrimiento que una hora de lectura no aliviara". Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu.

Aquí una foto de mi boca, por si a alguien le interesa.

07 diciembre 2008

Miradas

Hace años, en el otoño de 2001, conocí a varias personas en Inglaterra. Eran españoles y de derechas. Por aquel entonces comenzaba a asomar la cara el verdadero George Bush y tuve unas cuantas discusiones políticas. Más de una vez -y más de diez- me tildaron de “extremista” (de izquierdas, por supuesto).

Mi pecado era dudar de la conveniencia de invadir Afganistán, mis simpatías por Amnistía Internacional, mi antipatía hacia la Iglesia Católica y y mi clara disposición a ampliar todos los derechos sociales posibles.

En en último año he conocido a varias personas que se declaran nacionalistas, es decir, consideran que Cataluña o Aragón son naciones y deben comportarse y ser tratadas como tales. Para ellos, soy nacionalista (español, claro). Les comenté mi gusto por UPyD, el nuevo partido de Rosa Díez y, creo que en sus adentros me llamaron conservador.

Ayer discutía con unos amigos qué aspectos de la Constitución cambiaríamos. Propuse eliminar las autonomías, suprimir cualquier beneficio a cualquier confesión religiosa, eliminar la pena de muerte, tachar el párrafo que erige al ejército en garante de la unidad nacional, permitir el estudio de todas las lenguas del España en cualquier punto del país, cambar la monarquía por república...

Después hablamos de la invasión de Irak y los vuelos hacia Guantánamo y propuse juzgar al cuarteto de las Azores (no hay que olvidar a Durao Barroso, anfitrión fantasma), así como a los altos cargos de as administraciones Aznar y Zapatero, para esclarecer si conocían que Estados Unidos sobrevolaba o aterrizaba en España con personas secuestradas a bordo. Me tacharon de anarquista.

No entiendo nada.

23 noviembre 2008

Todos los cuentos

La de ayer en Babelia es como la cuarta o quinta vez que leo sobre Storytelling, un ensayo que pretende demostrar, cómo los relatos han suplantado al análisis, simplificándolo todo y distorsionando la verdad.

Dice la editorial en la página web:

Christian Salmon desvela cómo una buena historia es la nueva arma de distracción masiva que los políticos utilizan para vender sus mensajes al público. Un libro de cabecera para entender cómo se construye la imagen de la actualidad: la narración como una manera de simular, convencer y movilizar a la opinión pública.

Desde hace unos años, el arte de contar historias se ha convertido en el arte de la manipulación. Comunicación política, construcción de imaginarios, mentiras sofisticadas, el storytelling resulta mucho más eficaz que la propaganda porque no pretende modificar las convicciones de la gente, sino que busca hacerla partícipe de una historia apasionante, de una gran novela. Apunta a la credulidad. Hemos pasado así —como afirma el autor— de la opinión pública a la emoción pública. Lo importante —continúa el autor— ya no es el debate de ideas, sino la regulación de las emociones.

Storytelling es en sí el arte de contar historias con un fin comercial, político, moral, religioso. Un arte peligroso que en manos de los gurús del capitalismo se ha convertido en un arma nuclear de comunicación.

Comparto la tesis fundamental: los políticos y los medios nos manipula con historias. Pero olvida algo importante: la narración es la base del conocimiento humano, de la civilización.

En el principio de los tiempos, el mito -luego transformado en religión y en verdad indiscutible- explicaba el origen del mundo y sus leyes fundamentales. Hoy, al parecer cansados de datos, de razón, de análisis de comparaciones, las historias han vuelto. No con la misma fuerza, es cierto, pero está aquí. El relato como símbolo, como esencia, como ejemplo. La anciana votante de Obama, la niña de Rajoy, las noticias que comienzan, “Luis García tiene 60 años y ha sido despedido de su empresa...”.

Las narraciones ayudan a entender. Ayudan a estar en el mundo. Los chistes, anécdotas, leyendas urbanas, ¿qué son si no relatos? Y estos pueden usarse para muy diferentes fines.

Leyendo sobre Storyteling, recordé este poma de León Felipe. En unos pocos versos dice lo mismo que el autor en 300 páginas.

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…

Y sé todos los cuentos.

07 noviembre 2008

¡Qué cuento tienen!

Hoy ha salido la siguiente noticia:

General Motors ha presentado sus resultados económicos del tercer trimestre, y asegura que su liquidez se acerca al mínimo necesario para poder trabajar. Ha obtenido unos beneficios de casi 38 mil millones de dólares, lo que supone pérdidas de 2.500 millones. El gerente de la compañía y los directivos de otras empresas del automóvil se reunieron ayer con la presidenta del Congreso de Estados Unidos para pedir la ayuda del Gobierno norteamericano. Sin ella, aseguran, peligra su supervivencia.

Una empresa obtiene 38 mil millones de dólares y dice que va mal. Repito, 38 mil millones dólares. Durante 3 meses. No sé cuál es el beneficio necesario para seguir tirando, pero mi instinto me dice que no tanto.

Quizá sea un malpensado, pero creo que esta empresa -y otras, muchas otras- se está aprovechando de la psicosis colectiva creada a raíz de la cacareada crisis económica. La factoría anuncia que "ha perdido" una millonada y que, en consecuencia, se ve obligada a despedir a parte de sus trabajadores. La Lógica, una rama de la Filosofía, sostiene que si la primera parte de una afirmación es falsa, su consecuencia también lo será. Se llama sofisma. Es lo que sucede en este caso. La empresa no "pierde" dinero; obtiene menos beneficios. Es distinto. Pero se escuda en esta mentira para despedir a sus tabajadores y, así, ganar dinero.

Pero esto no es suficiente, y la empresa -avariciosa, avariciosa- quiere aprovechar el momento. Ha visto que el gobierno ha ayudado a algunos bancos en quiebra y a otros en serias dificultades y ha pensado "yo también quiero". No hay nada como amenazar para conseguir algo. Sobre todo si eres poderoso. Sobre todo si te juntas con otros poderosos. Lo peor es que igual el goberno les echa un cable.

¡Qué vergüenza!

15 octubre 2008

Debate (o algo parecido) 2

Barack Obama. "Cuando tenía 8 años fui abducido por extraterrestres". Parodia del segundo debate entre Obama y McCain. Los parecidos físicos son flojos, pero hablan y actúan igual.


Debate (o algo parecido)

Sarah Palin: "El matimonio es una sagrada institución entre dos adolescentes que no se aman". Esta y otras perlas se pueden escuchar en el debate entre vicepresidentes organizado por Satuday Night Live. No hay subtítulos, pero merece la pena.


14 octubre 2008

Parecidos, según Manuel Vilas

Copio y pego un inteligente artículo de Manuel Vilas. Por cierto, su novela España es genial.

Se ha muerto un grande de América. Se ha muerto Paul Newman. Todos los grandes de América tienen su doble en el mundo hispánico. El mundo se ha hecho tan grande, hay tanta gente, que todo acaba teniendo dulces realidades paralelas. Por ejemplo, Paul Newman era en USA lo que aquí pudo ser Fernando Fernán Gómez. Sigamos con los dobles en un sentido moral. Nino Bravo es, sin duda, Johnny Cash. Elvis es Peret. Obama es Zapatero. George Bush es Fernando VII. ¿Y quién es Billy el Niño? Billy el Niño es el Che Guevara. Hillary es Sonsoles. Madonna es Paulina Rubio. El Cadillac es el Seat Toledo. Pepe Isbert es Humphrey Bogart. Charlton Heston es Mariano Rajoy. George Washington es Juan Carlos I. Abraham Lincoln es Líster. Joaquín Sabina es Bob Dylan. Luz Casal es Patti Smith. La Torre del Agua es el Empire State Building. Forrest Gump es Cantinflas. El General Custer es José Antonio Primo de Rivera. Hay una fiesta en los parecidos. Las Canarias son Hawai. Manolete es Clint Eastwood. Alfredo Landa es Dustin Hoffmann. Los países construyen identidades culturales. Federico García Lorca es Walt Whitman. El indio Jerónimo es Manolo Caracol. La tierra de “Dixie” es Andalucía. Curro Jiménez es Alan Ladd. Francisco Franco es, bueno, este es solo nuestro. Podemos intercambiarnos hasta una Guerra Civil y toda una literatura. Sí, adoramos América. Tienen más dinero y son más guapos. Veamos el caso de Francia. Paul Newman es allí Jean Paul Belmondo y Carla Bruni es Marylin Monroe, más o menos lo mismo que aquí. Veamos Italia: bueno, ojo, de allí son los Corleone. Y Elvis allí es mi querido Al Bano.

17 septiembre 2008

Apuntes para un estudio de la crisis económica

1

No soy economista, no sé mucho de flujos y reflujos financieros, no tengo acciones en ninguna empresa. Soy un ciudadano normal. No entiendo lo que ocurre. Pero entiendo lo que veo.

2
La crisis es un monstruo intangible con cientos de cabezas. Algunas sueltan veneno, otras están a la espera. Las hay pequeñas, tanto que sólo a posteriori hemos comprendido que ya nos hirieron. La crisis es una hidra invisible y acuosa. Se expande, está en todos los sectores, en las oficinas, en las casas, en las conversaciones, en los sueños. Todos hablan de ella pero nadie conoce su rostro, su origen, sus motivos. Ni el modo de matarla.

3
Su anuncio favoreció el doble-pensar en algunos políticos. Se dijo que bajar los impuestos era de izquierdas, que nadie saldría herido, que era una brisa pasajera. Pero sabían, lo terrible es que lo sabían, que la izquierda no debe reducir impuestos, que para muchos su sola mención provocaba llagas, que era un huracán. Su anuncio también favoreció la posición de otros políticos. Tuvieron que abrir la boca al máximo para meter en ella esas seis letras, lo hicieron. Olvidaron, como si nunca hubieran existido, sus viejos caballos de batalla. Se convirtieron en otros, se transformaron, renacieron y ganaron fuerza. Pero sabían, siempre lo supieron, que las palabras entran y salen de la boca con facilidad, que los viejos caballos de batalla aún cocean en la memoria de los ciudadanos, que si no fuera por la crisis, ellos estarían en números rojos.

4
Ahora la crisis nos envuelve en su manto oscuro, y las soluciones son parches que no convencen a nadie, ni siquiera a las mismas personas que los pegan con cuidado y temor. Su influyo convierte a los liberales en protectores y a los ricos egoístas en necesitados que suplican solidaridad. Las víctimas, sin embargo, no cambian.


5
La crisis acecha a todos, menos a algunos. Los de siempre. Algunos capean todas las tormentas con sus trabajos vitalicios, sus subidas de salario y sus fiestas de guardar. Otros se saben a salvo en sus despachos iluminados, visten sin preocupación sus trajes y revisan con gozo el informe que detalla su aumento anual de beneficios.

6
La frase "Si gano, para mí; si pierdo a medias", está camino de convertirse en lema mundial.

7
No sé muchas cosas, pero sé que algo falla.

16 julio 2008

De viaje

Puede parecer una boutade, pero no lo es. Hoy día, cuando más fácil es viajar, menos sentido tiene.

Internet ha puesto el mundo al alcance de la mano. Un click y estamos en el Museo Británico, otro y vemos decenas de fotografías de los Campos Elíseos, otro y podemos ver lo que queda del Muro de Berlín. No es lo mismo, dicen muchos. Cierto, no hay que aguantar filas, ni soportar la lluvia.

El turista tradicional ya no tiene razón de ser. Debería extinguirse por voluntad propia, pero continúa porque cree que es lo que se debe hacer, para no quedar mal a la vuelta del viaje. El turista mainstream viaja para hacerse una fotografía en el lugar que, le han dicho, “es muy bonito” o realizar esa actividad “tan interesante y simpática”. Va a Roma y se fotografía enfrente del Coliseo, a Pisa y se retrata sujetando la torre; a Amsterdam, y entra en un coffee shop para fumar un cigarro de marihuana; en Bruselas hay que comer chocolate, en España paella, en Francia hay que dar un paseo en barca por el Sena.

Todo ello, por supuesto, debe quedar debidamente registrado. Ya no se estila la videocámara, por fortuna la tortura de finales del siglo XX (“¿Quieres ver el vídeo de mis vacaciones en Grecia?”) pasó a la historia; pero ahora las cámaras son digitales: no se gasta carrete, no hay necesidad de revelarlas, el límite es la capacidad de tu tarjeta de memoria. Así que hacemos fotos y más fotos. Yo paseando por la Gran vía, yo en Harrods, yo imitando al Mannekin pis, yo comiendo un gofre, yo.... O bien: la catedral de Saint Peters, la Sagrada Familia, la Torre Eiffel, la Capilla Sixtina, los canales de Amsterdam, el...


Hay, en definitiva, dos tipos de registros gráficos: los que representan los edificios “que hay que ver”, y los que representan a uno mismo haciendo payasadas. Para los primeros, mucho mejor Internet. De cada monumento existen cientos de fotografías, la mayoría mejor que las que el turista haya podido hacer. Respecto a las segundas, tienen algo más de interés, pero tanto como para tomar un avión para hacerlas...

No voy a engañarme, yo también soy un turista mainstream. Aunque me estoy quitando. Lo intento. Estoy mejor.

Este fin de semana he estado con un amigo en Bruselas. Hemos visto la Grand Place, el Manneken pis, la catedral, los palacios, la fachada de la Ópera; hemos estado unas horas en Gante; hemos comido gofres y mejillones, hemos bebido cervezas de diferentes tipos; y hemos vuelto.

En mi teléfono móvil tengo exactamente 162 fotografías y 3 vídeos. Una parte importante corresponde a plazas, iglesias, vidrieras, canales y sitios turísticos varios. La minoría corresponden a mí y mi compañero de fatigas (se ha fatigado lo suyo) delante de catedrales, plazas, etc. Las que más me gustan, las que disfruté haciendo y revisaré de cuando en cuando, son las más personales. las que podrían haberse realizado en Zaragoza, en Bruselas o en un pueblo del Mediterráneo.

Así, lo mejor de los viajes son las cervezas tomadas en un bar en el que suena blues, los cigarros en un parque; los trayectos en tren y avión, observando y criticando a los pasajeros, la posibilidad de escuchar otros idiomas y de intentar hablarlos; las tiendas de discos, las tiendas de sombreros, las librerías; las belgas; las risas, las discusiones; el hambre, el frío y el cansancio.

Hay quien dice que para sentarse a tomar una cerveza no viaja 2000 kilómetros. Yo pienso diferente. De ahí la frase inicial, para viajar de turista, no viajo; para comer un cofre y mancharme chocolate, sí.

Rarezas de uno.

23 junio 2008

Mi no entender

Hay cosas que no entiendo. Cada vez más, de hecho. Ahora, sin embargo, me centraré sólo en una: el sentimiento de identidad colectivo (por llamarlo de algún modo) originado por el deporte.

Ayer, como todos saben, jugaron la selección española y la selección italiana de fútbol; para sorpresa y alegría de muchos, no todos, ganó España. Al menos, es lo que yo digo. “Ganó”, en tercera persona. O “ganaron”, refiriéndome a los jugadores.

Otros dicen “ganamos”. Es un detalle, pero me choca. Ayer participó una veintena de personas, más o menos. No 40 millones. Si escuchamos los informativos o leemos los periódicos, parece que todos estuviéramos en Austria. Y no fue así.

“Si llegamos a penaltis nos pegarán una paliza”, dijo un amigo mío. Curiosamente, hoy no llevaba ninguna marca en el rostro. Tampoco sudó mucho mientras veía la televisión y comía palomitas, (bueno, un poco sí: hacía calor).

Lo que más me fascina y me enfada al mismo tiempo es que se dice de un modo inconsciente. ¿Tanta afinidad hay con la selección española? ¿Tan españoles sienten? De normal, no lo creo. Peo seguro que a más de uno se le escapó un “Viva España”, (o un “arriba”); son frases que no suelen decir un domingo al filo de la medianoche y muertos de calor, pero ayer muchos las dirían.

Puedo llegar a entender (aunque con mucho, mucho esfuerzo) que guste que la selección del país en que uno nace o reside gane un partido importante, pero de ahí a creerse partícipe de la victoria, hay un paso. Quizá así uno se sienta más importante. Hoy parece que todos los españoles son muy felices; el día que un español gane el Nobel, saldré a la calle a gritar “¡Hemos ganado el Nobel! ¡Viva España! ¡Lo conseguimos! ¡¡Qué bien hemos escrito esta última novela, hostia!”.

No sé porqué, me da que igual se ríen de mí...


Nota. En una entrevista reciente, declaré que no creía que algún día escribiera sobre fútbol. Pues ya se ve...

23 diciembre 2007

Los peligros de la lectura

Tras el usual demoledor informe PISA, la ministra de Educación dijo que no leer era peor que fumar. Coincido con Rafael Reig en su comentario: depende de lo que leas y depende de lo que fumes. En cualquier caso, elogiar la lectura nunca ha sido un eficaz incentivo para aquellos jóvenes no lectores.

Antes de entrar en metodologías varias, hay que matizar aquello de que la mayoría de los jóvenes no lee nunca. ¿Acaso antes la cosa era distinta? ¿Tanto ha transformado Internet la vida de la juventud?

Me temo que nada cambia. Es muy posible que el porcentaje de lectores no haya variado en 200 años. Así que hoy, por pura demografía, hay más lectores que antes. Si hacemos memoria y recordamos nuestros años de colegio, podemos contar –seguramente con los dedos de la mano– el número de personas que leían algo más que cómics o revistas eróticas. Y, mal que les pese a algunos, muchas de esas personas no han acabado sumidas en la vorágine de la droga o los trabajos temporales; antes bien, conozco a unos cuantos que han acabado con trabajo fijo y ganando más dinero del que voy a ver yo en mi trabajo como redactor (por muchos periódicos que lea).

Leer debe de ser muy sano. Pero yo no leo por eso. Sería estúpido, una actividad ingrata autoimpuesta en aras de de una hipotética salud mental. ¡Vamos! Ya tengo basante con comer verdura 3 veces por semana.

Nadie en su sano juicio lee porque es bueno (y si lo hace demuestra que no está en su sano juicio). Lee porque es divertido. Punto. Que además viene bien para... no sé muy bien para qué, la verdad, leer a Coetzee o a Marías debe de ser una de las actividades más inútiles del mundo (y las más gratificantes); que viene bien para algo, perfecto. Es como el niño raro que al gusta la verdura y el pescado: genial, disfruta y come de forma saludable.

Pero si se impone la lectura como a mí me imponían la verdura... mal camino. No hay nada peor que decirle a un chaval, “Lee un capítulo y podrás ver la tele”. Asociación automática: leer es el palo y la tele la zanahoria. Cuando él sea capaz de coger la zanahoria por sí mismo, ¿alguien cree que se autoflagelará antes de darse el premio?

Copio un un divertido decálogo que he encontrado aquí y que puede animar a algún joven a abrir un libro. La clave, hacer intersante la lectura; y no hay nada más interesante que lo prohibido. (Quizá a la siguiente generación deberían darles cigarrillos en su primera comunión; es posible que así no los robasen a sus padres años después para fumarlos a escondidas y se ahorrasen muchos cánceres de pulmón.)


lector


1.- Quienes leen mucho acaban ciegos. Primero son esas gafitas de intelectual, luego las de culo de vaso y acabas como Galdós o Borges, contratando a una tierna manceba que te lea a los pies de la cama.

2.- Quienes leen mucho acaban trastornados. Como don Quijote, o Cela. Una alumna mía me decía que hay por ahí un tonto ambulante que se quedó así de tanto estudiar. Al parecer se tomaba todo tipo de psicotrópicos para mantenerse despierto mientras leía y leía.

3.- Leer agota tu economía. Los libros son caros y no se pueden bajar con el emule. Los que están en internet son clásicos y por tanto largos, así que si los lees en la pantalla todavía te quedas más ciego (ver punto 1).

4.- Leer complica la vida doméstica. Acumular libros se convierte en una obsesión que requiere espacio, metros de estanterías desordenadas, dolorosas cajas en el trastero, mesitas de noche polvorientas... Con la amenaza de cónyuges o hijos: "Elige, los libros o nosotros". Y esa pregunta estúpida de las visitas no lectoras: "¿Te los has leído todos?"

5.- Leer complica la vida amorosa. "¿Todavías estás leyendo? Pues me duermo..."

6.- La lectura suele ser fuente de toda infelicidad. Quien no lee no tiene más punto de vista que el que le ofrece su cadena de televisión habitual, su peluquero, su estanquera o su compañero de cañas. No necesita contrastar visiones distintas de un hecho, ni ponerse en lugar del otro. Asume que la realidad es plana. Y es feliz.

7.- Los libros generan frustración. La lectura te muestra vidas que nunca llegarás a vivir y lugares que nunca conocerás. Te permite imaginar a los personajes y lugares de las historias del modo que tú quieres. Luego vienen los de Hollywood y te plantan al guapo de turno en unos paisajes de Nueva Zelanda que te cagas, y ya está, tu gozo imaginado en un pozo, porque cómo explicas a los espectadores de la sala que lo que tú habías imaginado era mejor.

8.- La lectura es algo lento y repetitivo. A ver, ¿qué ha cambiado en la lectura en los últimos dos o tres milenios? ¿Leemos más rápido? ¿Se lee a través, renglón sí, renglón no? Nada. Siempre igual, una línea detrás de otra. Y encima hay que esperar más de una hora (una semana, un mes) para que nos cuenten el encuentro amoroso de una pareja, el remordimiento por un crimen, la frustración por una vida anodina, la conquista de una libertad.

9.- Leer no sirve para obtener admiración. Por si alguien no se ha enterado, ser buen lector no cotiza en la bolsa de la vida social. Que alguien cite a buenos lectores que salgan en la tele: ... (silencio prolongado). Antes, con lo de mayo del 68 y todo eso, aún se ligaba citando a Camus, a Brecht, a Quevedo. Pero ahora, como no cites a Jaime Peñafiel...

10.- La lectura no está al alcance de todos. Digan lo que digan, el placer de leer está reservado a unos pocos. Son esos pocos los que gozan casi pecaminosamente cuando descifran un clásico, cuando sienten las pasiones que se imaginaron hace siglos para que les lleguen a ellos casi en exclusiva, cuando se quedan varios días en estado de shock después de leer buenas novelas, cuando se estremecen leyendo un poema, cuando lloran o ríen entre líneas, cuando recomiendan furtivos lecturas que no se venden en Carrefour, cuando no pueden salir de casa sin un libro en el bolsillo, cuando miden sus vidas por los libros que leyeron en cada época... Son una élite, peligrosa y exquisita, que procura captar miembros para su secta, pero que también sabe que muy pocos serán los elegidos.


20 noviembre 2007

La lengua de Hitler (y de Goethe)

Camino de su muerte en un campo de concentración, un personaje de Vida y destino piensa, “La lengua de Goethe sonaba horrible en medio de la noche en las estacionnes rusas”.

Durante varios años estudié alemán, un idioma que adoro. Para mí es mucho más interesante que el inglés y, aquí viene las discusiones, suena mejor que el inmerecidamente afamado francés. Es más interesante que la lingua franca actual por el sencillo motivo de que el alemán es un idioma más complejo en su sintaxis y preciso en su léxico; si bien cuesta más aprenderlo, la satisfacción al pronunciar una frase o leer un texto es mayor que hacerlo en inglés.

Y la razón de que a mí me suene mejor que el francés es una simple cuestión de gustos (o de genes). Hay una teoría que viene a decir que, en temas de idiomas, hay gente “del sur” y gente “del norte” (seguramente existirán términos más científicos). Es decir, que hay quienes prefieren el francés, italiano o catalán (y tienen facilidad para aprenderlos), y quienes se decantan por el inglés y el alemán (y a veces el ruso). Esto es muy faci lde comprobar en cualquier Escuela de Idiomas. Yo soy “del norte”.

Fuera del campo de los interesados en las lenguas extranjeras (es decir, el grueso de la población), existe la impresión de que el alemán es un idioma feo y rudo. Los comentarios usuales son del tipo “parece que están insultando”, “las palabras son como gritos y órdenes”.

Siempre he pensado que la culpa de esta impresión, para mí erróna, la tiene el nazismo (y, en menor medida, Hollywood). A un nivel superficial, la asocación “aemán” y “Hitler” es inmediata; pocos piensan que es la lengua de Goethe, de Günter Grass, de Wagner o Beethoven. La secuencia ilógica es: el alemán era la lengua que hablaban los nazis; los nazis insultaban y daban órdenes; el alemán sirve, primordialmente para insultar y dar órdenes; y a eso suena.

Por supuesto, pocas personas han escuchado hablar a un nazi de verdad, si acaso algún breve fragmento de un discurso de Hitler. La mayoría escuchamos hablar alemán por primera vez en una película sobre la II Guerra Mundial producida en Estados Unidos. Así, parte de la culpa de este germanofobia debe recaer en Hollywood.

En 1939 había dos países fascistas, pero nadie recuerda a Italia, y el italiano es un idioma “musical”. ¿La razón? El muy menor número de películas en que los “malos” eran los italianos (incluso en una película sobre el fascimo en Italia, La vida es bella, los “malos” siguen siendo los alemanes).

Invito aquí a escuchar varios vídeos en alemán. El pimero es un fragmento de El triunfo de la voluntad, la película en la que que Leni Riefenstahl glorifica al partido nazi.


El segundo es una canción llamada Est ist an der Zeit; está cantada por Hannes Wader y Kostantin Wecker, dos cantautores alemanes, y narra la muerte de un soldado en la batalla.



El tercer vídeo lleva por título Wozu sind Krige da; en español, Para qué sirven las guerras (da una idea de su mensaje).




La misma lengua, diferentes ensajes, diferentes sonidos.

Es curioso, los mismos que intentaron glorificar a Alemania destruyeron la fama de su lengua.

11 noviembre 2007

Usureros!

Ley de la Represión de la Usura, de 1908: “Usura es todo contrato de préstamo en que se estipule un interés desproporcionado con las circunstancias del caso”. Esta definición –y su páctica– sigue vigente un siglo después.

Cada mañana, en los intermedios de programas informativos como La mirada Crítica o Los desayunos de TVE, empresas usureras nos bombardean con anuncios de dinero fácil.

“Hasta 6 mil euros en 24 horas, con los mínimos trámites y sin cambiar de banco”. “El dinero donde usted decide”. “Si necesitas dinero para disfrutar de lo que siempre has soñado, cuenta con nosotros”.

Lo que no dicen tan alto ni tan claro es el interés que cobran por los préstamos. El dinero lo consigues rápido, pero tardarás mucho en pagarlo. Según un artículo del diario Público, un préstamo de 6 mil euros (la cantidad que suelen anuncian estas empresas) puede costar 3 mil euros más que en un banco normal. La Caixa cobra un 8'75% de interés; Cofidis un 23%. Eso sí, hay que acercarse mucho a la pantalla para leerlo.

Estas empresas –me resisto a llamarlos bancos, aunque algunos ya dispongan de sus departamentos dedicados a este lucrativo negocio– no hacen preguntas. Llamas por teléfono, pides tu dinero y en 24 horas lo tienes en tu cuenta. Después, terminas pagando la lavadora o la comunión de la niña durante mucho, mucho tiempo.

Y digo lavadora y comunión en lugar de máster o vacaciones en el Caribe porque no debemos olvidar a quién van dirigidos estos anuncios. Todos concentrados por las mañanas –del mismo modo que los anuncios eróticos se emiten tras la medianoche–, su público potencial son las amas de casa, los parados y las personas no acostumbradas a verse en un apuro financiero. Si lo que normalmente se denomina “clase media” no suele cae en estos engaños, para muchas personas con pocos recursos son la única forma de recibir un préstamo. Y, visto el dineral que se gastan en publicidad (50 millones de euros anuales) es de creer que tienen muchos clientes.


Durante décadas, los periódicos han ganado dinero a espuertas con los anuncios casificados como relax (prostitución); en la actualidad ya hay, que yo sepa, dos diarios que se niegan a publicar este tipo de anuncios. Quizá sea hora de que las televisiones piensen un poco, sólo un poco, en los ciudadanos y cuelguen el teléfono cuando esta gentuza llame para contratar 30 segundos de publicidad.

O, pensándolo bien, quizá también sea hora de que los bancos cambien de actitud. En lugar der crear divisiones usureras (Santander tiene que competir con Cofidis y su solución es inventarse Crediágil), podrían suavizar los requisitos para otorgar préstamos. Los bancos se escudan en que los clientes no devolverán el dinero, pero resulta que, en este negocio, sólo hay un 3% de morosos.

Al final, pierden los de siempre. El rico se enriquece y el pobre se empobrece.

29 octubre 2007

Diferencias

Hay quien ha criticado la ausencia de Bob Dylan en la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias. En fin.

¿De veras pensaba alguien que iba a suspender su gira interminable para asistir con pajarita a una ceremonia de la que unca ha oído hablar para recibir un premio que no le importa lo más mínimo? Bastante hará si le dice a su manager “La próxima vez que vayamos a Europa, mira a ver si me consigues unos shows en España; que parece ser que me han dado un premio o algo; eso me dijero los de prensa”.

Javier Ortiz escribe hoy que Dylan es un “iconoclasta”, un “gamberro”. Realmente Dylan es lo que yo llamo un "tocapelotas"; siempre hará lo contrario a lo que se espera de él y buscará la provocación por puro placer.

De todas formas, deberíamos separar entre arte y comportamientos de artistas. Muchos critican a Dylan, Van Morrison, Sabina, Bunbury, Martin Amis... ¿acaso Wagner, Proust o el mismo Cervantes fueron más "formales"? ¿Acaso importa?

Aquellos que se escudan en el comportamiento de un artista (a menudo critican comportamientos superficiales, no ideologías políticas o actitudes repugnantes; hablarán mal de Sabina y sus placeres ilegales o sus boutades, no de la connivencia de Silvio Rodríguez con el Castrismo) para criticar su arte no saben diferenciar forma de fondo.

Cuando me siento a escuchar a Dylan, sólo siento su poesía. Con eso basta.