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05 enero 2009

El futuro

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Hay otras fotografías que reflejan mejor esta invasión. Imágenes de muertos, de heridos, de casas destrozadas y niños aterrorizados. Del lado israelí, sólo vemos carros de combate, políticos indignos, soldados decididos a matar para defender su Lebensraum.

Pero en estos jóvenes no veo decisión alguna. Son apenas adolescentes, miembros por tradición, costumbre y, quizás, patriotismo de un ejército que les envía a matar inocentes. La imagen está tomada de noche, una vez terminada su parte del ataque. Vuelven al campamento exhaustos, impactados por lo que han visto, humillados por lo que han hecho. Se repiten que es su deber, que los muertos eran terroristas. Pero hay quien sabe -el segundo por la izquierda, esa mirada ya está perdida- que no es así; que eran personas inocentes. Y que nunca podrá olvidar sus rostros.

Este grupo de soldados son la esperanza de Israel. Si tienen la voluntad suficiente, ellos construirán un futuro de paz.

(O puede que me equivoque y minutos después de ser retratados festejasen a matanza con champán y mujeres. Prefiero la primera hipótesis)

14 diciembre 2008

Representación

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Esto no es sólo un hombre fotografiando una fotografía. Es mucho más. Puede entenderse como un símbolo de la decadencia de la memoria y la imaginación. Quizá sea la señal defintiva de que la representación ha superado a la realidad. Lo que no se ve no existe, se decía en el pasado. Ahora -éste es un "ahora" bastante dilatado- es diferente: lo que no se representa, no existe.

Ha salido en televisión, ergo es cierto. Hay imágenes, ergo es cierto. En 20 años, empezaremos a dudar de la Historia. En 40 la habrán cambiado a su antojo. Nuestra memoria no servirá. Además, estará desengrasada.

Para ser real, la realidad debe ser transformada en representación. Y, si es posible, luego compartida.


Empezó con las grabaciones de las vacaciones y ha terminado con los milones de vídeos y fotgrafías que nadan en la red. Si no se graba, si no se muestra, cabe el peligro de olvidar. O de que no te crean. ¿Estuviste en el año 2001 en Nueva York? Claro, tengo fotos. ¿Son bonitas las instantáneas de Korda? Sí, mira ésta.

29 septiembre 2008

Imagen y palabra

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Esta era la imagen de portada del Huffinton Post a media tarde. Una tormenta acecha a la Casa Blanca. Las nubes oscuras no prometen nada bueno. Nosotros lo vemos, pero en su interior quizá no se percaten de la que se avecina. El edificio permanece inmutable, sin mostrar inquietud ni nerviosismo.

A estas horas, la imagen es muy diferente. La tormenta ya ha estallado. El inquilino ha salido a pasear y se está mojando. Todos nos estamos mojando. Ha pedido un paraguas y se lo han denegado. Quizá fuera un abuso pedir un paraguas. Pero está claro que no todos tenemos que sufrir el chaparrón.

29 agosto 2008

Lector público

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Siempre es bonito ver cómo lee una persona. No hay dos iguales. De ahí estas fotografías, extraídas el libro On reading, del fotógrafo André Kertész, hermano del escritor Imre (y conseguidas vía Papel en blanco).


La lectura es un acto sumamente privado, casi secreto. El lector se sumerge en las páginas del libro y sus sentimientos cambian a cada párrafo. Su rostro, en ocasiones, también. De mismo modo que el niño que sueña y se agita en la cama, ahora sonríe, ahora cierra con fuerza las manos, así el lector.

Y sin embargo, hay quienes leen en público, a la vista de todos. Tópico ya es el lector del metro o el tren. Más raro es ver a una persona caminar por la calle y leer al mismo tiempo. Éstos, quizá, sean los más exigentes lectores. No les importa caerse o tropezar con tal de permanecer dentro del libro.

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Un lector siempre tratará de averiguar qué libro lee otro lector. Probará mil posturas de cuello para ver el título, o al menos el autor; a veces con la cubierta es suficiente. Si es un buen libro, si ya lo conoce, la sonrisa es inevitable. Hay quien se anima y, a modo de despedida y con un gesto de complicidad, dice, “Muy buen libro”.

Otros preguntan, así, sin más. En ocasiones puede ser un modo de entablar conversación en una sala de espera, en ocasiones una estrategia para conocer a la persona ideal. Yo no lo hago. He descubierto demasiadas personas leyendo veneno. Cuando una persona dice “Me gusta leer”, echo a temblar. Sólo los consumidores ocasionales fanfarronean de ello. Los verdaderos adictos no proclaman su adicción a los cuatro vientos.

18 julio 2008

Olvido

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En el pie de esta fotografía se lee “El Rey y Adolfo Suárez pasean durante su encuentro. (A.S.I.)”. Las siglas son de Adolfo Suárez Illana, hijo del ex presidente. Pero el pie de foto es falso. No están paseando. Están posando. Mejor, Suárez hijo y Juan Carlos engañan a Suárez padre para que pose. De no hacerse así, no habría foto.

Al ver esta imagen, me pregunto si de verdad quiso el Rey visitar al ex presidente. Quizá fuera una obligación más; puede que especialmente pesada, mucho más difícil de cumplir que sonreír a unos colegiales. ¿De qué hablaron? De nada, por supuesto. Según ABC, “la enfermedad, una demencia senil degenerativa, ha robado a Adolfo Suárez la capacidad de dialogar”. No sabe hablar, ya tampoco reconoce a nadie. Sólo reacciona ante ciertas muestras de cariño. De nuevo según ABC, “Doña Sofía llamó «guapo» a Suárez, palabra que fue recibida con mucha alegría”.

Charlaron los adultos. Los Reyes y los hijos del ex presidente. Igual que cuando uno es pequeño y los padres cenan con sus amigos -“niño, deja ya de joder con pelota”. Suárez está vestido para la ocasión, incómodo -de diario lleva chándal, para qué se va a poner traje un hombre que no sabe quién es- y sentado muy quieto en un cómodo sillón -le han dado instrucciones precisas, “si te portas bien, te daremos helado para cenar”-. Los adultos no hablan de política. No es oportuno. Hablan de él, del mudo, pero no le miran. Como si no estuviera. De hecho, no lo está.

Al segundo silencio incómodo, su hijo lo levanta, “Vamos al jardín”. Se deja hacer, un poco por inercia, un poco por el difuso recuerdo de una promesa. Allí el visitante le pasa la mano por el hombro, Suárez le mira, pero no lo reconoce. Tampoco es fácil, el hombre mira a otro lado, casi avergonzado.

Al fondo se oye un grito, “Ya está la foto”. El Rey baja el brazo, y mira el reloj. Sólo entonces mira por primera vez a los ojos del ex presidente. Cinco minutos después, se acaba la visita.

05 julio 2008

En soledad

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Dentro de seis meses este hombre dejará de ser presidente de Estados Unidos. Ya no será el líder del mundo libre.

Este hombre es consciente de los sentimientos que provoca. Lo comprueba cada día. Pero hoy es especial; hoy debería haber sido diferente, y no ha sido así. Después del tradicional discurso del 4 de julio, -¡el Día de la Independencia, por Dios!, ¿no van a respetar nada?- vuelve a la residencia con la cabeza gacha y el ánimo caído.

No sabe que aún le espera otra mala noticia. Que ni sus compañeros le quieren. Que su figura, su nombre y su recuerdo suponen una carga. Quiere quedarse en casa para siempre. Es grande, puede trabajar desde allí. Las salidas al exterior sólo traen problemas.

Faltan seis meses, se dice. Ya queda menos.

13 junio 2008

Amigos para siempre

Quizá sea ésta la última imagen que los europeos recuerden de Bush.

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Un hombre que estuvo al borde del abismo del alchol y la indigencia, un hombre que desayuna y habla con Dios todos los días, un hombre al que el poder ha envejecido, un hombre que cree con sinceridad que sus acciones son correctas -por mucho que se equivoque las más de las veces-, un hombre, en definitiva que bien podría simbolizar el sueño americano, abraza a otro que es su igual y su opuesto, un hombre que siempre ha perseguido con éxito el dinero, que desayuna con Dios, pero puede cenar a gust con el Diablo, que rejuvenece cada pocos meses, que sabe con fría certeza que sus acciones no son las adecuadas, un cínico vividor, la mezcla perfecta entre Casanova, Maquiavelo y Fausto.

Dos de los hombres más odiados por los ciudadanos europeos sonríen en su último encuentro oficial. Mirando esta fotografía, sólo se puede decir, “Por fin se va”. Aunque todavía nos queda el otro.