27 agosto 2009

El amigo colombiano

Estos días, los ciudadanos hemos podido comprobar una vez más la doble e hipócrita moral de los medios de comunicación. Y utilizo la palabra moral por costumbre, pues, salvo excepciones, carecen de ella.

El tema no es especialmente importante para el espectador o lector de periódicos medio. No va a cambiar nada en nuestras vidas. Pero quizá por ello podamos tomar cierta distancia y comparar: cómo son las cosas y cómo nos las presentan.

El congreso de Colombia está a unto de dar el visto bueno a un referéndum por el cual los ciudadanos votaran si quieren que el presidente de la República pueda presentarse a un tercer mandato. Si los colombianos dicen que sí, habría que cambiar la constitución. Nada que objetar por mi parte.

Grosso modo, todas las cartas magnas de América Latina tienen muchos lastres de anteriores gobiernos, en su mayoría autoritarios. Uno de estos lastres es, precisamente, el límite a la reelección (curioso: un dictador redacta una ley para que su sucesor -demócrata en teoría- no pueda gobernar más de 4 años seguidos).

Mis reparos no vienen del hecho en sí, sino de la forma de informar sobre él. Lo decía antes de vacaciones: la mayoría de los gobernantes que intentan cambiar las leyes pretenden “perpetuarse en el poder” (según los medios españoles, claro). Pero Álvaro Uribe no.

El presidente de Colombia es un hombre honrado, decente, un demócrata de toda la vida. ¿Cómo va Uribe, con esa cara de niño bueno que da ser amigo del Imperio, esa sonrisa frnca y esa mano tendida, esa vooz calada que nunca amenaza, sólo cumple; cómo va el bueno de Álvaro, que no se mete ni con Europa, ni pretende revolucionar el continente, ni tienes ideas raras en la cabeza; Uribe, ese liberal de pro, siempre trajeado, cómo va él a querer perpetuarse en el poder? No hombre no.

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Lo que pasa es que Uribe quiere modernizar su país, limpiar Colombia de narcotraficantes y llevarla al siglo XXI. Y para so, claro, no le basta con 4 años. A se vio obligado a reescribir la Constitución una vez y así poder trabajar para su pueblo otra legislatura. Pero no ha sido suficiente: los enemigos son muchos. A la tercera va la vencida, seguro.


En realidad, el señor Uribe gobierna el país más peligroso de Latinoamérica. Su Parlamento está corrupto hasta los tuétanos (incluso lo dice, medio escondido, El País), los paramilitares campan a sus anchas por selvas y ciudades, la manipulación de la información y la sumisión de los medios al poder son absolutas y los sindicalistas son asesinados.

Pero todo esto no importa a la mayoría de los medios españoles. De hecho informan sobre su reelección casi con timidez. Indigna comparar los textos publicados esos días por los escritos sobre el referéndum de Chávez. Indigna recordar que Manuel Zelaya intentó hacer lo mismo que Uribe, que la respuesta que obtuvo fue un golpe de estado y que todos los medios recordaban -casi justificando el golpe- que antes había intentado “perpetuarse en el poder”.

Como siempre, en el fondo es cuestión de dinero. PRISA, REPSOL y Telefónica tienen demasiados intereses en Colombia como para tocar un pelo a su presidente. Em cambio, Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa... son todos unos revolucionarios que pretenden dar a sus ciudadanos lo que es suyo. Y eso, claro, no se puede consentir.

24 agosto 2009

Primer verano audiovisual

Cada uno de mis 10 últimos veranos está marcado por la lectura de un libro o un autor determinado. No es el único que llena las horas de agosto, pero es el que queda en el recuerdo. Algunos de ellos son (por orden cronológico): Los Pilares de la Tierra, 1984, Raymond Carver, Los aires difíciles, Roberto Bolaño, Antagonía, Juan Goytisolo, Tu rostro mañana, La Montaña Mágica.

Este año, durante mis vacaciones, sólo he leído 4 libros. Y ninguno especialmente reseñable. Son libros buenos, pero no pasarán a mi historia particular de la literatura. En lugar de leer, he ocupado la mayor parte del tiempo viendo cine y series. Creo que me estoy volviendo audiovisual.

Cada vez leo menos y veo más películas y series. Me cuesta mucho encontrar un buen autor (ya lo he explicado varias veces aquí) y pocas veces recuerdo los nombres de los personajes durante la lectura del libro (y no es alzheimer precoz).

La razón más sencilla puede ser que he leído mucho en el pasado y, en cambio, no he visto tantas series ni películas (o no tantas buenas, en todo caso).

Parecido me sucede con la música. Antes descubría un grupo nuevo cada semana y ahora casi ni compro discos (tampoco descargo).

De cuando en cuando me entran los remordimientos y me centro en la lectura. Abro un libro, y otro y otro y, por fin, doy con uno bueno. Lo leo feliz, y olvido las angustias anteriores. Me digo que no hay serie alguna comparable con una buena novela y exprimo sus páginas. Al acabar, tengo el mismo problema y me doy a lo audiovisual.

La semana pasada terminé Antonio B. el Ruso. Hasta anoche, que empecé un libro de Martin Amis, he abierto y cerrado 5: Gomorra, Perorata del apestado, Las benévolas, Tormenta de Verano, y Un poco de nostalgia. Es difícil seguir este ritmo.

Si todo va sobre ruedas, este año cursaré un máster de guión de cine. Será mi paso definitivo al lado oscuro de la fuerza.

Aquí mi particular resumen del verano

Libros:

  • Eduardo Galeano - Las venas abiertas de América Latina
  • David Trueba - Saber perder
  • Nathaniel Hawthorne - La letra escarlata
  • Ramiro Pinilla - Antonio B. El Ruso


Películas:


  • Steven Soderbergh - Che 1 y 2
  • José Luis Cuerda - Amanece que no es poco
  • Luis Buñuel - Viridiana
  • Alfonso Cuarón - Children of men
  • Sam Peckinpah - Bring me the head of Alfredo García
  • Jim Jarmusch - Broken flowers
  • Aki Kaurismäki - Lights in the dusk
  • Ventura Pons - La vida abismal
  • Billy Wilder - Some like it hot
  • Víctor Erice - El espíritu de la colmena
  • Mike Nichols - Charlie Wilson's war
  • Danis Tanovic - No man's land
  • Kinji Fukasaku - Battle royale
  • Clint Eastwood - The Bridges of Madison County
  • Sean Penn - All men's king
  • Cristian Mungiu - 4 meses, 3 semanas, 2 días
  • Uli Edel - Der Baader-Meinhof Komplex
  • Billy Wilder - 123
  • Gavin Hood - Tsotsi
  • Billy Wilder - Irma la dulce
  • Liam Neeson - Five minutes of heaven
  • Sam Peckimpah - Wild bunch

31 julio 2009

Hasta luego

He pasado medio julio de vacaciones y otro medio esperando las de agosto. Durante este tiempo me he resistido a poner el cartel de cerrado; pero tampoco he tenido ganas, ni tiempo, de escribir aquí.

Ahora lo cuelgo. Hasta la vuelta.

22 julio 2009

Perpetuarse en el poder (o acudir de nuevo a las urnas)

Cada vez que escucho cierta expresión en los informativos, se me encienden las alarmas. La piel se me eriza, mis dientes chirrían, crece en mi interior el impulso de lanzar el tenedor al televisor y prohibir la entrada del diabólico aparato en mi casa. La odiada expresión es: "X pretende cambiar la constitución para perpetuarse en el poder"

Estas pocas palabras valen para descalificar a cualquier político. No importa su pasado, sus logros, su apoyo popular. Si quiere "perpetuarse en el poder" es un dictador, o un protodictador

Este protodictador siempre es un político de izquierdas, claro. ¿Alguien a oído decir "Álvaro Uribe quiere perpetuarse en el poder"? No, por supuesto. Pero ha hecho lo mismo que intentaba Manuel Zelaya en Honduras; la diferencia es que Uribe es de derechas y amigo de Estados Unidos (aunque tenga vínculos con el narcotráfico, su parlamento esté corrupto hasta la médula y practique el terrorismo de estado). Así que nadie (léase Estados Unidos y Europa) le pone pegas.

Por lo visto, para los medios españoles la ausencia de límites en la reelección es el camino directo hacia la dictadura. Pero olvidan que en Europa no existen tales límites. Que en España la Constitución (tan alabada cuando toca) no establece ninguna traba a la reelección. Felipe González gobernó 13 años; se presentó a las urnas hasta que los ciudadanos le retiraron su confianza. Igual que hicieron Zapatero en 2008 o Aznar en 2000. ¿También son dictadores?

Por lo general, una constitución no nace en circunstancias normales (y el caso nuestro es un buen ejemplo). Nacen de guerras, de golpes de Estado, de derrocamientos de dictaduras... En este contexto, la Carta Magna nunca es inocente. Si nos ponemos a analizar punto por punto el texto legal supremo español, podríamos sacar unas cuantas conclusiones que puede que disgustaran a muchos...

Por ello, en ocasiones los gobiernos están la obligación de cambiarla. ¿O acaso están escritas en sangre de virgen sobre mármol de
Carrara? Reformar la constitución requiere esfuerzo, aunar voluntades, derribar o esquivar escollos.


Es lo que ha ocurrido en Honduras. Manuel Zelaya no quiere "perpetuarse en el poder": quiere presentarse a la reelección.

Pero esto no se puede o no se quiere explicar en un informativo. Es más fácil ventilar el asunto en una frase. Y los espectadores se la creen.

El último ejemplo lo vi este fin de semana en TVE. Recordaban la revolución sandinista y terminaron la pieza diciendo que Daniel Ortega, de nuevo en el gobierno, cambiará la constitución para... Ya saben.

Por la tarde discutí el asunto con un compañero del trabajo. Dijo que aquí nadie se perpetuaba en el poder, y el recordé que había un hombre llamado Juan Carlos que, de hecho, sí ostentaba la jefatura de Estado de por vida. Pero de eso nadie se acuerda. Por cierto que hoy hace 40 años que Franco le nombró sucesor... ¿Será España una dictadura (y no lo sabremos)?

08 julio 2009

Sontag, la vampiresa

Susan Sontag no fue siempre Susan Sontag. Al principio sólo era Susan, una chica que escribía sus sueños y fantasías, sus tristezas y alegrías en unos cuadernos. Pero desde su primera adolescencia puso todo su empeño en serlo. El objetivo era convertirse en una intelectual (“I want to write... I want to live in an intellectual atmosphere”, escribe poco después de emanciparse). Visto lo visto, podemos decir: misión cumplida.

Reborn compila esta etapa de formación, desde los 14 años hasta los 30, cuando publica su primera novela. La primera Susan es una precoz lectora que suscita al mimo tiempo sentimientos de ternura, sonrisas condescendientes e impulsos de darle de bofetadas. Una niña que ya tiene una teoría de gobierno, que escribe listas y listas de los libros que debe leer (no por el placer de leerlos, sino para poder decir “he leído”), y que le gusta acompañar el sexo con música de Prokófiev (“Sex with music! So intellectual!!!”).

Página a página Susan va completando su nombre. Las lecturas se hacen más profundas, la música pasa a un segundo plano y aparece el cine. También cambian las entradas del diario: más complejas, menos explícitas y más reveladoras.

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En 300 páginas, Susan se casa, tiene un hijo, se separa; estudia, viaja, da clases; acepta su homosexualidad, se enamora, se desenamora; lee, escribe, comienza a conocerse. Quizá este último aspecto sea el más importante del libro. Si bien la persona que escribe los diarios aún es sólo Susan, de ellos saldrá Sontag. A medida que Susan analiza sus ideas y comportamientos, los censura y se da instrucciones para el futuro, crea y modela a la respetada intelectual que será.

Para ello tiene que sufrir. Susan sacrifica mucho, pero lo hace a gusto. Es más, nunca esta satisfecha con el trabajo. Si fuera posible, comería menos, dormiría menos, bebería menos... Todo con tal de aprovechar al máximo las posibilidades de la mente y la cultura.

Pero Susan no es una asceta del trabajo. Para ella, el sexo es lo mismo que la música, que el cine, que la literatura: una forma de conocer al otro y de conocerse a sí mismo. Quizá por eso la expresión “make love” y el concepto “orgasm” aparezcan tantas veces. Es parte de su formación. El libro termina con una fase muy reveladora en este aspecto: “Intellectual wanting like sexual wantig”

En su camino, Susan aprende de todos aquellos con los que se cruza. Pero, como ella misma dice, no es un aprendizaje sano. De profesores, familia, amigos, amantes, extrae lo que necesita, y luego los deja de lado. Como los vampiros, chupa la sangre de sus víctimas; y ellas se la dan gustosa, sin saber que, una vez secas, serán inservibles.



Al final del libro, Susan casi ha completado su apellido: tiene una novela escrita y en proceso de publicación, su formación “básica” ya ha terminado, el mundo intelectual la espera. Pero está sola: separada de su familia, de su ex marido, mantiene una relación poco maternal con su hijo y está a punto de abandonar a su última novia.

Ha conseguido lo que quería, pero ha pagado un alto precio. En el siguiente volumen sabremos si mereció la pena y si en su búsqueda de la fama intelectual, encontró también la felicidad.