04 septiembre 2009

Coixet y el síndrome de La Moncloa

El José María Aznar que gobernó entre 1996 y 2000 no es el mismo José María Aznar que desgobernó hasta 2004. El primer Aznar entró casi de puntillas a La Moncloa, cuidando las miradas y comentarios. Hizo su trabajo como mejor creyó, y muchos ciudadanos se sintieron satisfechos con él. Una vez logró la mayoría absoluta, se soltó la melena, dejó de fingir que le importaba lo que decían de él, e hizo lo que realmente quería hacer. Se tomó a sí mismo demasiado en serio; se creyó su papel. Se le subió la fama y el poder a la cabeza.

Cambiemos el mundo de la política por el mundo del cine, cambiemos a José María por Isabel Coixet y tendremos un cuadro preciso de la trayectoria de a cineasta y de las razones por las que su última película es un pretenciosa, aburrida y, En última instancia, vacía.

Isabel Coixet es una cineasta muy personal: en cada una de sus películas podemos encontrar detalles, planos músicas y gestos escogidos por el puro placer de incluirlo en la película. No es algo exclusivo de ella: la obra entera de Tarantino es una excusa para hablar de las películas y canciones que le gustan; Almodóvar cuida mucho lo que lee, ve o escucha sus protagonista.

Pero una película es más que la suma de detalles personales, de guiños al público fiel. Los detalles son detalles, momentos puntuales que relajan al espectador de la trama para que sonría al recordar una música, un gesto, una imagen ya vista anteriormente. Mapa de los sonidos de Tokio no es tanto una película como una suma de detalles.



Coixet se ha creído su papel de artista cool y personalísima, ha olvidado que los espectadoras no fueron a ver La vida secreta de las palabras por la música de Antony and the Johnsons sino por la historia de amor que allí se contaba. En Mapa de los sonidos de Tokio (por cierto, está bien que los títulos sean bonitos, pero hay un límite) prima la música sobre la narración.

¿Qué cuenta, realmente la película? Intenta narrar -no lo logra- la historia de amor entre una asesina a sueldo y el hombre al que debe matar. Es una buena premisa (aunque el final esté claro demasiado pronto). Pero este argumento se ve difuminado y oscurecido por un anciano que, de cuando en cuando, habla en off y da su opinión sobe la chica y su aventura. Un anciano que se dedica a grabar los sonidos de Tokio. Un personaje sin ningún interés y, más aún, innecesario. ¿Quién es? ¿De dónde sale?

Un estorbo más.

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Como lo es Tokio en sí. Isabel Coixet se ha enamorado de la ciudad y quiere que sus espectadores también lo hagan. Para eso salpica -mancha- la película con planos, sonidos y escenas completas sobre el modo de vida japonés (el WC, el modo de comer ramen), sus extrañas costumbres (día del beso, día de la ira) o sus no-lugares (hoteles del amor, karaokes). Como si fuera las notas a pie de página de un ensayo. El protagonista dice en un momento dado que no hay diferencia entre los japoneses y los occidentales. Si no la hay ¿por qué mostrarla en pantalla?

Uno puede viajar a Japón a descubrir los nexos de unión entre las culturas, a comprobar que, efectivamente, la alegría y el llanto son iguales en Osaka que en Zaragoza; o puede ir con el dedo en alto señalando las diferencias y las "rarezas" de sus habitantes. Volverá a casa igual de vacío y lleno de prejuicios que se fue, y cuando hable de su viaje no incitará a sus amigos a ir a Japón. Es lo que sucede con Mapa de los sonidos de Tokio. Se esfuerza tanto en enseñarnos las "peculiaridades" del país que uno sale del cine sin ganas de visitarlo.

Otro estorbo, quizá el mayor, es la imagen. Hay películas maravillosas con planos sencillos y directos (Gran Torino), hay películas soberbias con planos complejos (las últimas de Almodóvar) y hay películas en las que el cineasta llena la pantalla de imágenes tan bonitas que acaban por empalagar. Es el caso de Mapa de los sonidos de Tokio. Está claro que Isabel Coixet sabe grabar planos bonitos, sabe dirigir a su fotógrafo y su cámara; sabe utilizar la música adecuada en el momento preciso. Pero ¿tiene que demostrarlo a cada segundo de la película? No. Definitivamente, no es necesario.

En la Historia de la Literatura existe un movimiento llamado Modernismo. Buscaba la perfección formal, la musicalidad, lo temas exóticos y la sensualidad. Fue un movimiento interesante en sus primeros años, pero terminó siendo un fin en sí mismo. Los modernistas buscaban la perfección y la belleza sólo por el placer de encontrarla. De tan bellos que eran sus poemas, eran insoportables.

Isabel Coixet podría haber caído en la misma trampa.



Su mejor película sigue siendo Cosas que nunca te dije. Una historia de amor con poco presupuesto, actores casi desconocidos y sin pretensiones. Lo demás son añadidos, ruido.

03 septiembre 2009

Repsol dicta la política exterior de España, por Gervasio Sánchez

Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Guinea Ecuatorial, Venezuela, Libia. Desde principios de julio, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos ha recorrido estos países, con grandes reservas petrolíferas y de gas, firmando acuerdos bilaterales y elogiando a regímenes y gobiernos que violan sistemáticamente los derechos humanos.

Antonio Brufau, presidente de Repsol, ya ha conseguido su principal objetivo: dictar la política exterior de España. Aunque no es la primera vez que ocurre en nuestra reciente historia, nunca se había hecho con tanto descaro y proselitismo.

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01 septiembre 2009

El dolor hecho arte

Hay ocasiones en las que sales del cine sin saber si la película te ha gustado o no. Durante el visionado andas más perdido que un pato en un garaje, debatiendo entre la estupefacción y la carcajada. Al terminar -una vez vistos los títulos de crédito:es imposible levantarte de la butaca-, llega la inevitable pregunta: ¿Qué diablos he visto? Sólo pasadas unas horas eres capaz de juzgarla con cierta serenidad y decidir, por fin, si es buena o no.

Me sucedió con El hijo, de los hermanos
Dardenne, o La pianista, de Michael Haneke. Y también con Ánticristo la última creación de Lars von Trier.


Todos hemos oído hablar de ella, y en general, para mal. Pero (don)
Lars se merece una oportunidad. Hay que entrar al cine libre de prejuicios, y dejar que las poderosas imágenes llenen nuestra cabeza de belleza, amor, odio, violencia y horror.

Con todo esto está construida Anticristo. La belleza del prólogo, uno de los inicios más bellos del c
ine reciente; el amor de la mujer hacia su hijo muerto; el odio entre la pareja; la violencia salvaje que practican sin poder evitarlo; y el horror, el horror de saber que la locura no hace excepciones.


Hay que olvidar todo la simbología barata que se ha escrito sobre la película. Pasar por alto también la simbología -no barata, sino innecesaria: un juego del director- que plaga la película. Tampoco el argumento o los diálogos son importantes. Anticristo es arte, la obra de arte de un genio que intenta salir de su locura.

Y el arte se siente, no se analiza. Llega a las entrañas y no deja indiferente.

27 agosto 2009

El amigo colombiano

Estos días, los ciudadanos hemos podido comprobar una vez más la doble e hipócrita moral de los medios de comunicación. Y utilizo la palabra moral por costumbre, pues, salvo excepciones, carecen de ella.

El tema no es especialmente importante para el espectador o lector de periódicos medio. No va a cambiar nada en nuestras vidas. Pero quizá por ello podamos tomar cierta distancia y comparar: cómo son las cosas y cómo nos las presentan.

El congreso de Colombia está a unto de dar el visto bueno a un referéndum por el cual los ciudadanos votaran si quieren que el presidente de la República pueda presentarse a un tercer mandato. Si los colombianos dicen que sí, habría que cambiar la constitución. Nada que objetar por mi parte.

Grosso modo, todas las cartas magnas de América Latina tienen muchos lastres de anteriores gobiernos, en su mayoría autoritarios. Uno de estos lastres es, precisamente, el límite a la reelección (curioso: un dictador redacta una ley para que su sucesor -demócrata en teoría- no pueda gobernar más de 4 años seguidos).

Mis reparos no vienen del hecho en sí, sino de la forma de informar sobre él. Lo decía antes de vacaciones: la mayoría de los gobernantes que intentan cambiar las leyes pretenden “perpetuarse en el poder” (según los medios españoles, claro). Pero Álvaro Uribe no.

El presidente de Colombia es un hombre honrado, decente, un demócrata de toda la vida. ¿Cómo va Uribe, con esa cara de niño bueno que da ser amigo del Imperio, esa sonrisa frnca y esa mano tendida, esa vooz calada que nunca amenaza, sólo cumple; cómo va el bueno de Álvaro, que no se mete ni con Europa, ni pretende revolucionar el continente, ni tienes ideas raras en la cabeza; Uribe, ese liberal de pro, siempre trajeado, cómo va él a querer perpetuarse en el poder? No hombre no.

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Lo que pasa es que Uribe quiere modernizar su país, limpiar Colombia de narcotraficantes y llevarla al siglo XXI. Y para so, claro, no le basta con 4 años. A se vio obligado a reescribir la Constitución una vez y así poder trabajar para su pueblo otra legislatura. Pero no ha sido suficiente: los enemigos son muchos. A la tercera va la vencida, seguro.


En realidad, el señor Uribe gobierna el país más peligroso de Latinoamérica. Su Parlamento está corrupto hasta los tuétanos (incluso lo dice, medio escondido, El País), los paramilitares campan a sus anchas por selvas y ciudades, la manipulación de la información y la sumisión de los medios al poder son absolutas y los sindicalistas son asesinados.

Pero todo esto no importa a la mayoría de los medios españoles. De hecho informan sobre su reelección casi con timidez. Indigna comparar los textos publicados esos días por los escritos sobre el referéndum de Chávez. Indigna recordar que Manuel Zelaya intentó hacer lo mismo que Uribe, que la respuesta que obtuvo fue un golpe de estado y que todos los medios recordaban -casi justificando el golpe- que antes había intentado “perpetuarse en el poder”.

Como siempre, en el fondo es cuestión de dinero. PRISA, REPSOL y Telefónica tienen demasiados intereses en Colombia como para tocar un pelo a su presidente. Em cambio, Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa... son todos unos revolucionarios que pretenden dar a sus ciudadanos lo que es suyo. Y eso, claro, no se puede consentir.

24 agosto 2009

Primer verano audiovisual

Cada uno de mis 10 últimos veranos está marcado por la lectura de un libro o un autor determinado. No es el único que llena las horas de agosto, pero es el que queda en el recuerdo. Algunos de ellos son (por orden cronológico): Los Pilares de la Tierra, 1984, Raymond Carver, Los aires difíciles, Roberto Bolaño, Antagonía, Juan Goytisolo, Tu rostro mañana, La Montaña Mágica.

Este año, durante mis vacaciones, sólo he leído 4 libros. Y ninguno especialmente reseñable. Son libros buenos, pero no pasarán a mi historia particular de la literatura. En lugar de leer, he ocupado la mayor parte del tiempo viendo cine y series. Creo que me estoy volviendo audiovisual.

Cada vez leo menos y veo más películas y series. Me cuesta mucho encontrar un buen autor (ya lo he explicado varias veces aquí) y pocas veces recuerdo los nombres de los personajes durante la lectura del libro (y no es alzheimer precoz).

La razón más sencilla puede ser que he leído mucho en el pasado y, en cambio, no he visto tantas series ni películas (o no tantas buenas, en todo caso).

Parecido me sucede con la música. Antes descubría un grupo nuevo cada semana y ahora casi ni compro discos (tampoco descargo).

De cuando en cuando me entran los remordimientos y me centro en la lectura. Abro un libro, y otro y otro y, por fin, doy con uno bueno. Lo leo feliz, y olvido las angustias anteriores. Me digo que no hay serie alguna comparable con una buena novela y exprimo sus páginas. Al acabar, tengo el mismo problema y me doy a lo audiovisual.

La semana pasada terminé Antonio B. el Ruso. Hasta anoche, que empecé un libro de Martin Amis, he abierto y cerrado 5: Gomorra, Perorata del apestado, Las benévolas, Tormenta de Verano, y Un poco de nostalgia. Es difícil seguir este ritmo.

Si todo va sobre ruedas, este año cursaré un máster de guión de cine. Será mi paso definitivo al lado oscuro de la fuerza.

Aquí mi particular resumen del verano

Libros:

  • Eduardo Galeano - Las venas abiertas de América Latina
  • David Trueba - Saber perder
  • Nathaniel Hawthorne - La letra escarlata
  • Ramiro Pinilla - Antonio B. El Ruso


Películas:


  • Steven Soderbergh - Che 1 y 2
  • José Luis Cuerda - Amanece que no es poco
  • Luis Buñuel - Viridiana
  • Alfonso Cuarón - Children of men
  • Sam Peckinpah - Bring me the head of Alfredo García
  • Jim Jarmusch - Broken flowers
  • Aki Kaurismäki - Lights in the dusk
  • Ventura Pons - La vida abismal
  • Billy Wilder - Some like it hot
  • Víctor Erice - El espíritu de la colmena
  • Mike Nichols - Charlie Wilson's war
  • Danis Tanovic - No man's land
  • Kinji Fukasaku - Battle royale
  • Clint Eastwood - The Bridges of Madison County
  • Sean Penn - All men's king
  • Cristian Mungiu - 4 meses, 3 semanas, 2 días
  • Uli Edel - Der Baader-Meinhof Komplex
  • Billy Wilder - 123
  • Gavin Hood - Tsotsi
  • Billy Wilder - Irma la dulce
  • Liam Neeson - Five minutes of heaven
  • Sam Peckimpah - Wild bunch