En la web de El Mundo hoy se puede ver un anuncio del PP vasco junto a una nota en la que se dice que el PSE está muy molesto, precisamente, con esta campaña publicitaria. ¿Será casualidad?
30 enero 2009
28 enero 2009
Preguntas y respuestas
Dos preguntas destacaron del programa -cada edición más vergonzoso, más innecesario, más dirigido hacia la propaganda- Tengo una pregunta para usted.
Una fue la que hizo un traductor sobre la venta de armas. Pregunta valiente, aunque la actitud beligerante del traductor dio puntos al presidente y a su endeble respuesta. Una acusación así –llamar hipócrita al gobierno- hay que hacerla con datos precisos en la mano y si usar la demagogia. Interrumpir al presidente para preguntar cuántos palestinos han muerto por esas armas es efectista, pero no conduce a nada.
De todas formas, no es justo tomarla con el traductor; se ha ganado el respeto de muchos ciudadanos. La respuesta de Zapatero fue, simplemente, inaceptable. Si nuestra clase política fuera digna de tal nombre retomaría la pregunta, investigaría a fondo, buscaría balas con membrete español en las calles de Gaza y presentaría por escrito una moción en el parlamento para eliminar el comercio de armas (o, al menos, reducir su venta a países inofensivos). Me temo que no va a ocurrir.
La segunda pregunta la hizo Izaskun, una dependienta con síndrome de Down. Sin pretenderlo, demostró que el presidente, Lorenzó Milá y las otras 99 personas que estaban en el plató no tienen la más mínima idea de cómo se debe tratar a un discapacitado psíquico.
Pero vayamos por partes.
Para empezar, la pregunta fue incorrecta por partida doble. Los diputados no son trabajadores normales, ninguna empresa los contrata (aunque podría decirse que lo hacen, metafóricamente, los partidos políticos) y no existe cuota para minusválidos. Así que Izaskun -señal clara de que no la consideraron una participante más: repitieron tanto su nombre que nos acordamos de él: ¿alguien sabe cómo se llamaba el traductor?- no conoce los mecanismos que llevan a una persona al congreso ni los requisitos para optar a un trabajo reservado.
Y la pregunta fue incorrecta en el fondo. No debería haber pronunciado esas palabras en televisión. Ni siquiera debería haberse planteado escribirlas. Como mucho, podría haber intercambiado su pregunta con otro participante. Eso hubiera sido interesante. El traductor preguntando por minusválidos y la discapacitada por morteros y tanques.
Pero no. Se supone que cada uno debe velar “por su interés”: si es inmigrante, preguntar por los inmigrantes, si es gay por los gays, si es ama de casa por las amas de casa... Una forma eficaz de no llegar a la clave, a lo que afecta a todos (esta expresión está corrupta desde que la usa Rajoy, pero no podemos eliminar palabras sólo por que las haya utilizado nuestro enemigo político; de aquí sale otro debate, pero será para otro post).
El día que un minusválido pregunte al presidente sobre las denuncias de Amnistía Internacional, sobre la legalización de la eutanasia, sobre la necesaria reforma de la ley electoral... ese día sí se habrá “integrado” (vaya expresión) en la sociedad.
Mientras, lo único que Izaskun ha conseguido son 2 minutos y 49 segundos de fama, el aplauso de 99 desconocidos, la sonrisa forzada y conmiserativa del presidente del Gobierno y las palabras paternalistas (y qué descarada forma de advertir a Zapatero de la que le venía encima...) del presentador del Telediario 2 de TVE.
De nuevo, quizás he atacado demasiado al ciudadano; voy a por el presidente.
¿Qué forma de hablar es ésa? ¿Por que se acercó tanto? Me recuerda al modo en que un adulto explica la muerte a un niño. Palabras claras, mucho gesto, tono suave. Dice querer integrar a los discapacitados, pero empieza por tratarles de forma bien diferenciada. Curiosa forma de nivelar.
Por cierto, un presidente no pude tolerar que pasen por buenos datos erróneos. Y menos en público. Corrigió datos económicos, pero no la tontería de poner un cupo para el Congreso. ¿Por qué? Por piedad, dirán algunos. Por incompetencia, digo yo. Por no saber tratar a todas las personas por igual.
Dijo Zapatero, “La respuesta es sí”. Si cumple el perfil, podrá trabajar en la Administración. Exquisitamente correcta, pero le faltó firmeza. Dejar claro que en España todos deben tener las mismas oportunidades. Por ley. No porque quede bien en televisión o porque los minusválidos den pena. Con esta respuesta está diciendo a los empresarios, “Poned un retrón en vuestra empresa: luce mucho; y, además, desgrava”. El mensaje no debía haber sido para Izaskun, sino para los empresarios. Debería haber dicho: “Desafortunadamente pocas empresas cumplen con la ley; a partir de ahora, aquellas que no tengan minusválidos en su plantilla y adapten de forma eficaz su puesto y horario a las condiciones del trabajador, (siempre dentro de la operatividad y siempre que exista oferta de trabajadores), serán severamente multados. Así que ellos verán”.
No dijo esto, y se equivocó de principio a fin.
Una puntualización antes de terminar. Una persona con síndrome de Down jamás podrá ser diputado, mucho menos ministro. Es deseable que quienes mandan en este país sean más o menos inteligentes (aunque la frase fácil es que hay mucho estúpido en política). Franklin Delano Roosevelt dirigió Estados Unidos desde una silla de ruedas. No hubiera podido hacerlo con un cromosoma de más. Así de simple.
Una fue la que hizo un traductor sobre la venta de armas. Pregunta valiente, aunque la actitud beligerante del traductor dio puntos al presidente y a su endeble respuesta. Una acusación así –llamar hipócrita al gobierno- hay que hacerla con datos precisos en la mano y si usar la demagogia. Interrumpir al presidente para preguntar cuántos palestinos han muerto por esas armas es efectista, pero no conduce a nada.
De todas formas, no es justo tomarla con el traductor; se ha ganado el respeto de muchos ciudadanos. La respuesta de Zapatero fue, simplemente, inaceptable. Si nuestra clase política fuera digna de tal nombre retomaría la pregunta, investigaría a fondo, buscaría balas con membrete español en las calles de Gaza y presentaría por escrito una moción en el parlamento para eliminar el comercio de armas (o, al menos, reducir su venta a países inofensivos). Me temo que no va a ocurrir.
La segunda pregunta la hizo Izaskun, una dependienta con síndrome de Down. Sin pretenderlo, demostró que el presidente, Lorenzó Milá y las otras 99 personas que estaban en el plató no tienen la más mínima idea de cómo se debe tratar a un discapacitado psíquico.
Pero vayamos por partes.
Para empezar, la pregunta fue incorrecta por partida doble. Los diputados no son trabajadores normales, ninguna empresa los contrata (aunque podría decirse que lo hacen, metafóricamente, los partidos políticos) y no existe cuota para minusválidos. Así que Izaskun -señal clara de que no la consideraron una participante más: repitieron tanto su nombre que nos acordamos de él: ¿alguien sabe cómo se llamaba el traductor?- no conoce los mecanismos que llevan a una persona al congreso ni los requisitos para optar a un trabajo reservado.
Y la pregunta fue incorrecta en el fondo. No debería haber pronunciado esas palabras en televisión. Ni siquiera debería haberse planteado escribirlas. Como mucho, podría haber intercambiado su pregunta con otro participante. Eso hubiera sido interesante. El traductor preguntando por minusválidos y la discapacitada por morteros y tanques.
Pero no. Se supone que cada uno debe velar “por su interés”: si es inmigrante, preguntar por los inmigrantes, si es gay por los gays, si es ama de casa por las amas de casa... Una forma eficaz de no llegar a la clave, a lo que afecta a todos (esta expresión está corrupta desde que la usa Rajoy, pero no podemos eliminar palabras sólo por que las haya utilizado nuestro enemigo político; de aquí sale otro debate, pero será para otro post).
El día que un minusválido pregunte al presidente sobre las denuncias de Amnistía Internacional, sobre la legalización de la eutanasia, sobre la necesaria reforma de la ley electoral... ese día sí se habrá “integrado” (vaya expresión) en la sociedad.
Mientras, lo único que Izaskun ha conseguido son 2 minutos y 49 segundos de fama, el aplauso de 99 desconocidos, la sonrisa forzada y conmiserativa del presidente del Gobierno y las palabras paternalistas (y qué descarada forma de advertir a Zapatero de la que le venía encima...) del presentador del Telediario 2 de TVE.
De nuevo, quizás he atacado demasiado al ciudadano; voy a por el presidente.
¿Qué forma de hablar es ésa? ¿Por que se acercó tanto? Me recuerda al modo en que un adulto explica la muerte a un niño. Palabras claras, mucho gesto, tono suave. Dice querer integrar a los discapacitados, pero empieza por tratarles de forma bien diferenciada. Curiosa forma de nivelar.
Por cierto, un presidente no pude tolerar que pasen por buenos datos erróneos. Y menos en público. Corrigió datos económicos, pero no la tontería de poner un cupo para el Congreso. ¿Por qué? Por piedad, dirán algunos. Por incompetencia, digo yo. Por no saber tratar a todas las personas por igual.
Dijo Zapatero, “La respuesta es sí”. Si cumple el perfil, podrá trabajar en la Administración. Exquisitamente correcta, pero le faltó firmeza. Dejar claro que en España todos deben tener las mismas oportunidades. Por ley. No porque quede bien en televisión o porque los minusválidos den pena. Con esta respuesta está diciendo a los empresarios, “Poned un retrón en vuestra empresa: luce mucho; y, además, desgrava”. El mensaje no debía haber sido para Izaskun, sino para los empresarios. Debería haber dicho: “Desafortunadamente pocas empresas cumplen con la ley; a partir de ahora, aquellas que no tengan minusválidos en su plantilla y adapten de forma eficaz su puesto y horario a las condiciones del trabajador, (siempre dentro de la operatividad y siempre que exista oferta de trabajadores), serán severamente multados. Así que ellos verán”.
No dijo esto, y se equivocó de principio a fin.
Una puntualización antes de terminar. Una persona con síndrome de Down jamás podrá ser diputado, mucho menos ministro. Es deseable que quienes mandan en este país sean más o menos inteligentes (aunque la frase fácil es que hay mucho estúpido en política). Franklin Delano Roosevelt dirigió Estados Unidos desde una silla de ruedas. No hubiera podido hacerlo con un cromosoma de más. Así de simple.
27 enero 2009
Ilustre rockero
Elliott Murphy ha actuado más veces en Zaragoza que en Los Ángeles. Lo dijo anoche, durante su concierto en el Teatro del Mercado. Una frase que sintetiza la trayectoria de este rockero ilustre. Nació hace 60 años en Nueva York, su música se mueve en una zona intermedia entre Bob Dylan, Bruce Springsteen y Lou Reed, ha grabado una treintena de discos, ha escrito 5 libros... Y no lo conoce ni dios.
Viene cada año por España, pero no actúa en el Nou Camp, sin en teatros pequeños y salas de concierto alternativas. Cuando el Boss actúa en París, sube al escenario a tocar un par de temas con él; pero desde hacía más de una década no cantaba en Estados Unidos. Elliott Murphy es un secreto. Una joya escondida.
Ayer, una vez más, se enfrentó al público con la única ayuda de su compañero Olivier Durand. 2 guitarras perfectamente coordinadas que en ocasiones logran reproducir el sonido de una E Street Band. Tampoco hay nadie tras las bambalinas. Olivier coloca el papel con la lista de canciones, Elliott Murphy trae su propia botella de agua y ellos afinan las guitarras y colocan los micrófonos y altavoces. Hace dos años, Durand rompió una cuerda de su guitarra; mientras él mismo la arreglaba, Elliott Murphy cantó Like a Rolling Stone. Y no se le cayeron los anillos.
Pero para ser un buen músico no es suficiente con ser humilde. También hay que saber escribir canciones e interpretarlas con sentimiento y credibilidad. Por supuesto, el señor Murphy lo hace.
Después de dar una lección de rock durante 2 horas, los poco más de 200 asistentes se resistían a dejarles ir. En lugar de terminar con una canción cañera, como es lo habitual, se sentaron en los altavoces, desenchufaron los micrófonos y, con las luces medio encendidas, interpretaron una balada en acústico.
Un par de valientes.
Viene cada año por España, pero no actúa en el Nou Camp, sin en teatros pequeños y salas de concierto alternativas. Cuando el Boss actúa en París, sube al escenario a tocar un par de temas con él; pero desde hacía más de una década no cantaba en Estados Unidos. Elliott Murphy es un secreto. Una joya escondida.
Ayer, una vez más, se enfrentó al público con la única ayuda de su compañero Olivier Durand. 2 guitarras perfectamente coordinadas que en ocasiones logran reproducir el sonido de una E Street Band. Tampoco hay nadie tras las bambalinas. Olivier coloca el papel con la lista de canciones, Elliott Murphy trae su propia botella de agua y ellos afinan las guitarras y colocan los micrófonos y altavoces. Hace dos años, Durand rompió una cuerda de su guitarra; mientras él mismo la arreglaba, Elliott Murphy cantó Like a Rolling Stone. Y no se le cayeron los anillos.
Pero para ser un buen músico no es suficiente con ser humilde. También hay que saber escribir canciones e interpretarlas con sentimiento y credibilidad. Por supuesto, el señor Murphy lo hace.
Después de dar una lección de rock durante 2 horas, los poco más de 200 asistentes se resistían a dejarles ir. En lugar de terminar con una canción cañera, como es lo habitual, se sentaron en los altavoces, desenchufaron los micrófonos y, con las luces medio encendidas, interpretaron una balada en acústico.
Un par de valientes.
23 enero 2009
Lo que queda por leer
Hace unos días, [el ojo fisgón] hablaba de su “sistema” para comprar libros. Según decía, durante un tiempo compraba libros de forma compulsiva; no tenía tiempo para leerlos todos y se agobiaba. Ahora compra sólo los que va a leer de inmediato.
Todo lector serio se ha enfrentado alguna vez a la mítica pregunta de un conocido o un familiar, “¿Has leído todos los libros de tu biblioteca?”. Al principio me daba apuro contestar, realmente compraba muchos libros que luego no me gustaban. Me sentía casi culpable por gastar tanto dinero y por llevarme libros a casa demasiado a la ligera.
Pero lo cierto es que me gusta ver mi habitación llena de libros. Adoro ver cómo crecen y tengo que hacerles hueco. Aunque tenga serios problemas de espacio, sé que nunca renunciaré a comprar libros. Más aún desde que tengo trabajo (y sueldo). En ocasiones compro libros que quiero leer en breve; otras veces compro para el futuro; otras porque me cae bien un autor; otras porque me cae mal; hay veces, debo confesar, que compro porque no me gusta salir de una librería con las manos vacías.
De todas formas, no soportaría haber leído todos los libros que poseo. Ahora mismo acabo de desechar dos que estaba leyendo (uno por aburrido, otro por incomprensible) y cuando publique este post tendré que elegir mi próxima presa. Es un momento excitante y a la vez pesado. Es difícil elegir, pero al mismo tiempo enriquecedor. No lo parece, pero es una decisión importante.
Todo lector serio se ha enfrentado alguna vez a la mítica pregunta de un conocido o un familiar, “¿Has leído todos los libros de tu biblioteca?”. Al principio me daba apuro contestar, realmente compraba muchos libros que luego no me gustaban. Me sentía casi culpable por gastar tanto dinero y por llevarme libros a casa demasiado a la ligera.
Pero lo cierto es que me gusta ver mi habitación llena de libros. Adoro ver cómo crecen y tengo que hacerles hueco. Aunque tenga serios problemas de espacio, sé que nunca renunciaré a comprar libros. Más aún desde que tengo trabajo (y sueldo). En ocasiones compro libros que quiero leer en breve; otras veces compro para el futuro; otras porque me cae bien un autor; otras porque me cae mal; hay veces, debo confesar, que compro porque no me gusta salir de una librería con las manos vacías.
De todas formas, no soportaría haber leído todos los libros que poseo. Ahora mismo acabo de desechar dos que estaba leyendo (uno por aburrido, otro por incomprensible) y cuando publique este post tendré que elegir mi próxima presa. Es un momento excitante y a la vez pesado. Es difícil elegir, pero al mismo tiempo enriquecedor. No lo parece, pero es una decisión importante.
Hace años leí una entrevista con Elias Canetti en la que hablaba sobre este asunto (¿o era un perfil en el que el periodista ponía las palabras en boca del premio Nobel?). La he buscado muchas veces, pero ha sido inútil. Sin embargo, revisando sus Apuntes, he encontrado esta cita que sirve para la ocasión.
Coincido plenamente con sus palabras. Mientras queden libros sin leer, hay futuro.No me arrepiento de esas orgías de libros. Me siento como en la época de la expansión para Masa y poder. También entonces todo sucedió por aventuras con libros. En Viena, cuando no tenía dinero, gastaba todo lo que no tenía en libros. En Londres, en los peores momentos, conseguía, contra viento y marea, comprar de vez en cuando libros. Nunca he aprendido nada sistemáticamente, como otra gente, sino por excitaciones súbitos.
Siempre empezaban con mi mirada caída sobre algo que tenía que poseer fuera como fuera. El gesto de coger, la alegría de tirar el dinero por la ventana, el transportarlo a casa o al local más próximo, el contemplar, acariciar, hojear, el guardarlo durante años, el momento de un nuevo descubrimiento cuando las cosas se ponían serias, todo esto es parte de un proceso creativo cuyos detalles secretos desconozco. Pero en mi caso nada sucede de otro modo, y por lo tanto tendré que comprar libros hasta el último instante de mi vida, sobre todo cuando sé con seguridad que nunca los leeré.
Creo que es también parte de la rebeldía contra la muerte. Nunca quiero saber qué libros entre ésos se quedarán sin leer. Hasta el final no está determinado cuáles van a ser. Tengo libertad de elección, puedo elegir en cualquier momento entre todos los libros de mi alrededor, y por ello tengo en mi mano el curso de la vida.
Escondidos en Brujas
Pequeña gran película.
2 asesinos a sueldo son obligados por su jefe a esconderse en Brujas. Allí pasearán por las calles, beberán cerveza, conocerán a gente extraña... Todo mientras esperan la llamada que les permita volver a Londres.
Nunca me ha gustado Colin Farrell. Aquí está divertido y tierno. Cae bien. Su compañero, Brendan Gleeson, es un actorazo, sobran los elogios. El jefe, Ralph Fiennes, recuerda al sádico nazi que interpretó en La lista de Schindler.
Tiene un cierto regusto a Chocolat. Como si todo pudiera ir mejor y hasta los asesinos a sueldo fueran, al cabo, buena gente.
Lástima que pasase inadvertida.
2 asesinos a sueldo son obligados por su jefe a esconderse en Brujas. Allí pasearán por las calles, beberán cerveza, conocerán a gente extraña... Todo mientras esperan la llamada que les permita volver a Londres.
Nunca me ha gustado Colin Farrell. Aquí está divertido y tierno. Cae bien. Su compañero, Brendan Gleeson, es un actorazo, sobran los elogios. El jefe, Ralph Fiennes, recuerda al sádico nazi que interpretó en La lista de Schindler.
Tiene un cierto regusto a Chocolat. Como si todo pudiera ir mejor y hasta los asesinos a sueldo fueran, al cabo, buena gente.
Lástima que pasase inadvertida.





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