14 septiembre 2009

General Motors vende Opel: algunas reflexiones

1.-
La venta de General Motors a Magna y Sberbank es una mala noticia para los habitantes de Aragón. Unas 9 mil personas trabajan en la factoría, y centenares más ocupan puestos indirectos. Su plan es prescindir de 1.700 empleos. 1.700 personas a la calle. A algunas las prejubilarán (ya tienen edad para ello), otras irán al paro. La alternativa era RHJ: "sólo" quería quitarse de encima a 1.100 trabajadores.

2.-
El Gobierno de Aragón no ha hecho lo necesario por evitar la venta. Tampoco Moncloa ha presionado lo suficiente.

3.-
La noticia no ha tenido la relevancia que le corresponde. Los principales diarios digitales sólo la subieron a portada horas después. tampoco los informativos de las grandes cadenas le prestaron excesiva atención. El viernes, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, la vicepresidenta no sacó el tema a colación. Sólo habló de Figueruelas para rseponder a la periodista de Aragón TV. ¿Será porque General Motors no es importante? ¿Será porque 1.700 parados más no significan nada? No. La razón hay que buscarla más bien en la proverbial de inexistencia de Aragón.

4.-
El gobierno alemán ha jugado bien sus cartas. Angela Merkel es una buena política, que se preocupa por sus ciudadanos. El líder opositor ha felicitado al gobierno por la noticia. Están en campaña y los 2 grandes partidos comparten alegrías y decisiones. Impensable aquí. Spain sigue siendo different.

5.-
Los medios aragoneses han demonizado a Angela Merkel. Es, al parecer, la culpable de que Figueruelas se vaya un poco más a la ruina. En cambio, hubieran querido que Marcelino Iglesias y Zapatero presionaran hasta lograr el acuerdo con RHJ. En realidad, no critican la decisión: tienen envidia.

6.-
Alemania ha prestado 1.500 millones de dólares a GM a cambio de reducir al mínimo el número de trabajadores despedidos. ¿Devolverá la empresa el dinero? Tengo series dudas. Dinero público para salvar puestos de trabajo. Imaginemos que España hubiera hecho lo mismo. Dividamos 1.500 millones de dólares entre 1.700 empleados. Casi 900 mil euros por persona. El sueldo de una vida para muchos. ¿Debería el gobierno de Zapatero haber entregado dinero para reducir los despidos? Las cuentas no salen.

7.-
Las multinacionales son máquinas sedientas de dinero. Van allí donde más puede ganar. en los años 80, General Motors se instaló en Zaragoza porque los salarios eran bajos. España era un país casi recién nacido. Frente a las exigencias de trabajadores estadounidenses o alemanes, nosotros éramos fáciles de tratar. Eramos los fontaneros polacos de los 80.

8.-
Ahora no es así. España ha cambiado. Los salarios han subido y la producción se ha encarecido. Mantener una fábrica no es un rentable.

9.-
General Motors no ha cambiado. Las multinacionales no cambian. El capitalismo no cambia. Si hay un culpable en todo esto, es el capitalismo.


10.-
El capitalismo, una vez más, divide Europa.

04 septiembre 2009

Incompetentes

“La incompetencia suficientemente avanzada es indistinguible de la mala voluntad”.

Visto aquí

Coixet y el síndrome de La Moncloa

El José María Aznar que gobernó entre 1996 y 2000 no es el mismo José María Aznar que desgobernó hasta 2004. El primer Aznar entró casi de puntillas a La Moncloa, cuidando las miradas y comentarios. Hizo su trabajo como mejor creyó, y muchos ciudadanos se sintieron satisfechos con él. Una vez logró la mayoría absoluta, se soltó la melena, dejó de fingir que le importaba lo que decían de él, e hizo lo que realmente quería hacer. Se tomó a sí mismo demasiado en serio; se creyó su papel. Se le subió la fama y el poder a la cabeza.

Cambiemos el mundo de la política por el mundo del cine, cambiemos a José María por Isabel Coixet y tendremos un cuadro preciso de la trayectoria de a cineasta y de las razones por las que su última película es un pretenciosa, aburrida y, En última instancia, vacía.

Isabel Coixet es una cineasta muy personal: en cada una de sus películas podemos encontrar detalles, planos músicas y gestos escogidos por el puro placer de incluirlo en la película. No es algo exclusivo de ella: la obra entera de Tarantino es una excusa para hablar de las películas y canciones que le gustan; Almodóvar cuida mucho lo que lee, ve o escucha sus protagonista.

Pero una película es más que la suma de detalles personales, de guiños al público fiel. Los detalles son detalles, momentos puntuales que relajan al espectador de la trama para que sonría al recordar una música, un gesto, una imagen ya vista anteriormente. Mapa de los sonidos de Tokio no es tanto una película como una suma de detalles.



Coixet se ha creído su papel de artista cool y personalísima, ha olvidado que los espectadoras no fueron a ver La vida secreta de las palabras por la música de Antony and the Johnsons sino por la historia de amor que allí se contaba. En Mapa de los sonidos de Tokio (por cierto, está bien que los títulos sean bonitos, pero hay un límite) prima la música sobre la narración.

¿Qué cuenta, realmente la película? Intenta narrar -no lo logra- la historia de amor entre una asesina a sueldo y el hombre al que debe matar. Es una buena premisa (aunque el final esté claro demasiado pronto). Pero este argumento se ve difuminado y oscurecido por un anciano que, de cuando en cuando, habla en off y da su opinión sobe la chica y su aventura. Un anciano que se dedica a grabar los sonidos de Tokio. Un personaje sin ningún interés y, más aún, innecesario. ¿Quién es? ¿De dónde sale?

Un estorbo más.

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Como lo es Tokio en sí. Isabel Coixet se ha enamorado de la ciudad y quiere que sus espectadores también lo hagan. Para eso salpica -mancha- la película con planos, sonidos y escenas completas sobre el modo de vida japonés (el WC, el modo de comer ramen), sus extrañas costumbres (día del beso, día de la ira) o sus no-lugares (hoteles del amor, karaokes). Como si fuera las notas a pie de página de un ensayo. El protagonista dice en un momento dado que no hay diferencia entre los japoneses y los occidentales. Si no la hay ¿por qué mostrarla en pantalla?

Uno puede viajar a Japón a descubrir los nexos de unión entre las culturas, a comprobar que, efectivamente, la alegría y el llanto son iguales en Osaka que en Zaragoza; o puede ir con el dedo en alto señalando las diferencias y las "rarezas" de sus habitantes. Volverá a casa igual de vacío y lleno de prejuicios que se fue, y cuando hable de su viaje no incitará a sus amigos a ir a Japón. Es lo que sucede con Mapa de los sonidos de Tokio. Se esfuerza tanto en enseñarnos las "peculiaridades" del país que uno sale del cine sin ganas de visitarlo.

Otro estorbo, quizá el mayor, es la imagen. Hay películas maravillosas con planos sencillos y directos (Gran Torino), hay películas soberbias con planos complejos (las últimas de Almodóvar) y hay películas en las que el cineasta llena la pantalla de imágenes tan bonitas que acaban por empalagar. Es el caso de Mapa de los sonidos de Tokio. Está claro que Isabel Coixet sabe grabar planos bonitos, sabe dirigir a su fotógrafo y su cámara; sabe utilizar la música adecuada en el momento preciso. Pero ¿tiene que demostrarlo a cada segundo de la película? No. Definitivamente, no es necesario.

En la Historia de la Literatura existe un movimiento llamado Modernismo. Buscaba la perfección formal, la musicalidad, lo temas exóticos y la sensualidad. Fue un movimiento interesante en sus primeros años, pero terminó siendo un fin en sí mismo. Los modernistas buscaban la perfección y la belleza sólo por el placer de encontrarla. De tan bellos que eran sus poemas, eran insoportables.

Isabel Coixet podría haber caído en la misma trampa.



Su mejor película sigue siendo Cosas que nunca te dije. Una historia de amor con poco presupuesto, actores casi desconocidos y sin pretensiones. Lo demás son añadidos, ruido.

03 septiembre 2009

Repsol dicta la política exterior de España, por Gervasio Sánchez

Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Guinea Ecuatorial, Venezuela, Libia. Desde principios de julio, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos ha recorrido estos países, con grandes reservas petrolíferas y de gas, firmando acuerdos bilaterales y elogiando a regímenes y gobiernos que violan sistemáticamente los derechos humanos.

Antonio Brufau, presidente de Repsol, ya ha conseguido su principal objetivo: dictar la política exterior de España. Aunque no es la primera vez que ocurre en nuestra reciente historia, nunca se había hecho con tanto descaro y proselitismo.

Continúa aquí

01 septiembre 2009

El dolor hecho arte

Hay ocasiones en las que sales del cine sin saber si la película te ha gustado o no. Durante el visionado andas más perdido que un pato en un garaje, debatiendo entre la estupefacción y la carcajada. Al terminar -una vez vistos los títulos de crédito:es imposible levantarte de la butaca-, llega la inevitable pregunta: ¿Qué diablos he visto? Sólo pasadas unas horas eres capaz de juzgarla con cierta serenidad y decidir, por fin, si es buena o no.

Me sucedió con El hijo, de los hermanos
Dardenne, o La pianista, de Michael Haneke. Y también con Ánticristo la última creación de Lars von Trier.


Todos hemos oído hablar de ella, y en general, para mal. Pero (don)
Lars se merece una oportunidad. Hay que entrar al cine libre de prejuicios, y dejar que las poderosas imágenes llenen nuestra cabeza de belleza, amor, odio, violencia y horror.

Con todo esto está construida Anticristo. La belleza del prólogo, uno de los inicios más bellos del c
ine reciente; el amor de la mujer hacia su hijo muerto; el odio entre la pareja; la violencia salvaje que practican sin poder evitarlo; y el horror, el horror de saber que la locura no hace excepciones.


Hay que olvidar todo la simbología barata que se ha escrito sobre la película. Pasar por alto también la simbología -no barata, sino innecesaria: un juego del director- que plaga la película. Tampoco el argumento o los diálogos son importantes. Anticristo es arte, la obra de arte de un genio que intenta salir de su locura.

Y el arte se siente, no se analiza. Llega a las entrañas y no deja indiferente.