05 abril 2008

Biografía literaria / 1

Animado por [el ojo fisgón], inicio una serie de posts en los que trataré de redactar una suerte de "biografía literaria". De alguna forma, la vida de un lector podría contarse a través de los libros que ha leído; de los libros que no ha leído; de aquellos que le marcaron; de los momentos en que conoció la obra de un escritor importante para él; de los periodos de lectura voraz y frenética; de los periodos de ausencia de lectura.

Sin especial orden, comienzo la sección hablando de Quim Monzó. En mi memoria su libro Ochenta y seis cuentos figura como el primer libro de Anagrama que compré por propia voluntad. Sé que es erróneo (reviso mi archivo y compruebo que antes de Monzó ya había comprado y leído todo Raymond Carver), pero la memoria es traicionera. (Todos estos posts son susceptibles, pues, de contener graves o cómicos errores temporales).

Durante un tiempo, Canal+ regalaba a sus clientes una suscripción de 6 meses a El País. Por aquel entonces -año 2001- no conocía las relaciones entre ambos medios. Canal+ era una cadena donde ponían buen cine y algunas series interesantes (amén de las consabidas películas de los viernes por la noche, pero esa es otra historia). El País era un periódico "serio", lo que leían los mayores. A esa edad ya era mayorcito, pero nunca me había acercado a la prensa. Obligaba a mis padres a comprar el Heraldo de Aragón para ver la programación de televisión y la cartelera; cambiaba de canal cuando comenzaba el telediario (eran mucho mejor Los Simpsons) y la radio que escuchaba durante el desayuno era una pequeña tortura que no podía evitar... Las cosas han cambiado (y de qué manera).

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Pues bien, poco a poco comencé a prestar atención a El País. primero fue la sección de Cultura, y después Internacional. Durante los meses que duró la suscripción (y tiempo después, cuando hacía que mis padres compraran el diario cada mañana) fue fue mi única fuente informativa. De algún modo, lo supe algunos años después, El País fue mi escuela alternativa. Lo que en el pasado fue la Iglesia o que para algunos fue el cine o las historias de sus abuelos, fue para mí el diario de PRISA. Co todo lo que eso conlleva. (Ahora, por suerte, soy más abierto; pero leer El País en papel los domingos me sigue produciendo una extraña felicidad).

Un sábado apareció en Babelia una publicidad de Ochenta y seis cuentos. Bajo la portada habría alguna frase de alas que suelen colocar las editoriales para atraer al lector. No recuerdo leer ninguna reseña, aunque supongo que la habría. Yo por entonces ya había leído algún libro de cuentos "básico". Cortázar, Benedetti... Quise probar con Monzó.

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Varios días después me encontraba en un pueblo de la costa. Era Semana Santa. Normalmente suelo encerrarme en una habitación y leer y estudiar como un poseso (lo de estudiar ya lo he dejado; estoy mejor). Aquellas fiestas agoté mis reservas de libros. No hay nada mas angustioso que estar en la playa sin lectura. Es peligroso para la salud.

Me obligaron a salir de casa y fuimos al pueblo con unos amigos de mis padres. Tomamos una cerveza o una coca cola cerca de una librería pequeñita. Como forma de vengarme por haberme sacado de casa pedí a mi padre que me comprase un libro. Accedió.

No tenía ningún título en mente. Necesitaba un libro, sólo eso. Y ahí estaba Quim Monzó. Grueso y amarillo. Prometedor. Leí la contraportada. Lo comparaban, creo recordar, con Rabelais y Kafka. Me sonaban sus nombres, pero no los asociaba con el humor que prometía la editorial. Era caro, quizá 3000 pesetas (y qué raro se hace escribir "pesetas"). Mi padre refunfuñó. "Un autor desconocido y catalán". Sucede igual con la música; puedo escuchar a Bob Dylan, pero si compro un disco de Serrat en catalán se extrañan. Al final cedió.

Lo abrí en la mesa de la terraza, mientras los adultos hablaban. El primer cuento lo tuve que leer dos veces. ¿Qué era eso? Nada parecido a lo de antes. Había humor, sí. Pero también reflexión, inteligencia y humanidad. Terminé el libro en unos 3 días. Y supe que había cruzado una pequeña frontera. Y que no había marcha atrás...

El daño más vil

Todos lo sabemos. O lo intuimos o imaginamos. Podemos intentar convencernos -a veces lo conseguimos- de que son rumores malintencionados, mentiras creadas para debilitar al enemigo -como cuando decían que los comunistas comían niños-; pero hay que asumir la verdad. Estados Unidos tortura.

No descubro nada nuevo. Hace un mes George Bush vetó un proyecto de ley que prohibía el waterboarding (simulación de asfixia). De no existir el veto presidencial, la tortura hoy sería ilegal en Estados Unidos (ahora es legal; Bush la considera "una herramienta vital para detener terroristas").


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Ya digo, nada nuevo bajo el sol. Escribo esto porque en el blog Crónicas de Oriente Próximo hay un post en el que una mujer relata su paso por la cárcel y la tortura. Y me he acordado de la España de los años 40; y de Argentina; y de Chile; y de la Inquisición.

Siempre he pensado que la tortura es el daño más vil que se puede infligir a una persona. Estas -y otras muchas- declaraciones me lo confirman.


Tal como estábamos, descalzas, en camisón y sin velo, nos obligaron a salir de la casa. Nos pusieron sacos en la cabeza y nos ataron las manos con bridas.

Me metieron en una sala donde me preguntaron por mis relaciones con grupos de resistencia. Cuando dije que no tenía ningún trato con ellos me dijeron: "¿Ves a estas dos mujeres? Te van a torturar". Y me pasaron a una sala de seis por tres metros, donde una de ellas me agarró del pelo y me estampó la cabeza contra la pared hasta que casi perdí el sentido. Cuando me desvanecía, me lanzaba agua helada. Yo sólo pedía a Dios que me enviara la muerte.

Llegó otro investigador americano. Les preguntó si había confesado, y al responder que no les dijo que me pegaran más fuerte. Me llevaron a otra celda, donde me agredieron aún más. Cuando dejaban de pegarme me obligaban a estar de pie para que no durmiera.

Me dijeron que era el demonio, que no creía en la Biblia ni en el Corán. Entonces me llevaron de rodillas a otra celda, me arrancaron la ropa y me echaron agua helada. Con una sonda de plástico rellena de madera me golpearon todo el cuerpo, concentrándose en mis huesos, en el cuello y la espalda

Estaba histérica pensando en que pudieran violarla (a mi hija). Sólo pude verla unos segundos. Vestía su camisón y le habían cortado el pelo. Cuando nos separaron, oí un disparo. Me dijeron que la habían matado.

03 abril 2008

Frikinoticia

Una mujer, que quedó desolada tras enterarse del fallecimiento de su esposo, exige una indemnización económica a las prostitutas que lo acompañaron en su infidelidad.

La indignada viuda presentó una demanda en Bélgica reclamando 1,4 millones de euros tras la muerte de su marido en un burdel.


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Realizó la denuncia después de conocer las circunstancias en que falleció su cónyuge, que trabajaba como gerente de una compañía naviera de Amberes.

El empresario sufrió un paro cardíaco mientras se encontraba con dos prostitutas, que lo estimularon con un cóctel de drogas y champán.

La viuda acusa a las dos mujeres de omisión del deber de socorro. Su abogado declaró que la elevada indemnización se calculó basándose en el salario del hombre, de unos 200.000 euros al año.

Vía Purnas

02 abril 2008

Sabias palabras

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Fragmento de una entrevista en 4 partes que ofrce Celda.tv. El discurso del novelista y catedrático de Economía José Luis Sampedro no tiene desperdicio.

01 abril 2008

Frikinoticia

Entierros en directo, funerales en vivo, pago por visión de las incineraciones. En el Reino Unido se ofrece la posibilidad a familiares y amigos del difunto de ver la ceremonia en caso de no poder acudir al último adiós en persona.

Según informa The Guardian, el crematorio de Southampton cobrará 75 libras (95 euros) por este nuevo servicio de retransmisiones 'online' de funerales e incineraciones.

El sistema funciona a través de unas contraseñas que la funeraria concede a los familiares, de manera que éstos son los que ceden estas claves a quienes ellos estimen oportuno, como por ejemplo a los allegados que no pueden trasladarse al sepelio.

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A través de una cámara "discreta", colocada en una de las esquinas de la capilla, se puede observar lo que sucede en la ceremonia. Existe incluso la posibilidad de adquirir un DVD o incluso el archivo de audio con las palabras de homenaje al difunto.

Como siempre en estos casos, ya hay algunos críticos que califican de 'macabra' la retransmisión en vivo de funerales. Algún reverendo ha manifestado sus reticencias a ser grabado mientras oficia una ceremonia. Incluso se ha acusado al consistorio de la ciudad de tratar de hacer negocio con este servicio

Lo cierto es que el negocio de la muerte y la Red llevan años caminando de la mano con ideas más o menos curiosas. Las retransmisiones no son nuevas, y ya desde el año 2000 existían proyectos más o menos arriesgados, como el ya 'fallecido Messinger.com.

Otras iniciativas más convencionales pasan por las condolencias 'online' a través de una portal digital, colgar esquelas en la Red e incluso buscar, a través de la página fallecidos.net, el lugar donde está siendo velado el cadaver, así como saber en qué cementerio se ha enterrado si es que se ha conocido demasiado tarde la noticia de la muerte.